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De indignados a desesperados


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 18 de septiembre de 2013 a las 9:37 | Clasificado en Ciudadanía, Nacional

El propio sistema que mantiene vivos a estos partidos actuales hace imposible que se puedan cambiar desde “la legalidad”.

Manifestación del 15O en Mieres, Asturias. (Flickr: jlmaral)
Manifestación del 15O en Mieres, Asturias. (Flickr: jlmaral)

¿Es posible cambiarlo todo? La pregunta está asfixiando las mejores voluntades políticas, quemando a los ciudadanos más comprometidos y expulsando de la intención de la acción política a aquellos que inspirados por lo logrado en Sol esperaron poder hacer las mejoras necesarias.

Ciudadanos, todo ellos, que ya empiezan a usar la máscara de Anonymous no para “hacer” ocultos tras el descolorido personaje, sino para que no se les vea llorar desesperados, avergonzados por lo que a diario ven en nuestro país y en nuestra clase política.

Durante estos últimos meses he podido hablar con varios de estos activistas y con amigos que vieron en el 15M la posibilidad de -por fin- lograr los cambios necesarios. Todos ellos habían llegado por su cuenta a la pregunta inicial de estas líneas. Diferentes caminos, mismo final.

La angustia es normal, le sobreviene de igual forma a cualquiera que se pare un segundo y mire la lista de las tareas por hacer. Políticos que no roben; políticos que no mientan; políticos que hablen bien; políticos con visión de futuro; políticos que sepan hablar inglés; políticos que trabajen para los ciudadanos; organismo transparentes; leyes contra la corrupción; reforma de la estructura de los partidos políticos; renovación de los miembros de dichos partidos; eliminación de los privilegios; control financiero de las transacciones; fiscalización del dinero público; medios de comunicación veraces; Congreso de los diputados al servicio de la ciudadanía; exilio de cerebros; minijobs; salvar sistema social, desahucios; políticos intachables, representantes públicos que den la cara; periodistas incisivos y no serviles; democracia participativa; modificación ley de partidos; reforma sistema electoral…

Lo dicho, se agota uno tanto como para que incluso cueste seguir escribiendo.

Muchos españoles empiezan a pensar que es imposible cambiarlo todo. En cierto modo, dan a España por perdida y ven la salida al extranjero no como una necesidad laboral -que también-, sino como un escape mental, una acción de orgullo, de búsqueda de un país del que poder sentirse mínimamente orgulloso y que no sea cuna de escándalos diarios.

Esta crisis, la de la falta de ilusión y de interés, de desafecto, es peor que la económica. No se puede levantar un país con una sociedad avergonzada del sistema que debe usar para decidir su futuro, porque ha descubierto que el sistema impide, por sus propios vicios, que se puedan hacer realidad algún día los cambios necesarios.

Si a esta democracia llegamos desde la legalidad de la dictadura franquista, sin ruptura (transición a la democracia desde las propias leyes de Franco), ahora resulta imposible. La estructura política actual (sistema de partidos, sistema de representación, etc.) impide poder hacer una nueva transición hacia una democracia más completa y requiere de una ruptura tal que debe ser considerado irremediablemente como un proceso revolucionario.

El infinito listado de tareas pendientes que señalaba no puede completarse con una modificación de lo existente es necesaria una construcción desde cero. Pongamos los partidos políticos como ejemplo más visual:

La ciudadanía reclama partidos abiertos, transparentes, sin deudas opacas, con militancia crítica y activa, y formada por ciudadanos premiados por sus capacidades y no por su servilismo al poder. Sumado a esto sería necesario un sistema de listas abiertas, reprobaciones, primarias abiertas, posibilidad de fiscalización de cada euro de estos partidos, así como normas estrictas frente a posibles casos de corrupción y/o procesamiento judicial.

Ahora intenten pensar en PP, PSOE, CIU, IU, UPyD… cumpliendo todos esos requisitos. Impensable.

Los partidos están cerrados a la ciudadanía para poder controlar el acceso al poder entre el menor número posible de militantes, ocultan sus deudas porque de hacerlas públicas no podrían prometer lo que prometen, pues deben lo contrario a quienes les mantienen. No se premia la capacidad, se premia la vida dedicada al partido (a vivir del partido), porque de esa forma se pueden comprar voluntades y mantener el control al acceso al poder.

¿Normas estrictas frente a la corrupción? En partidos formados por los mismos políticos desde hace 50 años es imposible que uno al que le han pillado no le pueda decir al que debe decidir sobre su futuro algo como “recuerda lo que sabemos/me debes/hice/mis discos duros…”. Porque tenemos políticos que vienen de un sistema de partidos sin ningún control, lo que les hace a todos estar bajo sospecha.

El propio sistema que mantiene vivos a estos partidos actuales hace imposible que se puedan cambiar desde “la legalidad”, y los mismo ocurre con toda la interminable lista.

De ahí la evolución moral de España, de la indignación a la desesperación.

Los votantes dicen...
  1. Mauro dice:

    Todo cierto. Ahora hay que empezar con las propuestas ¿Cómo articular el cambio?

  2. […] ¿Se puede cambiar el sistema desde la legalidad? […]

  3. Bernardo dice:

    El problema es que muchos nos encontramos en la desesperación (otros en el pasotismo e indiferencia), no encontrando nada “real” que se pueda hacer para mejorar un poco el sistema.

    Por eso, creo que no hay solución. El futuro es negro. Esto no es posible arreglarlo.

    ¿Una revolución? Sin violencia, imposible. Y no veo a la gente dispuesta a dar ese paso. No queremos. Así que mejor olvidar utopías y admitir que vivimos en una soleada distopía cyberpunk ;)

  4. Chanampa dice:

    Mientras impere el magnetismo mundial? Lo dudo. Puedes ser el más honorable de los ciudadanos, puedes tener altruismo puro (como es el que traemos todos los seres humanos al nacer), puede dejar incluso la vida en una campaña política. Pero debes darlo por seguro, que cuando te llegue el turno de posicionarte en las bancas gubernamentales, si no le sirves al SISTEMA, saldrás atontado, dejando el lugar a otro (porque hasta ese costo nos queda cuando no les servimos, nos dejan en estado vegetativo mental). Pero si eres una buena herramienta para ellos; y tienes tu talón de Aquiles por donde puedan poseer tu absoluta voluntad, no habrá altruismo ni ninguna virtud que resalte en ti, porque se habrán encargado de bloquearte los sentidos para ser un autómata a sus caprichos. Resultado: terminarás disfrutando de riquezas robadas al pueblo, mediante la opresión y el abuso autoritario; y te rodearás de las más altas escorias del jet set, del capitalismo y del poder en todo su ámbito… con un título otorgado por el sufrido pueblo que en su enmudecido grito de angustia y padecer, ya ni limosnas pedirá… sólo balbuceará… ¡escoria!, ¡escoria!, ¡escoria!. A lo que tu indiferencia repelerá cualquier remordimiento de conciencia que pudiere hacerte reflexionar e inclinarte verdaderamente hacia tu pueblo (no olvides que tu indiferencia es a causa de la violación mental que el SISTEMA le propina a sus Títeres que son los verdugos de la humanidad, de sus congéneres. Entonces, mientras impere el magnetismo (hipnosis), la humanidad, sucumbirá bajo sus propios líderes, tanto espirituales como políticos, dos cúpulas que tienen el dominio de las masas.

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