¿Muere el aparato?

En las últimas semanas, los cambios son de vértigo ¿Los días del aparato están contados? En Twitter, no sin cierta sorna, se hace recuento de los cadáveres que tras el 25M nuestro país está dejando por el camino: Rubalcaba, el Rey Juan Carlos, la selección Española… Consecuencias de la irrupción “del de la coleta”.  En este relevo generacional ultrarápido que ha estallado tras unas aparentemente irrelevantes elecciones europeas, quizá el próximo en la lista sea uno de los grandes males de la política española. El gran Satán de los partidos: el aparato.

Uno de los ejes comunes de la crítica a la clase política española, desde el análisis de César Molinas, el enfoque económico de Luis Garicano o el inspirado en Bauman del escritor Antonio Muñoz Molina, es la “mala praxis” de las cúpulas de los partidos políticos. Una organización humana compleja necesita personas que la dirijan, y mecanismos de nivelación que la controlen.

Sin embargo, uno de los frutos de ese consenso de la transición del ’78 fue la producción legislativa de una normativa que, de facto, edulcoraba esos mecanismos de compensación y fortalecía las estructuras orgánicas de los partidos, con el poco disimulado objetivo de facilitar su extensión y crecimiento. Y quizá fue buena idea como receta para un país que durante 40 años había vivido bajo la égida de esa máxima del dictador de “haga como yo y no se meta en política”.

[do action=”ladillo”]Sin aparato, 1,2 millones de votos[/do]

Ahora, otros 40 años después, un partido político, Podemos, pasa de la inexistencia como organización, sin aparato, a conseguir 1,2 millones de votos en pocos meses. Y el hecho de que ese hartazgo ciudadano ante la clase política tradicional alumbrada en el ’78 sea una evidencia se refuerza en el propio discurso de la nueva formación, cuyos ejes programáticos de fondo difieren poco o casi nada con Izquierda Unida.

Las diferencias esenciales se han visto en las formas, en la credibilidad del emisor, en la habilidad mediática de introducir con éxito una crítica creíble a los usos caducos otrora necesarios. De ahí el campanazo del término “casta” como bisagra ilimitada de todo tipo de eslóganes que cristalizan a la perfección el cabreo del público con sus representantes.

Los partidos clásicos no tienen un problema de ideología (que quizá también), sino de credibilidad y empatía. Cuando las cúpulas de los partidos políticos, todopoderosas, se transformaron en “aparato”, comenzó la metástasis de un virus silente ahora al descubierto por efecto de la crisis económica. El aparato degeneró en mecanismos de rendición de cuentas políticas ante sí mismo y no ante la ciudadanía.

[do action=”ladillo”]Pongo la mano en el fuego[/do]

Cuando un escándalo de corrupción asaltaba los medios de comunicación, la sucesión de “pongo la mano en el fuego por…” era previsible. El mensaje iba dirigido a las filas propias, que debían quedar prietas. Aguantar hasta que escampe. El motivo era sencillo: el aparato configuraba las listas electorales y la distribución de cargos orgánicos como fruto de negociaciones bajo cuerda, generalmente en los congresos, hasta altas horas de madrugada, hasta configurar poderes ejecutivos que respondían a cuotas de tal o cual familia, sector o ámbito.

La selección de las personas responsables de dar la cara en los puestos de relevancia respondía a esa negociación, y al difícil equilibrio que la sustentaba. Lo que se podría defender como una integración de distintas sensibilidades dentro de una organización compleja se acababa convirtiendo en un reparto de personalismos que, y aquí está la clave donde germinó el cabreo ciudadano, fue exportado rápidamente a las instituciones públicas.

El profesional de la política no es negativo en sí mismo, lo que es negativo es la generación de profesionales del aparato, habituados al reparto de puestos y pactos de cuota que, al invadir el ámbito de las instituciones públicas, hace que un diputado, ya sea nacional o regional, viva totalmente ajeno a la rendición de cuentas ante la ciudadanía. Lo hace ante el grupo reducido de personas que le han situado en ese escaño. Esos diputados, sumados uno a uno en mayorías, generan la legislación que gobierna nuestras vidas.

