El tiroteo en Arizona ha desempolvado entre algunos políticos estadounidenses un espíritu rancio más propio del ‘Far West’ de John Wayne que de un país como EEUU, que presume de democracia.

El ataque del sábado 8 de enero causó la muerte a 6 personas e hirió de gravedad a otras 14, entre ellas una congresista. Una circunstancia que ha metido el miedo en el cuerpo a sus colegas que han invocado ya su derecho a llevar pistolas en sus apariciones públicas para, si llegase el caso, «hacer lo que hay que hacer», según palabras del republicano Jason Chaffetz, un conocido aficionado a las armas.

La idea parece haber cuajado en otros parlamentarios que parecen dispuestos a liarse a tiros desde el escenario de un mitin.

No es la primera vez que un chiflado dispara indiscriminadamente contra una muchedumbre en EEUU por los motivos más peregrinos. La policía y los guardaespaldas privados no son infalibles, pero resulta evidente que si un político responde a fuego con más fuego solo multiplica la probabilidad de que alguien más salga herido, incluso un fiel votante.

Publicado por Fernando Mexía

Periodista afincado en EEUU que se gana la vida como corresponsal de lo divino y de lo humano.

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