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Encuestas, engaños y valores


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Carmen Beatriz Fernández

Venezolana, urbanista (USB) con máster en Administración de Empresas (IESA) y en Campañas Electorales (University of Florida). Desde 1997 dirige DataStrategia y coordina el portal político iberoamericano e-lecciones.net


Escrito el 5 de abril de 2013 a las 11:24 | Clasificado en Venezuela

Nicolás Maduro, a quien Hugo Chávez designó como heredero, parte con ventaja en las elecciones, pese a que Henrique Capriles, líder opositor, va recortando cada día distancias con su campaña de denuncia de los engaños gubernamentales.

Nicolás Maduro, presidente de Venezuela (Fuente: Flickr Hugo Chávez)
Nicolás Maduro, presidente de Venezuela (Fuente: Flickr Hugo Chávez)

La más breve campaña de la historia electoral de Venezuela está en marcha, con sólo 10 días de duración, cuenta con el fantasma de Chávez como protagonista. La muerte presidencial generó una importante conmoción en la vida nacional como correspondía a quien fuera actor omnipresente del país durante quince años. El cronograma electoral coincide con el luto, una ola emocional de alto impacto que la campaña electoral de Nicolás Maduro busca surfear. La estrategia del oficialismo es muy sencilla: Maduro es legítimo heredero de Chavez y exige se cumpla su testamento político. Sólo eso. Sencillo y poderoso, sobre todo cuando se cruza con la fuerza del petro-estado a favor de su campaña electoral.

Tras su fallecimiento hace un mes escaso, con una agenda pública totalmente secuestrada por la muerte del líder y unas elaboradas pompas fúnebres de escala global, las encuestas sugerían que el mejor candidato opositor perdería la elección con no menos de 20 puntos de distancia. Ello lo sabía, mejor que nadie, Henrique Capriles, un informado lector de encuestas, pero en una actitud valerosa que le honra Henrique decidió ser Político.

Hay políticos y Políticos. Mientras que los políticos siguen a la opinión pública, los Políticos la lideran. Los políticos tienen encuestas, los Políticos tienen convicciones. Durante demasiado tiempo en la oposición venezolana nuestros políticos hacían lo que sugerían las encuestas, sin atreverse a contrariarlas. Capriles aceptó la nominación de la unidad opositora manejando una importante idea-fuerza, que le impuso una dimensión épica y ética a su contienda, su exigencia de imponer la verdad frente al engaño. Toda política es moral, afirma el filólogo George Lakoff a manera de axioma. Y la aspiración a la verdad es una discusión profundamente ética.

Los manejos de la comunicación oficial durante los últimos meses de la enfermedad de Chávez estuvieron plagados de inexactitudes y contradicciones. Dos terceras partes del país cree que el gobierno no informó con la verdad durante las últimas semanas del Presidente Chávez, ello incluye a parte importante del chavismo. Capriles busca partir de ese consenso y tratar de convertir en un boomerang hacia Maduro los excesos en la manipulación emocional.

No es la búsqueda de la verdad, en añadidura, un tema inasible y desconectado de los problemas cotidianos. Maduro, como encargado de la presidencia, realizó una devaluación cambiaria de gran magnitud y consecuencias tangibles en el costo de la vida. Como si fuera poco, lo hizo afirmando que era Chávez quien habría ordenado y planificado la devaluación, desde el que luego se sabría era su lecho mortuorio. Si Maduro mintió, entonces no hay razones para suponer que no siga mintiendo.

El eje discursivo de la mentira contra la verdad es potente porque toca directamente varios elementos fundamentales de toda contienda electoral: 1. los valores, pues cada tema de política pública es en el fondo una discusión ética, 2. la conexión de los valores con la vida cotidiana del elector, 3. la autenticidad del mensaje, o su credibilidad, 4. la confianza en el candidato, vinculada al punto anterior y 5. la identificación con el mensajero (que en buena medida se deriva de los puntos anteriores).

Por otro lado los contenidos discursivos de Maduro en la campaña vienen mostrando una banalización acelerada de la revolución. Chávez tenía densidad aunque la matizaba con buena capacidad de trasmisión. En lo que hemos visto hasta ahora en Maduro no hay densidad alguna (los Bigotes 2.0, el chapulín colorado, las bailantas de la obsesión de Nicolás, las incursiones de Winston Valenilla y demás de la farándula para culminar con “el pajarito que se le apareció como el espíritu de Chavez”). Además de trivializar la revolución a toda velocidad, muchas de estas fórmulas “ligeras” contravienen el sentir luctuoso del chavismo.

Este proceso electoral es muy singular, entre otras cosas porque la campaña dura casi tanto como las exequias del expresidente. Sin embargo la crisis económica en puertas amenaza con interrumpir la sensación de relativo bienestar del venezolano. Aún cuando la agenda pública esté signada por la muerte de Chávez,  los problemas reales (económicos y de inseguridad) son tan apremiantes que podrían aflorar y estropear el cuidadoso cálculo con que el oficialismo planificó el cronograma electoral. El gobierno de Maduro pierde apoyo a un vertiginoso ritmo de cinco puntos semanales, y una reciente encuesta encargada por la petrolera estatal PDVSA cuenta que sólo 7 puntos de distancia le favorecen.  Aún así, Maduro tiene a su favor que la campaña es muy breve…

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