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Ciudades brutas


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Carmen Beatriz Fernández

Venezolana, urbanista (USB) con máster en Administración de Empresas (IESA) y en Campañas Electorales (University of Florida). Desde 1997 dirige DataStrategia y coordina el portal político iberoamericano e-lecciones.net


Escrito el 21 de junio de 2013 a las 9:36 | Clasificado en Venezuela

Las ciudades venezolanas no se están dejando ayudar por la tecnología para hacer frente a problemas como la pobreza y la inseguridad.

Vista del centro de Caracas. (Wikipedia)
Vista del centro de Caracas. (Wikipedia)

En la discusión contemporánea sobre los temas urbanos se impone con intensidad el concepto de Ciudad Inteligente. Su noción involucra a una ciudad que aprende de sí misma y usa la tecnología para mejorar la calidad de vida del ciudadano. La inteligencia artificial facilita trabajar sobre sistemas complejos, como el urbano, y ello puede ayudar a fomentar el desarrollo económico sostenible y elevar la calidad de vida, con una sabia gestión de los recursos naturales, y la amplia participación ciudadana.

Sin embargo, hoy, cuando estamos en puertas de un proceso electoral de escala local, que renovará a las autoridades políticas de las más de 300 alcaldías del país, poco se discuten estos temas. Las ciudades venezolanas, y en particular Caracas, han sido epicentro de la pugna política nacional, condición que ha limitado la capacidad de abordar sus problemas con objetividad y de manera geográficamente integrada. Mientras las ciudades del hemisferio han ido progresivamente mejorando, las ciudades venezolanas se han quedado estancadas en una estéril diatriba pugnaz que muy pocos problemas resuelve.

Nuestras ciudades son brutas. Y no sólo porque poco se haya incorporado en su gestión la inteligencia artificial, sino porque la brutalidad es cotidiana y la violencia se explaya contra los ciudadanos en todos los aspectos de la vida urbana cotidiana: desde el crimen hasta el tráfico.

Hace ya una década que en la Cumbre global de Johanesburgo se identificaron como los problemas más acuciantes de las ciudades del Siglo XXI los de la pobreza crítica, la inseguridad, la movilidad (Tránsito) y los problemas ambientales. Las ciudades venezolanas no escapan de sufrirlos todos, quizás hasta con mayor intensidad que otras urbes del planeta. Ante esto hay una noticia buena y otra mala: la buena es que la tecnología viene facilitando cada vez más el abordaje de estos problemas, la mala es que en Venezuela estamos haciendo muy poco por dejarnos ayudar por la tecnología.

Las ciudades inteligentes son ciudades que enseñan y ponen todos sus empeños en lograr masividad. La masificación del Internet es clave para construir una ciudad más justa, más igualitaria y más integrada socialmente. Abordar un programa de modernización de una ciudad, o de su administración pública local, implica tener requerimientos técnicos importantes, capacidad presupuestaria, infraestructura digital disponible y demandas ciudadanas en torno al particular.

Pero lo fundamental es, sin duda, el contar con la decisión y el compromiso político por parte de las autoridades electas. Con este compromiso todos los obstáculos serán salvables. Las venideras elecciones del 8 de diciembre representan una oportunidad para crear un sistema de ciudades inteligentes en Venezuela.

Las redes y las plataformas digitales son indispensables en la Ciudad 2.0. Pero las redes no pueden hacer magia. Las redes son, y siempre serán, instrumentos al servicio de una estrategia, bien como un complemento importante en la imagen de la ciudad y sus capacidades de informar a la ciudadanía, como elementos poderosos para destrabar una administración pública municipal inoperante o engorrosa, o bien como instrumento de empoderamiento ciudadano y de fortalecimiento de la democracia local.

La tecnología y la apertura pública de los datos urbanos tienen el potencial de mejorar la capacidad de servir al ciudadano desde las administraciones municipales, así como mejorar la democracia municipal y, fundamentalmente, la calidad de vida del habitante urbano.

Está todo por hacer, y parafraseando a aquel Canciller autríaco: “La guerra es algo demasiado serio como para dejárselo sólo a los generales…”. Y la ciudad 2.0 es también algo demasiado serio como para dejársela hacer sólo a los políticos y los ingenieros.

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