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Uruguay: primera boda gay


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Pablo Manuel Méndez

Periodista uruguayo. Escribo en Montevideo Portal y Revista Martes . Escribí en Alto Voltaje, Semanario Rumbosur, Crítica de la Argentina y publiqué las investigaciones periodísticas 'Temprana impostura' (2007) y 'En cuanto venga Julio' (2012), ambas de editorial Fin de Siglo.


Escrito el 12 de agosto de 2013 a las 13:05 | Clasificado en Uruguay

Uruguay habilitó el registro de las primeras parejas homosexuales con intención de casarse, inaugurando la ley de Matrimonio Igualitario aprobada en abril de 2013. También se validó un casamiento realizado en Argentina y se consumó un matrimonio in extremis, en un hospital de la capital uruguaya.

Manifestación en favor del matrimonio homosexual (Fuente: Wikipedia)
Manifestación en favor del matrimonio homosexual (Fuente: Wikipedia)

Esta semana se presentó la primera pareja de homosexuales ante el registro civil uruguayo. A las ocho de la mañana, Rodrigo Borda y Sergio Miranda se anotaron para dar el ‘sí’ ante el Estado: “Es sorprendente y divertido ver la cantidad de apoyo de los medios, sabíamos que no iba a ser privado porque decidimos hacerlo público para ayudar con la visibilidad”, afirmó en la puerta del registro Rodrigo Borda, quien lleva catorce años de relación con su pareja.

“Como persona es la mejor, y como pareja es muy compañero. Somos muy compinches y amigos y tenemos mucho sentido del humor. En todos los horóscopos somos agua y aceite, capaz que por eso nos complementamos tan bien, siempre terminamos encontrando el equilibrio”, comentó Rodrigo al ser consultado sobre su relación.

“Lo estamos celebrando y compartiendo porque esta ley marca que todos tenemos derechos, no hay ciudadanos de primera y segunda, eso es lo que estamos celebrando hoy. Es un mensaje muy importante que está emitiendo Uruguay al mundo”, agregó su pareja a la salida del Registro.

El 16 de agosto la pareja tendrá una fecha concreta para lo que será el primer casamiento homosexual de la historia del país. En América Latina, el matrimonio homosexual está permitido únicamente en Argentina, desde 2010, y Ciudad de México desde 2009.

La segunda inscripción de la jornada fue de una pareja homosexual que pidió el “matrimonio in extremis”, que habilita que se realice primeramente la ceremonia y luego el resto de los trámites, cuando uno de los cónyuges corre riesgo de muerte.

La ceremonia se realizó a las ocho de la mañana en un hospital de Montevideo, donde se encuentra internado uno de los contrayentes, víctima de un cáncer terminal. “Fue muy emotivo”, se limitó a contar la jueza actuante, Luisa Salaberry.

Sobre el mediodía, Omar Salsamendi y Federico Macerattini, que se habían casado en Argentina, concurrieron al registro para ver al posibilidad de validar el casamiento en Uruguay, siendo informados de que la ley indica que su unión queda automáticamente validada por el Estado uruguayo.

Según las encuestas realizadas en los últimos diez años los uruguayos han tenido una lenta pero creciente aceptación del matrimonio homosexual, pasando de entre 39 y 44% de aceptación a mediados de 2005 a entre 52 y 54% a principios de 2013.

Un estudio realizado por la consultora Cifra a fines de 2012 señala que si se toma en cuenta la filiación partidaria, el 62% de los frenteamplistas está de acuerdo con el matrimonio homosexual, mientras que en la oposición de Gobierno la aceptación alcanza el 42%.

En cuanto a la aceptación de la adopción de niños por parte de parejas del mismo sexo, los datos más recientes son los relevados por la consultora Equipos, en agosto de 2009, que señalan que un 53% se opone a la adopción, el 39% respalda y el 8% permanece indeciso.

La historia sobre la ley

Desde la segunda mitad de la década de 2000 ha aumentado la participación en manifestaciones a favor de la diversidad sexual, más que nada por las expectativas que generó en octubre de 2004 la victoria electoral del Frente Amplio, que abría la posibilidad de integrar a los homosexuales en vida institucional del país.

En febrero de 2005 se dio uno de los hechos más simbólicos: el reconocimiento estatal de la existencia de los homosexuales, cuando el intendente de Montevideo, el frenteamplista Mariano Arana, inauguró un monolito en la Plaza de la Diversidad, en reconocimiento a los homosexuales.

En los años siguientes se dieron algunos hechos con amplia repercusión mediática, como un caso de dos adolescentes varones que fueron expulsados de una discoteca por besarse. Las manifestaciones por aquel entonces ampliaron su participación, superando ampliamente a la comunidad gay del país, que se estima en el entorno del 10%.

