Arrow

Aznar, Maragall y CiU


0
Daniel Tercero

Nacido en Barcelona en 1977. Soy periodista, actualmente redactor de La Voz de Barcelona. Licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona. Mi blog sobre actualidad es 365 en LVdB


Escrito el 4 de abril de 2013 a las 8:42 | Clasificado en Cataluña, Libros, Nacional

El libro ‘Memorias I’ de Aznar muestra la doble cara del ex presidente del Gobierno en su relación con Maragall y CiU. Hace gala de su perfil de hombre de Estado a la hora de hablar de los partidos nacionalistas, aunque es el presidente del Gobierno que más cesiones ha hecho a las pretensiones de CiU y PNV.

Mariano Rajoy y José María Aznar, durante la presentación de las memorias del segundo (imagen: FAES).
Mariano Rajoy y José María Aznar, durante la presentación de las memorias del segundo (imagen: FAES).

Cuenta José María Aznar (PP), en su primer tomo de memorias, la surrealista situación que vivió con Pasqual Maragall (PSC) en noviembre de 2003, poco después de la investidura de este como presidente de la Generalitat tras 23 años de gobiernos de Jordi Pujol (CiU). Fue en la Moncloa, y el presidente del Gobierno interrogó al líder socialista por sus planes, proyectos y objetivos para su estrenado mandato autonómico.

Maragall quería ser “gobernador de Nueva York”, pidió a Aznar que, en lugar de construir un AVE Madrid-Barcelona, se pusieran en marcha dos líneas nuevas, la Barcelona-Bilbao y la Barcelona-Valencia, porque, según el relato del ‘popular’, era “lo justo y lo conveniente”, y le exigió más “respeto” y “reconocimiento” para la lengua catalana. ¿Y esto en qué consiste? “En respetarla más”.

Para Aznar, la conversación fue “circular, absurda, inútil”, un sinsentido, una charla que no iba a ningún sitio. Las verdaderas intenciones de Maragall las puso de manifiesto en un artículo publicado en ‘El País’, poco después de la surrealista reunión. Todos sabemos cómo ha acabado el invento del que fue un gran alcalde de Barcelona. Los detalles del ‘viaje a ninguna parte’ se saben, pero se repiten poco.

Visión buenista

Otro detalle del libro de Aznar que cabe destacar -al margen de la bofetada pública, negro sobre blanco, que le da a Rodrigo Rato en las primeras líneas y que es imposible no dejar constancia de ello- es la excesiva visión buenista que el ex presidente del Gobierno tiene de CiU.

Es cierto que Pujol, como en su momento el PNV, han permitido estabilidad a distintos gobiernos. Pero nunca lo hicieron gratis. A cambio de que un González, un Aznar o un Zapatero durmiera durante un tiempo en la Moncloa obtuvieron transferencias para lo que consideran suyo -es decir, los gobiernos autonómicos de Cataluña y el País Vasco- que no tienen retorno.

De ahí que sorprenda, por el discurso contra el nacionalismo que expone el PP aunque sea primo hermano de CiU y PNV en política económica, y visto con perspectiva, que por ejemplo fuera Aznar el que expulsara a la Guardia Civil de las carreteras de Cataluña y fuera su Gobierno el que arreara un avance brutal en la descentralización del modelo de financiación autonómica, a petición de los nacionalistas.

Las gracias por la ‘operación Roca’

El que fuera durante ocho años presidente del Gobierno desvela una conversación con Miquel Roca (CiU), al que le ofreció ser ministro de Asuntos Exteriores en 2002. El PP disfrutaba de su mayoría absoluta en el Congreso, obtenida dos años antes. Aznar consideró que uno de los padres de la Constitución y ex líder de CiU en el Congreso (lo fue desde 1977 hasta 1995) podría apaciguar al nacionalismo y, aunque esto no lo explica en sus memorias, poner punto final al PP catalán.

Sin embargo, los deseos de Roca chocaron con la realidad de la Cataluña nacionalista. “No me atrevo ni a decírselo a Pujol”, respondió el ahora abogado de prestigio en Madrid, según Aznar. El ex presidente se ofreció para comunicárselo al ‘Todopoderoso’, a lo que Roca le pidió que, por favor, no lo hiciera. Evidentemente, cuando Pujol se enteró del ofrecimiento, “le sentó fatal”.

En este juego entró el entonces líder del PP con el que solo unos años antes, en 1986, presentó un partido -el Partido Reformista Democrático- para desactivar el posible crecimiento del PP (entonces Alianza Popular) por el centro. El invento de Roca (‘operación Roca’, se llegó a calificar), Florentino Pérez y Antonio Garrigues Walker, entre otros, fracasó. La oferta de un Ministerio como el de Asuntos Exteriores no podía ser más que el agradecimiento por “la maniobra de desestabilización más seria” que sufrió AP.

Vidal-Quadras a cambio de la Moncloa

Una cesión directa a Pujol fue descabezar al PP catalán en 1996. Aznar lo niega en su obra memorística. Pero Aleix Vidal-Quadras lo recuerda perfectamente. Eso y que Ángel Acebes y ¡Jaime Mayor Oreja! cumplieron las órdenes de su jefe a rajatabla. El ya presidente del Gobierno y líder absoluto ‘popular’ fue capaz de montar una gestora en el PP catalán para apartar a Vidal-Quadras antes que decirle que no al que le permitía sentarse en los escaños azules del Congreso.

Al contrario. Antes del ofrecimiento a Roca en 2002 para que CiU entrara en el Gobierno, Aznar se lo había propuesto al mismo Pujol en 1996 y en 2000. Una invitación que no hizo al PNV. Eso sí, su líder, Xabier Arzalluz, pudo degustar de una cena en casa de los Aznar-Botella para cerrar el acuerdo de gobierno de 1996, en la que “la conversación fue franca y productiva”.

Al margen de ETA, Aznar apenas le dedica una veintena de páginas a su relación con el nacionalismo en una obra de 310 (sin contar anexos). No parece que haya contado todo lo que sabe o todo lo que debería de conocer. Lo deseable es que haya optado por lo primero, lo segundo sería la fibra sensible del perfil buenista de Aznar.

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>