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Nuestra batalla olvidada en Irak


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Jesús M. Pérez

Analista de seguridad y defensa especializado en la transformación de los conflictos armados.


Escrito el 15 de mayo de 2014 a las 14:37 | Clasificado en Oriente Medio

En la última década hubo varios intentos de contar qué pasó el 4 de abril de 2004 en Irak. Ninguno llegó a buen puerto por presiones de terceros.

Soldados españoles en una misión aérea (Fuente: Wikipedia)
Soldados españoles en una misión aérea (Fuente: Wikipedia)

En 2006 Luis Miguel Francisco y Lorenzo Silva publicaron ‘Y al final, la guerra‘, un libro sobre la participación española en la ocupación de Irak tras la caída del régimen de Saddam Hussein. El libro cultivaba un género muy popular en el mundo anglosajón: la narración de una campaña militar reciente o una acción de guerra recopilando testimonios de sus protagonistas. Recientemente los autores han lanzado una nueva edición donde se ahonda en los combates sucedidos el 4 de abril de 2004 en Nayaf, una de las ciudades donde los soldados españoles estaban desplegados. En la última década hubo varios intentos de contar qué pasó aquel día. Ninguno llegó a buen puerto por presiones de terceros.

En el vídeo promocional de la nueva edición del libro, los autores dan una explicación de por qué la violencia estalló en la ciudad de Nayaf aquel día que insiste en la versión que se ha repetido durante años. La cuestión es que los soldados españoles no sólo se vieron en la boca del lobo por culpa de un clamoroso fallo de Inteligencia, sino que parece que ni siquiera con el tiempo y la distancia alguien ha elaborado un relato claro de la cadena de acontecimientos que llevó a la batalla del 4 de abril.

España fue uno de los países que apoyó políticamente la invasión de Irak, pero no hizo ninguna aportación de tropas. El entonces presidente José María Aznar se justificó ante el presidente George W. Bush con el fuerte rechazo de la población española. En las encuestas de entonces, sumando el “algo en contra” y “bastante en contra” el rechazo a la guerra superaba el 90%, el más alto de toda Europa.

Quizás para compensar la falta de compromiso en la guerra, el gobierno español organizó el despliegue de una brigada multinacional que incorporaba tropas de El Salvador, Honduras, República Dominicana y Nicaragua. La Brigada “Plus Ultra” se desplegó en las ciudades de Nayaf y Diwaniya. El ministro de Defensa Federico Trillo, autor del célebre grito “¡Viva Honduras!” delante de tropas de El Salvador, describió la región como “una tranquila zona hortofrutícola”. Nayaf resulta ser la tercera ciudad más sagrada del Islam chiita. Allí se encuentra la tumba de Alí, el cuarto califa, pariente carnal de Mahoma y al que los musulmanes chiitas consideran el primer imán. En la ciudad se encuentra también el mayor cementerio del mundo, en donde la inmensa mayoría de iraquíes chiítas solicitan ser enterrados. La región es un lugar de peregrinaciones multitudinarias.

Las tropas españoles aplicaron con la población local iraquí su empatía y mano izquierda, que tan efectivas había sido en las misiones de paz en los Balcanes. Pero había una diferencia entre ambas misiones que los militares españoles parece no comprendieron: en los Balcanes los españoles se desplegaron como cascos azules amparados por el principio de neutralidad ante las partes, mientras que en Irak los españoles participaban como aliados de la potencia ocupante. Para una parte de la población iraquí eran el enemigo. Precisamente el libro de Francisco y Silva se titula ‘Y al final, la guerra’ en alusión a la sensación de sorpresa ante el estallido de violencia en lo que suponía que era una misión humanitaria de ayuda a la reconstrucción del país.

El ambicioso clérigo Muqtada Al Sadr surgió como un poder en la sombra en la zona de mayoría chiita de Irak. Sus milicias, el Ejército del Mahdi, se financiaron con la extorsión a los comerciantes y la recaudación de las limosnas entregadas en los lugares sagrados del área de operaciones española. La laxitud española permitió que en Nayaf se afianzara un poder paralelo.

En febrero de 2004 los españoles rehusaron las órdenes del mando estadounidense en Irak de desmantelar los tribunales islámicos, que impartían una justicia expeditiva y brutal, para evitar el conflicto. Al Sadr entró pronto en rumbo de colisión con el gobierno de ocupación estadounidense, la Autoridad Provisional de la Coalición. Al Sadr jugaba con el margen de libertades en el Iraq post-Saddam, al incitar al odio sectario sabiendo que podría presentarse como víctima si le censuraban o cerraban sus medios de comunicación. Así fue. El 28 de marzo de 2004 las autoridades de ocupación estadounidense cerraron su periódico Al Hawza por incitación a la violencia. Todas las señales del enfrentamiento que venía estaban claras, tal como contó George Packer en ‘The Assassins’ Gate: America in Iraq‘.

En la noche del 3 de abril de 2004 las fuerzas estadounidense detuvieron en Najaf a Mustafá al Yaqubi, lugarteniente de Muqtada Al Sadr, bajo la acusación, tras una larga investigación criminal, de ser el responsable del asesinato de otro clérigo chiita, destacado opositor de Saddam Hussein y defensor de la concordia nacional. La detención fue la chispa que prendió la revuelta que duró hasta junio de 2004.

