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Cosas peores que ‘Apalabrados’


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 3 de enero de 2013 a las 8:02 | Clasificado en Nacional

¿Qué debe ser un pleno parlamentario? Un espacio útil para el ciudadano, de conocimiento y exposición pública del debate y de las diferentes respuestas que cada grupo ofrece.

Pleno del Parlamento autonómico del País Vasco.
Pleno del Parlamento autonómico del País Vasco.

Hay faltas de respeto al ciudadano mucho más importantes y absolutamente institucionalizadas en cada de pleno de cada ayuntamiento que dejan el juego del Apalabrados en una mera anécdota.

Al fin y al cabo, los diputados o concejales de un área concreta ejercen la representación ciudadana durante un momento de los plenos, no durante todo el proceso, pues para ello hay áreas de gobierno y de oposición.

Que dos diputados dediquen un rato a jugar al Apalabrados es visualmente humillante para el resto de ciudadanos, pero no es la mayor falta de respeto posible. Y, desde luego, no provoca -desgraciadamente- una merma en la representación de los vecinos.

El trabajo de los políticos

Un sistema de listas cerradas y de voto por compromiso, en bloque, de partido hace que el 90% del tiempo dedicado a cada pleno de cualquier asamblea o de cualquier ayuntamiento de España sea lamentablemente prescindible porque uno expone, otro rebate y el resto votan lo que toca votar, sin tensión ni posibilidad de cambio.

Este ‘problema’ se puede solucionar al modo liberal, apolítico, transversal, que viene a ser sustituir los concejales y diputados por máquinas de café privadas que dan la hora y votan lo que toca (perdonen en todo caso la exageración, pero viene a ser eso) o profundizando en democracia -especialmente la local- y haciendo de la política de representación un verdadero espacio de toma de decisiones.

El verdadero trabajo de concejales y diputados está fuera de los plenos, durante todo el mes, día a día, recibiendo a vecinos y trabajando propuestas y alternativas. A los plenos se va para poco, no es más que una toma de decisiones predecible y previsible pues hasta las declaraciones se negocian antes entre los grupos y los acuerdos llegan en pasillos y no en las cámaras de representación.

Para que eso sea posible se debe apostar por plenos en horarios que permitan a los vecinos acudir (actualmente ocurre lo contrario y los alcaldes y alcaldesas ponen los plenos en horario laboral entre semana o -como hace el PP en Madrid- prohíben a los ciudadanos entrar a verlos).

Se deben exponer en ellos los acuerdos y desacuerdos existentes de forma clara y no con necesaria traducción jurídica (si uno va a un pleno municipal cualquiera necesitará una guía para saber de qué se está debatiendo porque las referencias son a “expedientes 2/344 del orden 34 sección 54″, o similares) favoreciendo el debate entre los concejales dando más posibilidades de réplica, así como la intervención de la ciudadanía en puntos concretos en caso de solicitarlo.

¿De dónde sacar el tiempo para ese debate?

Empezábamos este artículo con ello; limitando el uso del tiempo para aquello que sí es una falta de respeto al vecino. Buena parte de los plenos se dedican a las preguntas de autobombo del propio grupo político que gobierna hacia sí mismo. Es decir, el compañero de partido le pregunta a su concejal de festejos algo tan sesudo como: “¿Qué tal está funcionando este año al programa navideño?”, o “¿es cierto que la Oficina de Atención al Ciudadano lo hace tan bien como parece?”, o “¿es verdad que la alcaldesa es la que mejor dobla las esquinas de nuestra ciudad?”. La única finalidad de estas preguntas es, además, gastar las preguntas que otros grupos podrían usar para fiscalizar la labor del gobierno.

Así, pasan los minutos mientras que el concejal explica detalladamente lo bien que está haciendo su trabajo. Luego saca nota de prensa, luego la revista del ayuntamiento publica un especial y los medios locales se hacen eco. Pudiendo sacar la nota de prensa y el resto de eco mediático, usar el tiempo de debate público ciudadano en el peloteo político es más ofensivo para el sistema que tener a algunos representantes aburridos ante tanto absurdo (aunque no por ello menos lamentable).

Si a este nuevo respeto institucional añadimos la elección por listas abiertas, cada concejal o diputado sabrá que no sólo necesita estar atento para saber lo que decir, sino que además podrá estar fiscalizado por el voto ciudadano, algo que ahora queda completamente diluido por la elección de listas.

Así que no es tanto que perder el tiempo sea causa inherente del sistema actual de plenos, pero sí que permite que quienes son irresponsables tengan opción de hacerlo y, sobre todo, ningún castigo por ello. Evidentemente, la solución no es eliminar representantes o eliminar los plenos, sino añadir herramientas de control y eficiencia de la labor pública. De nuevo, la solución para lograr más rentabilidad no es menos democracia, sino todo lo contrario: más democracia.

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