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El bipartidismo resiste


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 5 de noviembre de 2012 a las 8:51 | Clasificado en Nacional

A pesar de la caída en votos de los dos grandes, la ausencia de alternativas claras parece garantizar la pervivencia del bipartidismo.

Bipartidismo (Fuente: Flickr)
Bipartidismo (Fuente: Flickr)

El problema común de todos los debates políticos actuales -salvo en Cataluña donde el asunto del independentismo parece querer ocultar la gestión del Govern- es la ausencia completa de alternativa política. Le pasa al PSOE, que  está chocándose contra una pared mientras acusa a los ciudadanos de haber movido la puerta de sitio, y aumentando el foco vemos que ocurre lo mismo con el tan nombtado y difamado bipartidismo, que no deja de perder apoyos mientras se mantiene como única vía real. Una paradoja de la inacción.

No hay alternativa a este modelo mientras no se estructure desde la ciudadanía un canal de respuesta real a este dilema por lo que, de no ocurrir, cabría concluir que realmente no existía ni existe una verdadera voluntad por parte de la mayoría por romper este ‘monopolio de poder’ y que, en realidad, estamos ante una ciudadanía reclamando cambios a ese bipartidismo sin que ello suponga la eliminación absoluta.

Tampoco es legítimo hablar estrictamente de bipartidismo en España puesto que, desde 1989, el único que ha dispuesto de mayorías absolutas y sólo en dos ocasiones ha sido el Partido Popular, pero dado que efectivamente hemos asistido a un turno pacífico entre dos fuerzas, la consideración es esencialmente válida. Más aún cuando a pesar de que ciertas minorías han tenido un gran peso político (nacionalismos) el resto de opciones políticas ha estado siempre fuera de la posibilidad de decisión.

Muchos dicen que estamos actualmente ante el fin de este sistema, basándose en que tanto PP como PSOE llevan varias elecciones bajando en votos totales recibidos. Quienes lo afirman no están mintiendo, pero olvidan que los cambios necesitan de dos elementos esenciales y aquí sólo se cumple uno. Tan necesario es el descenso del sistema vigente como del surgimiento de uno alternativo, espontáneo o conducido.

¿Cuál es la alternativa?

En España la segunda parte del proceso esencial del cambio no aparece y hay dos factores que hacen presumir que estamos lejos de dicha materialización.

Los votos perdidos por los dos grandes partidos se está moviendo hacia los mismos espacios donde se llevan refugiando años. En el caso del PSOE hacia IU, de donde luego han vuelto sin demora cuando la llamada del voto útil para provocar un cambio ha sido creíble (basta con ver los resultados de 1993, 1996 y 2004) y en el caso del PP hacia una mínima abstención o aumento simbólico de su voto en blanco.

Por la derecha no surge una alternativa y el peligro que podía suponer a medio plazo para el Partido Popular la aparición de un rival teóricamente sin ideología como UPyD no logra materializarse fuera de las grandes ciudades -especialmente en Madrid- por lo que muchos no dudan en denominarlo como un partido regionalista.

Por la izquierda,  IU tendría que hacer un esfuerzo titánico para fidelizar el voto que le está llegando nuevamente desde el PSOE (para lo cual no debería dejar de recordar controvertidas decisiones del PSOE como la reforma de la Constitución, la apertura de la Reforma Laboral o los rescates bancarios), pero igual de cabreado estaba probablemente el voto que huyó del PSOE en 1993 y 1996 y volvió cuando fue necesario en 2004. Eso sí, tras una renovación del PSOE que ahora no parece llegar y que podría hacerle perder definitivamente esos miles de votantes.

El problema en todo caso es mayor (con estos actores que acabamos de citar ya hemos vivido estas situaciones y como comprobamos no se ha producido ningún cambio en el sistema bipartidista) y aquí radica la fortaleza del bipartidismo: las nuevas fuerzas políticas o no terminan de nacer o no logran despegar.

El voto del descontento

La negativa del movimiento 15M a organizarse como partido político fue quizá la mejor decisión para la superviviencia del movimiento, pero la peor para tratar de cambiar el sistema -al menos a corto y medio plazo-. Su opción de no materializar el descontento en votos hacia una formación política nueva, que si hubiera conseguido movilizar ese voto sin lugar a dudas hubiera tenido representación, provocó un aumento de votos nulos, votos en blanco y abstenciones que no hacen más que favorecer precisamente al sistema bipartidista y actualmente al Partido Popular, encantado de ver cómo sus nueve millones de votantes fieles pasan a ser cada día un porcentaje mayor de los votos emitidos reforzando su peso.

A su vez, otras opciones que inicialmente podían tener una gran repercusión, finalmente han quedado fuera de las instituciones, por lo que se constata la inexistencia de una opción para desbancar ese bipartidismo que, a pesar de ser el germen de muchos males de nuestra democracia -especialmente los referidos a representación, participación y transparencia-, no motiva lo suficiente para provocar su sustitución.

Esto significa que, salvo que expliquemos esta falta de alternativa por pereza de una sociedad dormida -que tampoco es incompatible-, la ciudadanía está esperando que los avances democráticos necesarios, listas abiertas, control parlamentario, fiscalización de cuentas, transparencia y un inmenso etcétera, lleguen por una reflexión desde los grandes partidos a los que están asfixiando, económicamente incluso en el caso del PSOE, para que no dilaten más estos cambios.

Puede ser sin lugar a dudas un último aviso, desesperado y parece evidente que el destinatario de estas “súplicas” es más el PSOE que el PP, por coherencia ideológica y por la base de votos de cada uno de los dos que se ha movido. Así, en buena medida, está en manos de los socialistas promover estos cambios o -efectivamente- terminará materializándose una alternativa que les abocará a la nada y que como muestran los datos no es la voluntad primera de los votantes.

Si la incapacidad de cambio del PSOE les lleva a la extinción y aparecen varios partidos fuertes con capacidad para superar los obstáculos de un sistema electoral de reparto de escaños que premia la concentración de votos y lograr así minimizar el voto cautivo del PP, entonces habrá un modelo diferente al bipartidista. Si se sustituye al PSOE por otro, el bipartidismo seguirá intacto mientras la derecha capitalice como hasta ahora sus votos.

Los votantes dicen...
  1. Monchovilla dice:

    Tienes razon, pero el problema es mas profundo y lo tenemos como ejemplo en Patxi Lopez ( no por nada sino que la noticia ha saltado estos dias), es un señor que no tiene preparacion ( no termino ni el primer año de carrera), pero viviendo a a la sombra del partido exclusivamente, ha llegado a Lendakari ( que esta muy bien , por ser un cargo politico) pero sin embargo se ha blindado al perder las elecciones con una pension desorbitada. ASI NO VAMOS A NINGUN SITIO , Y CADA VER ESTAMOS MAS CABREADOS

  2. Álvaro Martínez dice:

    En Chile el bipartidismo está destrozando el sistema político. Cada día los chilenos tienen menos interés de participar

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