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¿Debo dimitir ya?


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 11 de febrero de 2013 a las 8:25 | Clasificado en Nacional

¿Cuándo debe dimitir un político? Ante la absoluta carencia de dimisiones en España, a pesar de haber motivos suficientes para ello, analizamos los motivos.

Fotomontaje humorístico sobre la comparecencia de Rajoy (Fuente: Una docena de... )
Fotomontaje humorístico sobre la comparecencia de Rajoy (Fuente: Una docena de... )

Una pregunta sin respuesta en España, sin momento, ni tiempo, ni forma.

Sólo hay dos ‘fuerzas’ que pueden llevarte a dimitir: que te lo pidan otros o que te lo pida tu propia conciencia. En realidad dignidad sólo hay en la segunda, en la primera hay responsabilidad. En cualquier caso su valor es parecido y perfectamente válidas llegado el momento. Puedes no ver tu error -se permite-, pero no puedes obviar que haya otros que te lo muestren y que por ello debas actuar en consecuencia, especialmente si son más de un millón de personas.

En España se incumplen las dos. Ni hay conciencia personal del error ni hay reconocimiento del otro. Uno podría imaginar que un político malo esperase a ser pillado para dimitir en vez de hacerlo nada más verse tentado y aceptar, pero imaginen el nivel de ineptitud política a la que nos enfrentamos cuando ni tras ser pillados por otros aparece la vergüenza suficiente como para enoblecer el arte de la política dimitiendo.

¿Y los asesores políticos? En España no tienen el peso suficiente. En la mayoría de los casos, quienes asesoran a los principales líderes en nuestro país y los principales partidos son compañeros de partido que llevan el mismo tiempo haciendo lo mismo que el dirigente, con las mismas carencias y las mismas inercias, que lo inhabilitan para proponer la decisión más acertada.

Si normalmente hablamos de políticos profesionales que no tienen oficio fuera de la política, los asesores que les suelen rodear pecan exactamente de lo mismo. Jamás le recomendará dimitir a su jefe cuando eso supone su próximo despido.

Cuando hay suerte y se contrata a una empresa o un asesor externo, quedan relegados de la toma de decisiones y se les considera al servicio -en el peor sentido del término- del contratante. Es decir, se les paga para que aporten ideas geniales, pero nunca para una decisión de peso político. Están para aplaudir como el que más, no para señalar los fallos, porque en nuestros partidos el que señala el fallo es crítico y desleal, por lo que queda fuera del proceso.

Así que a los conocidos defectos de nuestros políticos se les suman aquellos de los que les rodean y en muchos casos los agravan.

De no tener estos lastres, saber cuándo dimitir es sencillo. El momento más obvio es cuando un político traiciona al sistema cometiendo ilegalidades, pero también cuando su labor pasa a estar reconocidamente en contra de sus ideas, del modelo democrático, de su programa electoral, de las verdades que dice defender… Basta con mentir a otros o mentirse a sí mismo para saber que el rumbo es incorrecto.

Si ese rumbo se puede reconducir sin que haya producido daño a terceros habrá una oportunidad, si no hay marcha atrás o se ha producido el más mínimo daño entonces sólo queda la dimisión. Si las explicaciones convencen, tal vez puedas volver, pero debe estar en manos de tus votantes la decisión y tras poner en sus manos toda la información necesaria, no de lo que tú interpretes como más conveniente para “tu país”, “tu gente”, “este momento”. No te corresponde ese espacio una vez has errado, debe estar de vuelta en manos de los votantes.

Hay un último motivo para dimitir. No suele producirse porque para llegar a determinados puestos de responsabilidad se supone cierto nivel, pero en determinadas ocasiones pasa a ser necesario: la absoluta incapacidad para llevar con dignidad el cargo, para cumplir los mínimos que exige o para no poner en evidencia a quienes representas.

Si ante la sospecha pública de haber violado la legalidad decides dar explicaciones varios días después, si cuando lo haces es a través de una pantalla de televisión, si en rueda de prensa posterior lo niegas todo “salvo algunas cosas”, si a los periodistas les pides que no te preguntes porque estás muy cansado y has dormido poco (especialmente en un país con seis millones de parados y 400.000 desahuciados) o si proclamas tu inocencia con una declaración de IRPF que no coincide con lo declarado en el Congreso… debes dimitir. No hay otra opción, ningún otro camino es posible.

Se puede entender que -mal asesorado- se niegue todo en principio, porque ha pasado hasta en las mas altas casas, pero hasta para eso eso hace falta la suficiente dignidad como para hacerlo en persona. Nixon también lo negó, pero lo hizo él, no su reflejo.

Los votantes dicen...
  1. […] antes de que la dama de la guadaña lo eleve hasta la compañía del Altísimo. Pero aquí nadie se da por aludido: en Merkelandia nos tienen calados y ahora es el Frankfurt Allgemeine quien denuncia —vía […]

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