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Crisis a seis meses  


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 28 de noviembre de 2014 a las 19:18 | Clasificado en Nacional, Portada

En el PP observan el ascenso de Podemos y la convulsión socialista como si el nubarrón de las elecciones de mayo no fuera con ellos

Reunión de portavoces autonómicos del Partido Popular (Fuente: PP)
Reunión de portavoces autonómicos del Partido Popular (Fuente: PP)

Quedan seis meses para las elecciones municipales y autonómicas y un gran porcentaje de la opinión pública trata de dilucidar el alcance y las consecuencias de una nueva fuerza política, originaria de la izquierda pero que aplaude sin problemas al Papa en el Parlamento Europeo. Sin embargo, ¿qué va a pasar en el PP? Pese a que las encuestas indican una caída pronunciada en intención de voto, hay dos razonamientos que tranquilizan sobremanera a los cuadros y dirigentes del partido, o que genera una apariencia de tranquilidad y tregua, que para el caso es lo mismo. Pero es una tregua trampa.

El primero es la ausencia de un Podemos a su derecha. Esto permitiría asegurar, con cierta rotundidad, que al no existir competencia anti-vieja política en el caladero de votos popular, no existe peligro de “ucedeísmo”, o lo que es lo mismo, de hundimiento catastrófico. Al asumir el argumento se traza una línea de seguridad en la que se da por hecho que el partido del Gobierno no bajaría en ningún caso de los 100 diputados en las próximas elecciones.

El segundo razonamiento, consecuencia del primero, es dar por hecho una gran coalición con el PSOE en caso de no poder gobernar en minoría. Ante la confirmación real de una irrupción del partido de Pablo Iglesias, una visión acientífica, razonable y aceptada por todos como “lo más normal” es que genere dos grupos políticos semejantes, en el sentido no tanto en número de diputados, que también, sino en la imposibilidad de liderar con claridad la configuración de un Gobierno.

Tranquilidad por ausencia de Podemos

Al más puro estilo Rajoy, en el PP hay tranquilidad porque la pelota está en el tejado de la izquierda. Sin embargo, todos estos cálculos y tesis prospectivas, que están muy bien para la tertulia, se ven amenazadas por un negro nubarrón que descargará agua dentro de 6 meses. Las elecciones de mayo. Pura realidad. Paradójicamente, la decisión de Podemos de no ir a las municipales ha tranquilizado en cierto modo a los dos grandes partidos, como si cada día de oxígeno fuera fundamental, como si esos meses que van desde mayo a las generales pudieran suponer un cambio fundamental en las perspectivas electorales y en las decisiones de los electores.

Sin embargo, lo que parece que no han asimilado los partidos más amenazados por el estado de opinión actual es que la ausencia del nuevo actor en estos comicios les deja a ellos como los únicos que tienen algo que perder. Son los únicos que se la juegan. Podemos ha evitado caer víctima del segundo principio de la termodinámica, asumiendo que para evitar la expansión del caos hay que organizarse en serio antes de plantearse un salto como el de presentar candidaturas en los 8.000 ayuntamientos.

De constatar en votos los actuales sondeos, las municipales y autonómicas supondrían un terremoto de grandes proporciones en el partido del Gobierno, ahora acomodado en la mayoría absoluta y ensimismado con el ascenso del síndrome de la coleta entre los rivales de la bancada contraria, como si la cosa no fuera con ellos. Lo que está por ver es si mayo provocará alguna reacción interna o si Rajoy caminará sin remisión a su condición de presidente que trata de repetir mandato y no lo consigue.

La cómoda gran coalición

Esta perspectiva, unida a la alta hostilidad que tanto pública como privadamente se profesan el líder del PSOE y el de Podemos, se suma a la teoría, que como todo en ciencias sociales es discutible, de que una alianza de ambos partidos perjudicaría al primero. Sin embargo, las leyes gravitatorias aplicadas a la fagocitación indican que un gobierno de coalición Sánchez-Iglesias podrían acabar liquidando a la nueva formación, a día de hoy sin estructura formal, sin capilaridad territorial y sin liderazgos regionales reconocidos.

En cualquier caso, en Ferraz parece lejana y utópica semejante alianza, aunque posiblemente, tras el ‘día D’, y vistos los resultados, este enfoque cambie drásticamente, como ya explicamos aquí. Quizá lo grave es que no sea intencionado y que la hostilidad sea real, pero el caso es que este clima entre ambas formaciones ha dado alas a la teoría de que lo más lógico es que el PSOE acabe abocado a apoyar un gobierno popular, ya sea integrándose en él como en Alemania o simplemente facilitando su investidura.

Los votantes dicen...
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