El país de los políticos austeros


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Pablo Manuel Méndez

Periodista uruguayo. Escribo en Montevideo Portal y Revista Martes . Escribí en Alto Voltaje, Semanario Rumbosur, Crítica de la Argentina y publiqué las investigaciones periodísticas 'Temprana impostura' (2007) y 'En cuanto venga Julio' (2012), ambas de editorial Fin de Siglo.


Escrito el 27 de enero de 2013 a las 21:44 | Clasificado en Uruguay

El presidente uruguayo José Mujica vive en su granja, dona casi todo su sueldo y pasea tranquilo por Montevideo. Como él, otros políticos siguen su estela en un país donde la política es diferente.

José Mujica con su mujer, Lucía Topolansky (Fuente: Wikipedia)
José Mujica con su mujer, Lucía Topolansky (Fuente: Wikipedia)

Todas las mañanas Daniel viaja hasta las afueras de Montevideo para ir a buscar a su casa al presidente Mujica, el primer mandatario deja el mate y se sube al Chevrolet Corsa. Ambos avanzan por los accesos perimetrales de la ciudad hasta el corazón la Ciudad Vieja, donde queda la sede de la Presidencia uruguaya. Desde el piso once de la Torre Ejecutiva, el primer mandatario gobierna y a la nochecita, regresa a su granja.

Mujica tiene un patrimonio de 165.000 euros, constituido con una casa sencilla, con techo a dos aguas, en la zona suburbana de Rincón del Cerro, un Volkswagen Fusca, un Sedan de 1987 y tres tractores que todavía utiliza para el cultivo de flores y hortalizas.

Vive con 900 euros al mes, porque dona el 90% de su sueldo. No es extraño encontrarlo en alguna pizzería del centro de la ciudad comiendo por dos euros la porción, yendo personalmente a la cocina de presidencia a servirse algo para tomar o caminando alegremente por la calle.

En su época de legislador, Mujica llegaba en moto al Palacio Legislativo, haciendo honor a la forma de vida impuesta por el Movimiento de Participación Popular, sector al que perteneció hasta que asumió como presidente. Según esa imposición, los dirigentes del MPP deben vivir con menos de 1.530 euros.

El presidente se instaló en su granja, junto a su esposa , la senadora Lucía Topolansky, a mediados de la década del ’80, luego de 14 años de reclusión en condiciones infrahumanas, sufriendo tortura, escasez de alimento, aire, agua y luz solar.

La granja en la que vive el presidente -y en la que dio alojamiento a otras familias que necesitaban un terreno- apenas fue modificada con una guardia policial compuesta por dos hombres. Comenzó a usar traje en la campaña electoral de 2009, para la que también fue peinado. Cuando le preguntaban cómo se sentía con el nuevo atuendo se comparó a sí mismo con “un paisano” que usa un traje para una fiesta. Pero se siente incómodo con él.

La filosofía de vida de Mujica se centra en la riqueza del tiempo y la libertad. Si bien ha ganado fama de ser el presidente más pobre del mundo, él responde que pobre es el que más necesita. Su austeridad también está sustentada por una idiosincrasia nacional, que desconfía de la legitimidad de todo progreso material y particularmente cuando se trata de una figura política o un empresario de renombre.

Por eso, su forma de vida no es un aspecto que pueda desvincularse del devenir electoral del país, dado que fue una pieza clave para que los uruguayos se decidieran por él en las elecciones de octubre de 2009. Los uruguayos creyeron y creen en la honestidad de Mujica, al punto que en ningún momento si quiera se insinuó la posibilidad de que el presidente se beneficie ilegítimamente o tenga conocimiento de algún caso de corrupción.

Idiosincrasia nacional

Uruguay es un país que desconfía del éxito. Estuvo 60 años celebrando a regañadientes el campeonato del mundo de 1950, por falta de éxitos deportivos ulteriores, hasta que ocurrió el milagro de Sudáfrica 2010. La vestimenta, la forma de hablar y la forma de vivir de Mujica cayó tan bien al electorado uruguayo porque de alguna manera Mujica representaba la posibilidad de superar el formalismo, vencer la distancia entre elegibles y elegidos.

Además, el partido al que pertenece, el Frente Amplio, gozaba de credibilidad y capacidad de gobierno. Las instituciones estaban fuertes, por la firmeza con la que gobernó su antecesor, el expresidente Tabaré Vázquez, y la economía marchaba bien. Uruguay se podía dar el lujo de darle el timón a un vecino, que además de parecerse a miles de uruguayos, era capaz de emocionar con su palabra al público presente, fotógrafos, policías y vendedores de chorizos.

El discurso de Mujica tiene un contenido filosófico bien marcado, anticonsumo, pero a su vez liberal. Su histórico discurso de Río +20 y otro de la campaña electoral  muestran su forma de pensar:

“Yo no quiero imponerle un patrón de vida a los demás. Al fin al cabo es tan hermosa la libertad, que cada cual haga lo que se le cante, así nomás, que cada cual haga lo que se le cante mientras no joda a los otros. Si a uno le gusta un auto así, o querés cambiar el aparato de sonido porque te gusta que la música reviente, o se te antoja pasar las vacaciones en Minnesota, andá, embrómate; yo no tengo nada que ver. (discurso de la campaña electoral de 2009 en Montevideo)

Mis compañeros trabajadores lucharon mucho por las ocho horas de trabajo. Y ahora están consiguiendo las seis horas. Pero el que tiene seis horas se consigue dos trabajos, por lo tanto, trabaja más que antes. ¿Por qué? Porque tiene que pagar una cantidad de cuotas: la moto, el auto, y pague cuotas y cuotas, y cuando se quiere acordar, es un viejo reumático –como yo- al que se le fue la vida. (discurso de Río +20)

Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana? Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana, del amor arriba de la Tierra, de las relaciones humanas, del cuidado a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental (discurso de Río +20)

Otros como él

Si la distinción es un componente fundamental para la construcción de la identidad, Uruguay ha elegido diferenciarse de los argentinos. Uruguay se jacta de no tener farándula propia, de ser humilde y con una democracia madura, donde cualquier persona pública puede caminar por la calle sin ser avasallado.

La verdadera facilidad de ascenso a través de las instituciones políticas en la historia del país hace que exista un nivel muy amplio de “elegibilidad” y hace que la mal llamada ‘clase política’ sea una especie extravagante en comparación con los cánones internacionales.

El antecesor, Tabaré Vázquez, vivió durante todo su periodo de intendente de la capital uruguaya en un modesto apartamento en un barrio de clase media, y cuando fue electo presidente decidió no mudarse a la residencia presidencial y permanecer en su casa que, entonces sí, ya tenía un valor en el mercado inmobiliario es de entre 300.000 y 400.000 dólares.

La actual intendenta de Montevideo, por disposición del Partido Comunista, vive con 500 dólares al mes y viaja en ómnibus a diario para llegar a su trabajo, al igual que el senador Carlos Baraibar, frecuente usuario del transporte público, el exministro de Defensa, Luis Rosadilla, o el canciller Luis Almagro, al que es fácil verlo caminar por el centro de la ciudad en busca de almuerzo.

El actual vicepresidente de la República y ex ministro de Economía, Danilo Astori, vive en una vivienda de clase media alta valuada en 200.000 dólares. Su patrimonio no alcanza los 300.000 dólares y viaja en un Volkswagen Golf del año 2009. El presidente Mujica es el máximo exponente de la austeridad, pero no el único.