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Año Mariano


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Carmelo Jordá

Vivo en Madrid, soy periodista y trabajo en Libertad Digital y esRadio, antes lo hice en 20minutos y en Periodista Digital, y antes hace tanto que no me acuerdo. Soy uno de esos que escribe y/o habla de cualquier cosa, así que puedes encontrar cosas mías sobre política, economía, viajes, ebooks... también hago algunas fotos.


Escrito el 21 de diciembre de 2012 a las 13:37 | Clasificado en Nacional

Ningún presidente ha tenido un arranque de legislatura tan difícil, y eso que cuenta con una holgada mayoría absoluta. Pero quizá tampoco ninguno ha sido tan criticado en tan poco tiempo.

Mariano Rajoy, en La Moncloa (Fuente: Flickr La Moncloa)
Mariano Rajoy, en La Moncloa (Fuente: Flickr La Moncloa)

Quizás ningún presidente ha afrontado un año tan complicado en sus primeros doce meses en la Moncloa, y seguro que ninguno lo ha tenido tan difícil después de obtener una mayoría absoluta como la que disfruta Mariano Rajoy.

Es cierto que la situación heredada por el líder del PP no era en absoluto sencilla: un déficit público desbocado, el paro en cifras nunca vistas, la prima de riesgo por las nubes, pero no lo es menos que tras un año en el poder ni a un lado ni al otro del espectro político parecen estar muy seguros de que Rajoy sea el hombre adecuado para el momento. Del mismo modo, unos por verlas demasiado duras y otros por excesivamente blandas, tampoco hay confianza en que sus medidas sean las que nos sacarán de la crisis.

Impuestazo

Para muchos, especialmente desde ámbitos conservadores y liberales, los impuestos han sido la peor faceta del gobierno de Rajoy. Las subidas fiscales, después de unos años en los que la presión ya había aumentado han llevado a particulares y, sobre todo empresas, a una situación complicada.

La primera de ellas fue la sorpresa de final de 2011 con el IRPF. El segundo consejo de ministros del nuevo Ejecutivo sirvió para que el impuesto sobre la renta alcanzase unas cotas que hacía años que no se veían en nuestro país. El Gobierno presumió de la progresividad de la subida y de que eso era más “social” que cargar las tintas sobre el IVA: “Hemos desconcertao (sic) a la izquierda”, llegó a decir Montoro, pero lo cierto es que el IRPF es una tributación que carga más que nada en las clases medias y, sobre todo, teniendo en cuenta que después también se subiría el IVA.

No sólo eso: en estos meses se han eliminado distintas desgravaciones, tanto a particulares como a empresas, se ha penalizado el ahorro… En definitiva, el primer año de Rajoy ha estado sin duda marcado por la escalada impositiva, abusiva para unos, insuficiente para los que piden más gravámenes, pero que deja un incuestionable moratón en las costillas económicas de la clase media.

Déficit y recortes

Rajoy y su Gobierno lo han dicho por activa y por pasiva: su principal prioridad es y ha sido la reducción del déficit. Para ello, no obstante, los populares no han intentado siquiera reducir las estructuras del Estado: se ha desechado reducir niveles de administración (diputaciones), optimizar los existentes (agrupar ayuntamientos) o centralizar gastos, servicios y competencias autonómicas.

Así las cosas, el déficit ha seguido en niveles extraordinariamente elevados y muchos analistas ya prevén que no se va a cumplir ni con un objetivo del 6,3% del PIB que es fruto de sucesivas modificaciones al alza.

Y para ello ha asumido una serie de recortes de gasto que, si bien en muchos casos han tenido más que ver con las comunidades autónomas, han vuelto a ser un capítulo en el debe del presidente. Y aquí encontramos de nuevo razones enfrentadas: para algunos por demasiado tímidos y para otros por muy radicales.

Promesas incumplidas

Muy relacionado con lo anterior, aunque no sólo, este primer año de la era Rajoy también ha estado marcado por una constante: la marcha atrás en promesas explícitas del programa electoral, afirmaciones lanzadas ya después de las elecciones o incluso elementos clave de lo que venía siendo el carácter del PP.

Los impuestos fueron sin duda la primera gran promesa incumplida, además con el puyazo posterior del IVA, pero no ha sido la única y no todas han estado en el campo económico: pensiones, ilegalización de Bildu y Amaiur, cambio de la Ley del Aborto, despolitización de la Justicia…

De nuevo hay disparidad en la crítica, si bien es mayoritariamente negativa: desde la izquierda se acusa a los populares de estar aplicando a rajatabla un programa conservador y “neoliberal” –usando el término como un insulto-, mientras que desde la derecha y posiciones liberales se lamenta, precisamente, la ausencia de programa y la renuncia a los principios.

Montaña rusa electoral

Sólo una cosa habrá consolado a Rajoy y los suyos del permanente descalabro que reflejan las encuestas ya desde los primeros meses del año: el tortazo todavía mayor que se está pegando la oposición socialista, como muestra el CIS.

Pero más allá de los sondeos, las múltiples citas electorales que han jalonado este 2012 han tenido resultados razonablemente buenos para los populares, con una única excepción: la amarga victoria en Andalucía, donde el PP lograba ganar, sí, pero se quedaba muy lejos de lo que necesitaba… y de lo obtenido en las generales.

Después, Galicia fue un notable éxito –aunque lo capitalizará sobre todo Feijóo- que permitió olvidar sin excesivos traumas el nuevo batacazo en el País Vasco. De nuevo, lo mejor los desplomes del PSOE en ambos casos y esa sensación, acrecentada tras las catalanas, de que los socialistas van cayendo en la irrelevancia.

Conflictividad social

El balance del año no se puede cerrar sin analizar el aumento en la conflictividad social, representado quizá mejor que nada por las dos huelgas generales. El principal motivo para ellas, una reforma laboral que de nuevo, ha sido tan defendida por unos como denostada por otros.

El caso es que, en conjunto, y sobre todo si comparamos con lo que ocurre en otros países, Rajoy ha podido estar bastante tranquilo pese a la agitación callejera: la incidencia de las huelgas generales ha sido escasa y, aunque sí ha habido manifestaciones importantes, ni unas ni otras amenazan la estabilidad de un Gobierno respaldado por más de 180 diputados. Al menos por ahora.

Ni siquiera en la Comunidad de Madrid, donde el gobierno regional está enfrentándose a una conflictividad elevada (Sanidad, Telemadrid, transportes…), esta logra ser políticamente amenazante.

En suma, un año malo, con mucho desgaste y que probablemente no era el que el propio Rajoy soñó, es de suponer que más de una vez, pero que tampoco le ha dejado fuera de combate. El 2013 volverá a ser decisivo.

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