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El ‘affaire’ Solbes


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Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.


Escrito el 5 de diciembre de 2013 a las 12:56 | Clasificado en Nacional

Un problema generacional y un enfoque distinto del ejercicio del poder provocó la falta de química entre Zapatero y Solbes.

Zapatero y Solbes, en abril de 2008 (Moncloa)
Zapatero y Solbes, en abril de 2008 (Moncloa)

El enfoque escogido por Pedro Solbes para vender sus ‘recuerdos’ ha provocado indignación entre exmiembros del Gobierno de Zapatero, algunos muy cercanos al expresidente y otros no tanto.

Conviene recordar la secuencia de los acontecimientos: Solbes adelanta en El País un extracto de su libro, a modo de artículo, en el que manifiesta que él predijo la crisis que se nos venía encima, que lo notificó al presidente del Gobierno y que éste, temiendo el coste político que supondrían las recetas propuestas para atajarla, prefirió no hacer nada. Un problema generacional y un enfoque distinto del ejercicio del poder provocó la falta de química entre ambos políticos.

Vender el libro fue el pistoletazo de salida de un circo mediático al que, dicho sea de paso, el exvicepresidente no está acostumbrado, pero, paradojas, ahora protagoniza y provoca. Entrevistas en radio y televisión, una rueda de prensa… Solbes está en el centro del huracán que el mismo conjura y, cuya motivación -para algunos la verdad, para otros revanchismo con mentiras-, tiene como obvio eje motor el de vender su libro. Algo por otra parte lógico.

El detonante central de la tormenta fue el artículo en El País Semanal, donde en un alarde de defensa de la tesis sostenida por el también excomisario europeo, se afirma sin tapujos que Solbes protagonizó una “sonora dimisión” por culpa de sus choques con Zapatero, un intento burdo de falsear los acontecimientos ya que, como el mismo diario narró para sus lectores en su día, el relevo en la cartera de Economía se llevó a cabo en una crisis de Gobierno general en la que Solbes fue, quizá, el personaje menos relevante. Ni fue dimisión ni fue sonora.

Los choques de Solbes con Zapatero eran, en realidad, un conflicto generacional, una mala relación con el estilo de Gobierno del presidente, mezclado con un anquilosado hábito del excomisario por una forma de ejercer el poder que se le quedó grabado a fuego durante su etapa con Felipe González  y posteriormente en Europa. Un estilo vertical, en el que el escalafón de mando es no sólo un título con más glamour, sino un rigor que se debe cumplir a rajatabla. Como se puede percibir en esta entrevista, Zapatero tenía un estilo más particular. Armado con su teléfono móvil, despachaba sin rigores ni concierto con los ministros, e incluso con secretarios de Estado, a cualquier hora y en cualquier lugar.

Con este sistema sin precedentes en el devenir rutinario de la política española, puentear a Solbes estaba a la orden del día. Su receta estrella, por la cual había conseguido fama y renombre tanto en la última etapa González como en su sillón de comisario, fue el rigor y el equilibrio presupuestario. Recortar gastos y decir que no a todo aquel que quisiera poner en marcha una medida que supusiera más dinero. Por eso, y tal y como ha recordado el propio exvicepresidente estos días, le sorprendió mucho, nada más llegar, que los ministros quisieran cumplir el programa electoral “el primer día”. Y le faltó añadir que entre esos ministros y él, Zapatero les daba la razón a ellos.

En circunstancias normales, este choque en la forma de ver el poder y su ejercicio, hubiera conducido a una renuncia o cese más o menos discreto, como el que protagonizó la primera ministra de Educación de Zapatero, María Jesús San Segundo. O, ese mismo día, el ministro de Defensa José Bono. Ambos casos, discreto y sonoro, dos años después de ser nombrados. Pero Solbes decidió, pese a la mala química, continuar en el cargo.

En su turné por los medios, Solbes alega que, por escrito, le remitió a su jefe un papel con lo que había que hacer para frenar la crisis. El papel de la discordia, cuya recepción ha sido negada por Zapatero a través de su entorno, recogía medidas concretas para evitar el hundimiento de la economía. El afectado, después de liar la que ha liado, asegura que no piensa filtrar el dichoso informe ni sacarlo a la luz por lealtad al presidente (sic), pese a que esa revelación supusiera un espaldarazo a su versión de los hechos, vista en retrospectiva como un ajuste de cuentas.

Ante la ausencia de declaraciones que mediaran en el conflicto por parte de la actual cúpula dirigente del PSOE (lo que se podría interpretar como una aceptación de la tesis Solbes) el entorno que trabajó codo con codo con el exlíder socialista salió en defensa de Zapatero. Aquí, en un artículo, habla la exdirectora general de comunicación, Angélica Rubio. Posteriormente, fue el exministro Miguel Sebastián y, en Twitter, el exdirector de la Oficina Económica del presidente, David Taguas. Los dos primeros, íntimos de Zapatero. El tercero ya no tanto.

¿Habrá respuesta? ¿Habrá un siguiente capítulo? Algunos pueden sospechar que el famoso informe de Solbes, donde advertía al presidente de los “graves desequilibrios de la economía española”, está a punto de ver la luz. Pero tendrá que ser con membrete, con fecha de salida y registro. Si no, creeremos que ha sido postfabricado…

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