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Rockstar electoral


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Justo Morao

Máster en Ciencia Política. Docente e Investigador especializado en Publicidad Electoral. Productor audiovisual de spots y música electoral.


Escrito el 18 de febrero de 2013 a las 16:27 | Clasificado en EEUU, Latinoamérica, Venezuela

Las campañas electorales estadounidenses influyeron de forma decisiva en la forma de ‘vender’ la política en Latinoamérica. La puerta de entrada de los ‘jingles’ fue una de las campañas más caras que ha tenido nunca Venezuela: la de Carlos Andrés Pérez en 1973.

Carlos Andrés Pérez, durante la campaña venezolana de 1973 (Fuente: Wikipedia)
Carlos Andrés Pérez, durante la campaña venezolana de 1973 (Fuente: Wikipedia)

La campaña electoral de Estados Unidos de 1960 marcó un estilo muy definido de presentación ante la audiencia, tanto así que muchos expertos la califican como el momento del nacimiento de la comunicación política moderna.

La novedad de las transmisiones televisivas de los debates entre los candidatos de aquella contienda produjeron en el electorado emociones insospechadas que dieron como resultado el triunfo, por corto margen, del ‘novato’ senador por el Estado de Massachusetts, John Fitzgerald Kennedy, sobre el favorito y experimentado Richard Nixon, quien había sido vicepresidente durante los dos periodos de Eisenhower y poseía un sólido manejo de la política tanto doméstica como la exterior.

Inmediatamente, los analistas políticos comenzaron a estudiar los elementos de dicha elección junto con sus resultados y muchos concluyeron que la influencia de la imagen de Kennedy en la percepción del elector jugó un papel de gran importancia para su triunfo. Mientras que la gente que escuchaba los debates por la radio otorgaban la razón a Nixon sobre temas de gran trascendencia, la audiencia televisiva, que era aún mayor, daba por ganador a Kennedy.

Ted Roger, uno de los asesores de Nixon, comentaba que éste se resistió a usar maquillaje durante los debates y lucía “casi transparente” en la pantalla, mientras que Kennedy, que hacía campaña al aire libre, se mostraba bronceado y con gran porte. Se podía percibir también que la buena postura de este último candidato lo hacía lucir muy seguro en sus afirmaciones, a diferencia del otro. Tras la votación, todo el cúmulo de experiencias, analizadas y sistematizadas, se seguirían aplicando y desarrollando no sólo en Estados Unidos, sino que marcarían pauta en América Latina.

Inspiración de EEUU con estilo propio

En la Latinoamérica de principios del siglo XX, a menos de un siglo de la culminación de sus importantes procesos independentistas y libertarios, la región sufría una metamorfosis política y social repleta de pugnas internas por el poder. Entre dictaduras, golpes de Estado y nacimientos intermitentes de nuevas democracias, la reputación de los mandatarios se debatía entre el menosprecio por sus pueblos en cuanto a sus derechos electorales y los ideales de verdadera convicción democrática.

Uno de los pocos países que comenzaba a ver la luz de la democracia fue Venezuela, que salía de una férrea dictadura militar al final de los cincuenta. Tal transición política estuvo marcada por disturbios y desencuentros, sus luchadores políticos mantenían un estilo muy conservador y para nada escandaloso: eran tiempos duros donde guardar la legitimidad del nuevo sistema era lo más importante.

En el ámbito electoral la población se acostumbraba poco a poco a poner atención a las ofertas que brindaban los representantes de la nueva política. Sin embargo, por largo tiempo se mantuvo constante el escenario de campaña de calle, de lemas electorales, prensa escrita y largos discursos en lugares públicos cargados de profunda ideología. Los medios radioeléctricos de difusión masiva apenas comenzaban a promover campañas electorales.

En 1973, trece años después que el efecto de la buena imagen televisiva contribuyera al inesperado triunfo de Kennedy en los Estados Unidos, el equipo estratégico del candidato del partido venezolano Acción Democrática (AD), Carlos Andrés Pérez, decidía contratar a los renombrados asesores norteamericanos Joseph Napolitan, Clifton White, el productor Bob Squier y el encuestador George Gaither para el diseño de su nueva campaña electoral, que resultaría igualmente en un triunfo electoral contundente.

Para la misma contienda, el equipo estratégico del candidato rival perteneciente al Partido Social Cristiano Copei, Lorenzo Fernández, no se quedaría de brazos cruzados: contó con los expertos norteamericanos David Sawyer y Matt Reese. Sin embargo, Fernández se quedaría en el formalismo y la tradición electoral del discurso conservador.

Esta campaña será recordada como una de las más onerosas de la historia democrática de Venezuela. Algunos expertos la valoraron en más de cien millones de dólares americanos repartidos entre los dos principales partidos políticos, AD y Copei, en un tiempo de nueve meses.

Lo que marcó la diferencia de esta contienda fue el estilo de imagen dinámica e innovadora que promovía Pérez en la audiencia. En épocas anteriores, las campañas en Venezuela se habían caracterizado por la retórica, el discurso acusador y la ideología partidista que pretendían lograr un voto más razonado del ciudadano promedio. Los asesores políticos aprovecharon la simpatía natural de Pérez y rompieron todos aquellos paradigmas, exacerbando su imagen, colocándola en un primer plano y estimulando el lado emotivo del elector.

El tema central de su campaña bien pudo haberse inspirado en la excelente experiencia que se obtuvo de los spots electorales y el jingle de Eisenhower, como también del efecto de la buena imagen televisiva de Kennedy. Los spots de Pérez eran de corta duración y lo mostraban siendo ovacionado por multitudes, desbordando carisma y agilidad física, pretendían reflejar un pensamiento moderno entre la juventud y su visión de progreso social y económico.

Al igual que en las campañas norteamericanas, aquella estuvo plagada de ‘merchandising’ de todo tipo, baratijas que eran obsequiadas al público que servían de recordatorio del nombre del candidato y de su partido político.

Parte de la estrategia fue la creación de un famoso jingle electoral que aún resuena en la memoria colectiva de hoy, se trata de ‘Ese hombre sí camina‘, escrito por José ‘Chelique’ Sarabia, uno de los compositores más representativos del país que bien supo describir en su estribillo la energía y el empuje que deseaba reflejar el candidato y que, al mismo tiempo, remarcaba su nombre.

La instrumentación musical del jingle fue concebida para un funk-rock moderno, es decir, guitarras eléctricas, bajo eléctrico, batería y sección de metales, al estilo de las famosas agrupaciones ‘Earth, Wind & Fire’ o ‘Kool & the Gang’, muy propio de la época. El estribillo ‘ese hombre sí camina, va de frente y da la cara’ era cantado al unísono por un coro masculino y femenino, para generar la idea de muchedumbre.

La campaña de Carlos Andrés Pérez revolucionó y modernizó la manera de realizar campañas electorales, no sólo en Venezuela, sino en Latinoamérica, llevando el mensaje electoral a un plano más físico y emocional que, por primera vez y a través de los medios de comunicación, se transformó a un candidato presidencial civil que participaba en una elección democrática en un ídolo de multitudes.

 

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