En setiembre de 2009 se dio un record histórico en la concurrencia a la Marcha de la Diversidad, con 12.000 manifestantes. A partir de ese año, esa movilización anual consolidó su respaldo, contando con el apoyo de varios organismos de Gobierno, partidos políticos, la central de trabajadores y la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay.

En abril de 2011 el legislador oficialista Sebastián Sabini presentó el proyecto de ley sobre Matrimonio Igualitario, que fue estudiado por la Comisión de Legislación y Códigos de la Cámara de Diputados.

En ese ámbito se discutió el texto durante un año y medio, en el que se recibió a diferentes organizaciones no gubernamentales a favor y en contra de la ley, además de abordar la discusión técnica sobre si se necesitaba una nueva institucionalidad legal o si la hasta entonces vigente figura legal de matrimonio podía sostener la unión entre personas del mismo sexo.

En diciembre de 2012, la Comisión aprobó por ocho votos a uno el proyecto de ley, contando con el apoyo del opositor Partido Colorado. Dos semanas más tarde, cuando la iniciativa fue tratada por el plenario de la Cámara de Diputados, se sumaron varios legisladores de oposición, por lo que la ley terminó siendo respaldada por 70 de los 84 legisladores presentes, oponiéndose principalmente en ala más conservadora del Partido Nacional.

En abril de 2013, el Senado discutió el proyecto desde la Comisión de Legislación, donde se realizaron algunos cambios que permitieron ampliar las mayorías, como el aumento de la edad para casarse -de 14 en el caso de los hombres y 12 en las mujeres, a 16 años para ambos sexos-.

La discusión más fuerte en el Senado estuvo vinculada a la habilitación a las parejas homosexuales para adoptar hijos, aspecto que fue rechazado por el Partido Nacional por considerar que no estaban claros los efectos sobre la educación y el crecimiento del niño adoptado, además de acusar al oficialismo de poner los derechos del niño por debajo del derecho de los padres.

Si bien la posibilidad de que dos personas del mismo sexo adopten un niño había sido habilitada en setiembre de 2009, con la aprobación de la ley 18.590, la ley de Matrimonio Igualitario reeditó la discusión e integró en sus artículos disposiciones al respecto. A la hora de votar, el Senado contó con 23 votos de los 31 senadores que integran la Cámara, teniendo la oposición de siete legisladores del Partido Nacional y uno del Partido Colorado.

El Poder Ejecutivo promulgó la ley en mayo de este año, luego de un proceso de correcciones que estaban vinculadas a los términos utilizados para la relación filial, de manera de no entrar en contradicciones con otros proyectores relacionados, como el de Reproducción Asistida y la Ley de Adopciones, que están siendo estudiados por el Congreso. Al cumplirse los 90 días de esa reglamentación, el registro civil recibió este lunes a los primeros interesados en unirse en matrimonio.

La posición de la Iglesia

Durante el proceso de discusión del Matrimonio Igualitario la Iglesia expresó su firme oposición al proyecto, calificando el matrimonio gay como algo “antinatural”, e incluso se llegó a considerar la excomulgación de los legisladores que aprobasen la medida, lo que después no se concretó.

Para el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno, la ley hace que “un bien fundamental de la persona humana, en este caso de la familia, quede oscurecido y puesto entre paréntesis”.

En una posición más abierta se expresó el obispo de Salto, Pablo Galimberti, que reclamó que se de a la unión entre homosexuales otro marco jurídico: “Demos a las parejas de varón y mujer los derechos que les corresponden, entre ellos, el de llamarse con toda propiedad matrimonio. Y demos a las uniones homosexuales un nombre distinto, por ejemplo compañeros permanentes o como sea”, señaló en declaraciones realizadas al diario El País, cuando estaba culminando la discusión legislativa.

En el otro extremo se manifestó el obispo de la ciudad de Minas, Jaime Fuentes, quien aseguró que en una carta abierta que “equiparar esta clase de uniones al matrimonio sería una grave discriminación hacia el hombre y la mujer casados, puesto que éste lleva consigo una serie de obligaciones y derechos mutuos que no se dan en otra clase de uniones”.

Fuentes también se manifestó en contra de la adopción: “Los niños tienen derecho a tener un padre y una madre, naturales o adoptivos, para crecer como personas. Está más que demostrado que no puede suplirse esta necesidad por los cuidados que puedan darle dos hombres o dos mujeres”. Y en ese sentido afirmó en una misiva publicada en abril de 2013 que “el artículo 40 de nuestra Constitución es muy claro: la familia es la base de la sociedad. Y el concepto de familia no se puede cambiar con votos”.

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