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Apócrifo


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Lucía Guerrero

Licenciada en Traducción y Humanidades, posgraduada en Edición. Gestiona proyectos de traducción para instituciones nacionales e internacionales en CPSL. Analiza la actividad de políticos en redes sociales desde un punto de vista cualitativo a través de su blog.


Escrito el 7 de febrero de 2013 a las 8:36 | Clasificado en Nacional

Esfuerzo, sacrificio, frutos sembrados, el buen camino… el texto que pronunció Rajoy parece una parábola bíblica. Los libros contables del PP adquieren categoría de cánon religioso por contraposición a los “papeles apócrifos”, y Rajoy aparece ante las cámaras como el fiel defensor de las sagradas escrituras.

Mariano Rajoy, presidente del Gobierno (fuente: Flickr PP).
Mariano Rajoy, presidente del Gobierno (fuente: Flickr PP).

De las declaraciones de Mariano Rajoy sobre ‘los papeles de Bárcenas’ han corrido ríos de tinta. El discurso, desmenuzado hasta la saciedad, en general se ha interpretado como una petición de acto de fe: debemos confiar en la palabra de Rajoy. El ‘hashtag’ lanzado por el Partido Popular en Twitter, #YoCreoenRajoy, también hacía hincapié en ello, aunque corriera distinta suerte de la esperada.

Y en la misma línea va el término que nos ha llamado la atención esta semana, ‘apócrifo’, que aparece en esta frase del discurso de Rajoy:

“Cualquier deducción de irregularidad alguna en nuestro comportamiento a partir de los papeles apócrifos que motivan esta situación no responde a la verdad, es total y radicalmente falsa”.

En varios medios y en la ‘tuitesfera’ se ha comentado que si lo que Rajoy quería decir es que los papeles son falsos, el término está mal escogido, puesto que significa atribuido erróneamente a un autor:

Lo cierto es que se equivocan, porque según el Diccionario de la Real Academia Española puede querer decir ambas cosas:

Definición de apócrifo, según el DRAE

El María Moliner, siempre centrado en el uso, precisa:

“Se emplea solo con referencia a libros, escritos u obras de arte, como ‘falsificado’ o ‘falso’”.

Apócrifo era, por ejemplo, el mal llamado “Quijote de Avellaneda”, aquella segunda parte del Quijote no escrita por Cervantes de la que aún se discute su autoría. Las acepciones 1 y 4 del DRAE se refieren a la veracidad o falsedad del texto, mientras que la 3 se refiere a la veracidad o falsedad de la autoría. ¿A cuál de ellas se referiría Rajoy? Esperemos que en los próximos días se vaya desvelando el misterio.

Definiciones

En lo que concierne al término en sí, nos interesa precisamente por la ambigüedad que genera en ese contexto y por sus connotaciones. ‘Apócrifo’ viene del latín ‘apocryphus’, y este del griego antiguo ‘ἀπόκρυφος’ (‘apókryphos’), ‘oculto’, que a su vez viene de ‘ἀποκρύπτω’ (‘apokrýpto’), ‘ocultar’. Ese sentido de algo oculto es el que conserva la segunda acepción del DRAE, la que se refiere a los libros que no forman parte del cánon de la Biblia.

Seguro que ‘evangelios apócrifos’ es lo primero que nos viene a muchos a la cabeza cuando escuchamos ese adjetivo. No en vano haciendo una búsqueda de ‘apócrifo’ en Google el resto de resultados de la primera página, aparte de las definiciones, hace referencia a estos textos excluidos de la Biblia.

Lo curioso del caso es que no es el único término con tintes bíblicos que aparece en el discurso de Rajoy. A riesgo de ser tachados de conspiranoicos, otros son:

  • “(…) Que inflaman el fariseísmo más descarado (…)”. En el DRAE, ‘fariseísmo’ remite a ‘farisaísmo’ (costumbres de los fariseos) y a ‘hipocresía’. Un ‘fariseo’ es, ‘entre los judíos, miembro de una secta que afectaba rigor y austeridad, pero eludía los preceptos de la ley, y, sobre todo, su espíritu’. Sobre su falta de adecuación por ser una expresión antisemita también se ha pronunciado la comunidad tuitera:
  • “(…) facilitar todo aquello que sea preciso para que resplandezca la verdad (…)”. Hilando muy fino podemos tomarlo como una alusión a la encíclica de Juan Pablo II ‘Veritatis splendor’, de 1993, que trata de la corrupción del ser humano a causa del racionalismo y el moralismo.

Esfuerzo, sacrificio, frutos sembrados, el buen camino… el texto parece una parábola bíblica. Los libros contables del Partido Popular adquieren categoría de cánon religioso por contraposición a los “papeles apócrifos”, y Rajoy aparece ante las cámaras como el fiel defensor de las sagradas escrituras.

Licencias literarias aparte, de todo esto se desprende una lección: contexto y connotaciones son decisivos a la hora de escoger un término. El término ‘apócrifo’ es correcto, pero no parece adecuado en este contexto si lo que se quiere es ofrecer un discurso claro. Desprende demasiadas connotaciones religiosas y la variedad de interpretaciones a las que se presta hacen que nos sigamos preguntando qué es lo que Rajoy considera falso: ¿el texto o simplemente su autoría? ¿O quizás era eso precisamente lo que pretendía?

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