No sabemos si la revolución egipcia es el equivalente árabe a la Caída del Muro de Berlín o sólo hemos presenciado la Revolución de febrero que precede a la Revolución de octubre.

Dice Tariq Ramadan que al “colocarse detrás de Mohamed el Baradei, cabeza visible de quienes se manifiestan contra Mubarak, los líderes de los Hermanos Musulmanes han hecho ver que no es momento de destacarse y plantear exigencias políticas que pudieran asustar a Occidente”. Es el momento de la “prudencia”. Pero según Ramadán la estrategia refleja la debilidad de los Hermanos Musulmanes egipcios debido a su división interna. Hay una nueva generación de jóvenes desligada del yihadismo salafista y el conservadurismo saudí que miran a Turquía, donde conviven la democracia parlamentaria, el crecimiento económico y un partido islamista en el poder.

La voz de Turquía resuena en todo el mundo árabe con gestos como el del primer ministro Recep Tayyip Erdogan en Davos ante Simon Peres mientras sus productos televisivos se cuelan en los hogares, marcando pautas culturales. La democratización y el desarrollo no son necesariamente un camino hacia la integración sumisa en Occidente.

Publicado por Jesús M. Pérez

Analista de seguridad y defensa especializado en la transformación de los conflictos armados.

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