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Corrupción del discurso político


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Fran Carrillo

Speechwriter. Asesor y entrenador internacional de políticos y empresarios en discurso, oratoria y debate. Director de La Fábrica de Discursos, empresa dedicada a la asesoría y capacitación política y empresarial en oratoria influyente, discurso carismático y media training. Miembro del Talent Great Team. Profesor del Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política (MAICOP) y de la Sociedad de Debate de la Universidad Carlos III de Madrid.


Escrito el 12 de diciembre de 2013 a las 8:38 | Clasificado en Nacional

Cuando la corrupción del discurso ha sido la habitual forma de proceder, ningún discurso contra la corrupción es viable, factible y rentable.

Pintada contra el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (Flickr: Antonio Marín Segovia)
Pintada contra el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. (Flickr: Antonio Marín Segovia)

Cuando no hay voluntad de cambiar, el cambio es la solución inevitable. España vive un proceso de descomposición general en partidos, organismos e instituciones, lo que conforma un descrédito general del que no se salva ni el Jefe de Estado. A un lado del ring, los perdedores de la crisis: ciudadanos damnificados por la estafa de las preferentes, personas que pierden su vivienda ante la mirada inhumana de sus confiscadores (la omnipresente banca), despedidos por ERES que no eran necesarios.

Al otro lado, los ganadores a los puntos: políticos sin crédito, banqueros sin créditos, sindicalistas de caviar y langosta y asesores que no asesoran. Todos juntos han protagonizado en los últimos tiempos un vodevil mediático donde el esperpento se escenificaba como epílogo en la triste escena representada por los encargados de repartir justicia: aquellos que estaban en el lado equivocado del cuadrilátero.

Por partes. Tenemos al PP y el ‘caso Bárcenas’. Meses de trasiego discursivo, de negar la realidad y disfrazar la evidencia. Argumentarios que parecieron solventes (la comparecencia del presidente aquel 1 de agosto) con estrategia de desvío de la atención incluida (y conseguida), se convirtió en el tiempo en nefasta gestión de los acontecimientos. Ni Cospedal ni Floriano articularon un relato creíble y convirtieron una percepción negativa en un mantra asumido: en el PP hay corrupción

Tenemos también al PSOE y el escándalo de los EREs en Andalucía. Una perfecta y sincronizada escenificación del tren de la huida. Primero fue Chaves, luego Griñán, quienes buscaron exilio en Madrid sabedores de lo que se cocinaba entre las bambalinas de una región cansada de 30 años de gobierno de un partido con costumbres opacas. Llega Susana Díaz y en su discurso de investidura habló de luchar contra la corrupción. Bien en el fondo, sobria y hasta populista en las formas. Sin tibiezas.

Pero pesaba el sonido de su silencio, ya que, por aquel entonces, era la segunda de una Junta manchada con la tinta del descrédito. Cuando el pasado pesa y te persigue, ningún lavado de cara elimina las máculas de nacimiento. De nuevo, en la opinión pública caló el mensaje de que en el PSOE hay corrupción.

Y por último, tenemos a los sindicatos y su “viva la vida liberada”. El colectivo obrero por excelencia ha visto en los últimos años cómo su nómina de afiliados descendía de forma alarmante, cansados de eslóganes y pancartas, hastiados de manifestaciones ’a la carta’, mariscadas inexplicables y descontrol de estrategia. Sin mensajes de defensa claros, sin estrategia argumentativa definida más allá de discursos reactivos, la base ya no quiere sostener por más tiempo a la cúspide.

Un país necesita de sindicatos libres, no de sindicalistas liberados en la forma, pero apresados en el fondo por ciertas siglas y determinados intereses. El olor ya fue incontenible, pero ni por esas Cándido Méndez (otro rostro palpable de la falta de regeneración que existe en España) claudicaba. Al pueblo español no le quedó otro remedio que emitir, una vez más, su veredicto. En los sindicatos, hay corrupción.

Todos ellos han sumado fuerzas que han alimentado la progresiva desafección de la gente hacia sus posiciones y actuaciones, provocando la irrupción de nuevos movimientos ciudadanos, partidos políticos de marea cambiante (ahora toca el alza) y colectivos civiles insatisfechos con el rumbo general del país. Frente a la claridad de los mensajes de estos, la oscuridad en el argumentario de aquellos. Frente a la exposición transparente de argumentos y hechos de los mandados, la nula exposición de motivos de los que representan.

Ahora, parece que todos quieren ponerse de frente a la corrupción, y no de costado como hasta ahora. Pero cuando la credibilidad no existe a la confianza no se le espera. Mientras, el futuro aguarda con látigo impaciente y ni siquiera el tren de plantear pactos está llegando a su hora. Cuando la corrupción del discurso ha sido la habitual forma de proceder, ningún discurso contra la corrupción es viable, factible y rentable. No cuando es articulado por las mismas voces que antes callaban, los mismos rostros que volvían la cara y las mismas siglas que preferían tapar la mierda debajo de la alfombra antes que sacudirla con viento fresco.

Los votantes dicen...
  1. Marcos Antonio Encinas Romero dice:

    Fran, toda mesa tiene 4 patas y se te olvida la de la patronal y las empresas, una patronal en la cual sus últimos líderes han salido a cual más corrupto tampoco es una muestra de lo que el país necesita…

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