Arrow

Contra las encuestas


0
Zoomnews

ZoomNews es un diario digital de información general cuyo principios básico son la independencia y la pluralidad informativa.


Escrito el 19 de marzo de 2015 a las 16:12 | Clasificado en Nacional

Hace tiempo que se escucha aquello de que “las encuestas auguran el final del bipartidismo”, cuando en realidad éstas están siendo las responsables del cambio de régimen

Encuestas sobre las elecciones andaluces del 22M publicadas en diversos medios
Encuestas sobre las elecciones andaluces del 22M publicadas en diversos medios

Las encuestas son a la democracia lo que las finanzas al capitalismo: una estructura paralela de especulación e intermediación virtual que, descontrolada, puede provocar la destrucción del sistema en su conjunto, y que en todos los casos lo desvirtúa. No es motivo de asombro, por tanto, que la Junta Electoral prohíba la publicación de sondeos desde algunos días antes de los comicios, y que decrete una jornada de reflexión para que el ciudadano decida su voto en función del oportunismo, arbitrariedad, despotismo, manipulación y/o sesgo de las encuestas emitidas en tiempo legal.

Porque, al igual que en la Fórmula 1, los resultados del circo político dependen del factor humano tanto como de la maquinaria que lo sustenta, de tal forma que, si el diario El País lanza una encuesta semanal sobre unas elecciones en concreto, el aura de cierto partido de la casta resultará reforzado sistemáticamente, en el sentido de que el hombre de la calle tiende al caballo ganador, a subirse al carro o a enjugar sus carencias y complejos con un sentimiento de pertenencia al grupo más numeroso, ergo mejor.

Esto, por supuesto, siempre y cuando el líder faccioso no se abone a la teoría del victimismo, en virtud de la cual unos malos augurios del partido sentimental de cada uno –o, y especialmente, una buena prospección para el adversario– sublevan y movilizan al electorado de dicho partido.

Sin embargo, el clima de indignación general ha refinado la capacidad de influir de las encuestas. En la coyuntura actual, ya no es necesario aupar al partido propio o degradar al adversario: basta con ponderar maquiavélicamente al rival sociológico de tu rival, que además es ideológicamente opuesto a ti, lo cual revierte directamente en tu credibilidad.

Así, en las encuestas que proceden de grupos de presión de izquierdas, el partido Ciudadanos roba un voto significativo al PP, mientras que los sondeos de la derecha se han regocijado durante muchos meses del auge de Podemos a costa del PSOE… hasta que se han asustado de veras.

En los últimos días, la incombustible Rosa Díez viene denunciado que, a falta de nuevos estudios, PSOE, PP, Podemos, Ciudadanos e Izquierda Unida han dado por buenos los conocidos para empezar a repartirse la tarta de poder en Andalucía, sin esperar al oneroso trámite de que el público pase por caja. Evidentemente, los lamentos de doña Rosa se basan en que, de acuerdo con los mismos datos, UPyD quedaría fuera del Parlamento autonómico.

No me gustaría ser injusto con UPyD, puesto que ha demostrado su vocación de partido diferente, negándose a participar del reparto de jueces que han realizado de forma ignominiosa el resto de formaciones, pero a Rosa Díez le falta un telediario para recurrir a esos misteriosos y casi mágicos sondeos internos que tiene todo candidato perdedor, y que le indican que el resto del mundo son los equivocados.

Entre tanto, aquellos a quienes les salen las cuentas se limitan a callar y a repetir el mantra del “partido a partido” con cara de póker, tratando de encarnar la viva imagen de la picardía, esa que dará a entender al votante que sus estudios de campo y de consumo interno refrendan, y aun mejoran, las migajas que se les da a conocer a la plebe.

El efecto de las encuestas

La censura de las encuestas previas a las jornadas de reflexión y electoral procede de esa tradición estadounidense que va unida inexorablemente a los albores democráticos, cuando los rancheros, a pie o a caballo, tardaban varios días en remontar las profundidades de América para emitir su voto, reconociéndose de manera expresa la capacidad de los sondeos para condicionar el sufragio.

De esta forma, en las últimas fechas habrán escuchado no pocas veces la máxima de que “las encuestas auguran el final del bipartidismo”, cuando en realidad éstas están siendo las responsables del cambio de régimen, porque ¿acaso alguien duda de que sin una tendencia propicia Podemos o Ciudadanos habrían alcanzado la mitad del apoyo que les aseguran que tienen?

Esta desviación de un modelo que, como ocurre en las historias donde se viaja en el tiempo, cambia la realidad cada vez que intenta retratarla, podría llevarnos a un escenario absurdo en que la democracia dejara de articularse mediante el voto, para pasar a estructurarse como resultado de una encuesta debidamente ensayada, sin margen de error. Algo parecido está sucediendo ya en Andalucía.

Para gozo de austeros, una muestra convenientemente elegida al azar entre las balizas de la representación prescindiría de la tan untuosa burocracia, permitiría reducir el funcionariado y recortaría el gasto de esas elecciones que tanto parecen hostigar a don Mariano.

Para los fieles de la igualdad, en cambio, este avance supondría la confirmación de un principio esencial en la sociedad occidental: todos los hombres, nacidos iguales y sometidos a las mismas condiciones, serían idénticos en el sentido de que el ser humano es su pensamiento y razón, luego desarrollarían una ideología similar y votarían lo mismo. Al fin y al cabo la democracia es una expresión manifiesta de que no todos los hombres son iguales. En tesis tan absurdas se basan los muestreos, que milagrosamente suelen acertar.

Para finalizar, imaginen una democracia pura en la que las encuestas no tutelasen los flujos de opinión, una Fórmula 1 donde todos los pilotos condujeran el mismo coche, unas elecciones a tumba abierta sin referencias previas, un mercado financiero sin información privilegiada.

Sin ánimo de caer en el fatalismo ni en la radicalidad, no puede uno dejar de pensar que, en los tiempos del trueque, cuando el trabajo producía bienes tangibles y los agricultores recorrían dos días a pie para emitir un simple voto, sin intermediarios ni operaciones virtuales, era mucho más difícil que arraigase la corrupción.

Artículo original: “Contra las encuestas”

Autor: Luis Rivas

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>