Al Sadr sacó sus milicias a la calle en Bagdad y las principales ciudades de mayoría chiita del país. Se lanzaron ataques contras las bases militares extranjeras. El contingente ucraniano, ubicado en Al Kut, sufrió varias bajas en aquella y otra revuelta chiita en octubre de 2004. Al años siguiente Ucrania replegó sus fuerzas. El ataque a la base española en Nayaf no tuvo, por tanto, nada de singular. Sin embargo, la versión española insiste en que la base fue atacada porque el equipo de operaciones especiales que detuvo a Yaqubi iba con uniformes españoles y, según algunos, sus miembros incluso hablaban en español entre ellos. Todo, según esta versión, para culpabilizar a los españoles e implicarlos en la espiral de violencia al que se encaminaba el país.

El ataque comenzó cerca del mediodía, con cientos de iraquíes congregados a las puertas del campamento español, la base “Al Andalus”. Compartía ubicación con un campamento estadounidense, Camp Golf, donde se ubicaba la delegación local de la Autoridad Provisional de la Coalición. En el lugar se encontraba un puñado de contratistas (*) de la empresa Blackwater, policías militares estadounidenses, reservistas de una unidad de transmisiones de la Guardia Nacional de Alabama y soldados salvadoreños.

Algunos soldados salvadoreños pertenecían al Comando Especial Anti-Terrorista (CEAT) y junto con los contratistas de Blackwater escoltaban al representante de la Autoridad Provisional de la Coalición. Los miembros del CEAT eran soldados altamente preparados, aunque por el hecho de no usar uniformes militares cundió la idea en el contingente español que también eran contratistas privados, tal era el grado de desconocimiento de las fuerza hispanoamericana bajo mando español y a cuyos soldados se les llamaba despectivamente “guacamayos”.

Los miembros del Cuerpo de Defensa Civil Iraquí, una de las fuerzas de seguridad local, había desaparecido de la zona dejando el campo abierto para el Ejército del Mahdi. Los ocupantes de los campamentos españoles y estadounidenses estaban rodeados. En la azotea del edificio de Camp Golf lucharon codo con codo contratistas, soldados estadounidenses y soldados salvadoreños. En la mente de todos estaban las imágenes de los contratistas estadounidenses que semanas días antes habían caído en una emboscada al tomar una ruta equivocada en la ciudad de Faluya y cuyos cadáveres mutilados y carbonizados terminaron colgados de un puente.

Cuando las noticias llegaron a Bagdad, Paul Bremer, el “virrey” estadounidense en Irak, envió a Camp Golf a los contratistas de su escolta personal en helicóptero junto con munición. Los pequeños helicópteros MD530 de Blackwater dieron varios viajes de ida y vuelta desde Bagdad, trayendo munición y llevándose heridos. Los contratistas, veteranos de unidades de operaciones especiales, aportaron su aplomo y experiencia, convirtiéndose en los líderes natos de las fuerzas que combatían en la azotea de Camp Golf como si se tratara de el fuerte del Álamo. Gracias a su conocimiento de los protocolos, pudieron dirigir el ataque de un cazabombardero F-16 y varios helicópteros “Apache” que acudieron a proporcionar apoyo aéreo cercano.

En el campamento español, con tropas sometidas a unas reglas de enfrentamiento más estrictas, cundió el caos más absoluto. Francisco y Silva cuentan en su libro que cuando una soldado española, que aquel día se distinguió empuñando una ametralladora MG-3, acudió a recoger algo a los alojamientos, se encontró con su compañera de habitación escondida bajo la cama. La anécdota resume la actitud que tomaron unos y otros soldados españoles aquel día mientras caían balas y proyectiles de mortero.

Las fuerzas armadas estadounidenses y la Autoridad Provisional de la Coalición repartieron condecoraciones, premios y recompensas entre los militares estadounidenses, los contratistas de Blackwater y los soldados salvadoreños por sus acciones en Nayaf aquel y otros días. De la actuación española quedan muchas preguntas sin respuesta que nunca nadie ha podido contestar.

(*) El Artículo 47 del Protocolo I de 1977, adicional al cuarto Convenio de Ginebra establece la definición de “mercenario”. Entre las condiciones, se encuentra el ser nacional de un país ajeno a las partes en conflicto. Por tanto, los ciudadanos estadounidenses contratados por la empresa Blackwater para trabajar en Irak, donde Estados Unidos era una de las partes en conflicto, no pueden ser definidos como “mercenarios”.

Los votantes dicen...
  1. […] sobre los hechos de aquel día, incluída la versión expuesta por Francisco y Silva. Esta semana cuento en Sesión de Control sobre esta batalla olvidada, la circunstancias que llevaron a la revuelta chiita y el papel de los […]

  2. […] que nunca se sabrá qué pasó exactamente el 4 de abril de 2004 en Nayaf (Iraq). Han pasado más de diez años y los recuerdos de muchos se habrán difuminado. Pero sobre todo, […]

  3. […] su papel en la ocupación de Iraq y los francotiradores españoles. De nuevo ha aparecido la batalla del 4 de abril de 2004 en Nayaf, un episodio polémico con muchos puntos oscuros que nunca se ha terminado de contar porque todo […]

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