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“Bullying” gubernamental


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Justo Morao

Máster en Ciencia Política. Docente e Investigador especializado en Publicidad Electoral. Productor audiovisual de spots y música electoral.


Escrito el 20 de mayo de 2013 a las 9:15 | Clasificado en Venezuela

El gobierno venezolano ha recurrido a métodos sonoros en su propaganda política para intentar perjudicar la imagen de la oposición, la cual exige una respuesta satisfactoria con respecto a sus denuncias sobre un gran fraude electoral.

Algunos de los diputados agredidos en la Asamblea Nacional de Venezuela.
Algunos de los diputados agredidos en la Asamblea Nacional de Venezuela.

Desde la década de los treinta, con el desarrollo tecnológico en el campo de la filmación y la grabación de audio, la cinematografía se ha valido del mundo de las sonoridades para crear efectos y acentuar aún más las emociones que han deseado transmitir los creadores de historias, los directores y hasta los mismos actores.

En la gran pantalla, escuchar una simple melodía ejecutada por un violín solitario en medio de un paisaje desolado puede comunicarnos nostalgia o melancolía. Es decir, la música junto con los diálogos de los personajes y otros elementos sonoros, es adoptada por la imagen para crear, en conjunto, estados de ánimo y duplicar así la sensibilidad de la audiencia.

En tiempos modernos, se continúa con el uso de esta fórmula sonora al punto de hacerse  indispensable no sólo en el ya avanzado mundo del cine, sino también en la televisión y en el recién formado universo de internet. El elemento sonoro como acompañante de imágenes ha tenido presencia tanto en el drama y la comedia como también en el documental investigativo y la publicidad. Al respecto, el renombrado director de cine George Lucas ha declarado que el sonido equivale al cincuenta por ciento de una escena de acción en una película.

Veremos a continuación el intento del gobierno venezolano de utilizar las técnicas sonoras para desviar la atención, discriminar y desacreditar a la oposición en diversos aspectos.

Conflicto post-electoral

Tras una serie de hechos polémicos suscitados en Venezuela, luego de una fugaz y desgastante campaña electoral a semanas del fallecimiento del presidente titular Hugo Chávez, el órgano electoral ha proclamado a Nicolás Maduro como nuevo presidente del país por una ventaja electoral mínima sobre su contrincante Henrique Capriles Radonski.

En un clima de rumores de fraude que ponen en entredicho la actuación del órgano electoral, aunado a la presión ejercida por diversos sectores de la población que representan la otra mitad de los votantes que consideran ilegítima tal proclamación y que piden una revisión exhaustiva del proceso electoral, el gobierno, en lugar de esforzarse en aclarar las dudas sobre tales hechos, ha resuelto contraatacar con una campaña de descrédito y demonización con la intención de minimizar el efecto y las consecuencias que ha desatado la discusión del tema por parte de la oposición en el seno de la Asamblea Nacional; actitud que levanta aún más sospechas.

Asimismo, el presidente de la Asamblea, perteneciente al oficialismo, ha ordenado suspender de sus cargos en comisiones importantes a algunos de los que reclaman, aún teniendo el derecho legítimo para hacerlo en cumplimiento del mandato de representación, como también a suspenderles sus sueldos y mantenerlos ignorados.

El gran detonante ha sido una de las protestas de la oposición realizada con pancartas, silbatos, cornetines de aire comprimido y otras baratijas con la idea de producir bastante ruido, para reafirmar simbólicamente su presencia en el parlamento, hecho que generó un fuerte enfrentamiento físico entre los dos bandos en el que salieron muy mal heridos algunos parlamentarios opositores. Tales imágenes dieron la vuelta al mundo y dejaron una pésima impresión del actual gobierno y de las instituciones democráticas en Venezuela.

Por su parte, el gobierno, sin tener razones contundentes para explicar y justificar tal golpiza, persiste en la idea de destruir la imagen y las acciones de la oposición fomentado abiertamente la difamación y la discriminación a través de la programación regular de los medios de comunicación manejados por el Estado, alterando en ocasiones las declaraciones del candidato opositor, incriminándolo, editando sus palabras y colocándolas en contextos diferentes, como también asociando a sus otros voceros y representantes con hechos violentos y delictuales o vinculándolos con prácticas indecorosas, todo esto con la finalidad de inducir a la audiencia a formarse opiniones negativas sobre ellos y desviar la atención sobre la causa de su protesta.

El vídeo incriminatorio

Recientemente, el gobierno, a través de artimañas comunicacionales, ha pretendido hacer lucir como delictual la preparación de la protesta de la oposición en la Asamblea Nacional, previa a la tremenda golpiza que recibieron, queriendo hacer ver como si llevar silbatos y pancartas al hemiciclo de la Asamblea Nacional fuera parte de una estrategia terrorista. Todo esto tiene el propósito de voltear la responsabilidad de los hechos para que la audiencia justifique de algún modo el ataque a los parlamentarios opositores como un merecido escarmiento por su conducta.

La técnica cinematográfica que utiliza música de suspenso, en tonalidades menores con algunos elementos atonales, generalmente tienden a causar pánico. Es decir, su intención es producir un efecto caótico para así generar rechazo inconsciente en la mente del receptor sobre las imágenes y sus posibles mensajes.

En la “mini-producción del Estado”, difundida a través de una cadena nacional de radio y televisión, se ha podido observar la indudable intención de producir daño a la oposición y aplastar su imagen, y al mismo tiempo, poner en tela de juicio acciones que no comportan delito alguno. El ‘soundtrack’ que han utilizado en dicha secuencia pertenece al videojuego “Call of Duty 4: Modern Warfare”, el que ha sido catalogado como una clase de “juego bélico” por el mismo gobierno, que, precisamente, hace esfuerzos por tipificar estos videojuegos como “generadores de violencia social” en una ley que está siendo objeto de estudio en la misma Asamblea Nacional para sancionarlos y vetarlos en el país. Por tanto, lo sucedido representa una gran contradicción.

La presentación de imágenes que veremos a continuación, de conversaciones entre diputados de la oposición, preparando sus pancartas y silbatos a la espera del momento indicado, no se corresponden con el ánimo de suspense y terror de la música que malintencionadamente le ha superpuesto el gobierno con el objeto de producir daño; y al no ser explicadas, sino mostradas al azar sin tener vinculación rítmica con la acción musical, pues, dejaron sin efecto cualquier pretensión de perjudicarlos, más aún, el público que mantenía la radio encendida durante la transmisión no le encontró sentido escuchar solo música de suspenso cuando al anuncio de una cadena nacional esperaban información oficial.

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