Muros construidos y derribados


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Carmen Beatriz Fernández

Venezolana, urbanista (USB) con máster en Administración de Empresas (IESA) y en Campañas Electorales (University of Florida). Desde 1997 dirige DataStrategia y coordina el portal político iberoamericano e-lecciones.net


Escrito el 10 de febrero de 2014 a las 8:00 | Clasificado en Venezuela

Como en Berlín, en Venezuela nos construyeron un muro. Un muro invisible, sin ladrillos ni cemento, no por ello menos real. Hoy vemos opresión creciente del régimen de libertades, también represión, crimen desbordado, escasez e inminente colapso económico.

Calles de Venezuela (Flickr)
Calles de Venezuela (Flickr)

Hace unos años viajé a Berlín y me detuve con fascinación masoquista en los restos del Muro, inventariando las bajas que intentaron saltarlo. Se construyó años después del fin de la segunda Guerra Mundial, cuando ya eran más que evidentes los éxitos de un modelo de desarrollo frente a los fracasos del otro, y el Muro trataba de contener la emigración masiva de la Alemania del Este a la Alemania del Oeste.

Cientos de personas murieron tratando de atravesar el muro de Berlín: trataban de saltar de oriente a occidente, nunca al revés. Como en una cartelera de la vergüenza, el Muro exhibe hoy un memorial con sus nombres y fechas. Las víctimas eran casi todas muy jóvenes. Debían serlo, pues hacía falta fuerza física y arrojo juvenil para esa aventura. Las últimas víctimas del Muro buscaron saltarlo a pocos meses de que cayera. Christian, el ultimo masacrado, tendría hoy poco más de 40 años. No supo anticipar que en apenas unos meses podría libremente cruzar la ciudad andando. Nadie hubiera podido.

Los humanos tenemos graves problemas para predecir el futuro de las dinámicas sociales. “Si alguien el 15 de enero de 1958 me hubiera dicho que el día 23 se iba, Pérez Jiménez hubiera pensado que estaba loco” cuenta el aguerrido luchador histórico Pompeyo Márquez.

Y el muro de Berlín no era sólo físico. Había también un muro ideológico que impedía ver la realidad con claridad. A los alemanes del Este se les dijo que el Muro protegía a la población de elementos fascistas que conspiraban para evitar la voluntad popular de construir un Estado socialista, y así se le denominaba oficialmente «Muro de Protección Antifascista». Aquel país opresivo, que espiaba a sus ciudadanos y les impedía desarrollar sus libertades creadoras se autodenominaba República “Democrática” Alemana. Las palabras moldeaban el muro de las ideas. Pero la realidad era cada vez más clara, cada vez más personas lo entendían: bastaba elevarse un poco sobre el muro para ver desarrollo, progreso, democracia, hermandad y libertad.

Como en Berlín, en Venezuela nos construyeron un muro. Un muro invisible, sin ladrillos ni cemento, no por ello menos real. Hoy vemos opresión creciente del régimen de libertades, también represión, crimen desbordado, escasez e inminente colapso económico. Es fácil ser apocalíptico con este presente. Cualquier tendencia lineal indica un profundo abismo. Pero el futuro no se deriva de la proyección de tendencias lineales.

Un estado de desaliento generalizado cubre hoy al país. El desaliento puede impedirnos ver la oportunidad del colapso de nuestro muro… En Venezuela hay 15 protestas diarias, probablemente más que en ningún otro país del mundo. Protestan en Caucagua porque se cayó un puente, protestan en el barrio el Carpintero porque una bala perdida asesinó a una niña, protestan en Villa de Cura porque exigen viviendas dignas. Todas esa protestas tienen un culpable: un sistema que implosiona. Un modelo anacrónico, fracasado e improductivo, que fracasó en todos los lugares del mundo donde se quiso imponer, y que se estableció en Venezuela con la holgura de las arcas del petroestado.

En Caucagua, Villa de Cura y El Carpintero creen que protestan por asuntos distintos. Algunos de los protestantes tienen aún un muro de ideas que les impide ver la realidad de un modelo que colapsó. Es tarea del liderazgo hacérselo entender y liberarles de su muro personal. No se trata de convocar a la protesta, se trata de acompañarla… Cuando en lo político nos dejamos llevar por la visión apocalíptica suele ser porque nos rendimos. Nos sentimos incapaces de modelar el futuro.

Hoy Berlin es una magnífica ciudad que se ha reconstruido e integrado con modernidad, con planificación y con arquitectura, pero también con sentimiento, empeño, memoria y generosidad. La generosidad de llevar el progreso allí donde no lo había, integrándose en un solo abrazo urbano. Visitar Berlín es admirar la resilencia de una ciudad que se sobrepuso a las peores adversidades y a los infiernos más profundos, para erigirse orgullosa de su presente y avergonzada de su pasado.

Nunca antes había sido tan importante la unidad del país, derrumbando los muros que nos separan y reforzando la unidad del liderazgo alternativo.