[do action=”ladillo”]Generalización injusta de la clase política[/do]

La generalización es injusta, demagógica y poco científica: no todos son iguales. Pero la poca o ninguna estupefacción ante el hecho de que, por ejemplo, en la Carrera de San Jerónimo haya miembros del Congreso cuya actividad parlamentaria es nula y que se sabe con asumida tranquilidad que es porque ejerce otra labor en otro sitio, es un ejemplo de malos hábitos que ya ni se consideran un escándalo.

En el otro extremo de esta manera de operar nos encontramos a un presidente de Red Eléctrica de España, con un sueldo de cientos de miles de euros anuales, cuya responsabilidad anterior fue ser Alcalde de Tres Cantos (su sueldo no responde, por tanto, a que es un lince del sector cuyo fichaje requiere un alto precio). Y, a medio camino, los puestos en organismos reguladores de competencia, energía, telecomunicaciones, Consejo General del Poder Judicial, Tribunal de Cuentas, y la normativa en el BOE derivada de los grupos de presión empresariales, cuya actividad, lícita, se desarrolla en la mayor de las opacidades. En la época de bonanza esta desconexión no era un problema. Ahora es la causa de todo.

[do action=”ladillo”]En fase mariana[/do]

La llegada del cataclismo ha permitido cuestionarse si había llegado el fin del bipartidismo. El Partido Popular, agarrándose a su monumental mayoría absoluta y a un presidente del Gobierno que prefiere la espera a la audacia y que confía en el paso del tiempo como el gran ‘curator’ del mobiliario político, permanece inmóvil, como el rostro de esos personajes que, en las películas, tras haberse oído un disparo, no sabes si ha sido él el que lo ha recibido, si está a punto de caer o no, y durante unos segundos su rostro no debe de comunicar nada, y menos aún dolor, para facilitar así el suspense.

En el caso del PSOE, sin embargo, los nefastos resultados del 25M han provocado una apertura en canal de la organización. Tras una grotesca conferencia política cuyo mantra era “no es un problema de personas sino de propuestas” y que tuvo como conclusión final que el PSOE había vuelto, las elecciones europeas insistieron en que las buenas ideas o las propuestas eficaces no sirven de nada si el que las presenta tiene poco a nula credibilidad. Sí era un problema de las personas.

Sin embargo, al igual que los seres humanos, las entidades colectivas también son reticentes al suicidio. Y en un intento por perseverar en el error buscando el éxito, el aún secretario general del PSOE informó a los ciudadanos de que, tras el ‘domingo negro’, la solución era un Congreso al más puro estilo de aparato, para elegir, a la vieja usanza, una nueva cara de la organización. Y de nuevo la maquinaria de bulos, filtraciones, intoxicaciones y demás, propias de convulsiones internas, se puso en marcha.

[do action=”ladillo”]Rubalcaba decapitado[/do]

La conclusión, todo off the record, era que la presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, había decapitado a Rubalcaba y, con paso firme, caminaba hacía un congreso clásico para auparse con todo el poder. Tras este paso, su ratificación en unas primarias abiertas en noviembre, si es que surgía algún candidato y llegaban a celebrarse, sería pan comido. El aparato, unido, jamás será vencido.  Y de nuevo, se imponía la tesis de que todo esto que estaba ocurriendo era algo temporal, una desafección gripal que con el tiempo acabaría pasando. En esa ficción entraba en juego que el PSOE en Andalucía había, pese a perder apoyo popular, superado al PP.

Asumida la idea, uno de los entonces hipotéticos contendientes a esas primarias de noviembre, Eduardo Madina, plantea que ese congreso extraordinario se celebre con el voto directo de todos los militantes, fórmula a la que ningún barón ni líder orgánico osaría negarse. Pero como el aparato es mucho aparato, la reacción ante semejante propuesta es la de una cascada de apoyos a la idea asumida de un liderazgo en torno a la líder socialista andaluza, pese a que eso suponía, indirectamente, deslizar reticencias a la vía Madina y a un proceso aperturista.

Al parecer, uno de esos bulos -que el diputado vasco era un títere del políticamente más que muerto secretario general, quien quería mantener el cargo-, había calado entre los líderes regionales. Y, al más puro estilo mesa camilla, había que poner toda la carne en el asador para impedir semejante tropelía.

[do action=”ladillo”]Todos somos anti-aparato[/do]

Con el paso del tiempo, sin embargo, y con las aguas más calmadas, la confrontación entre Eduardo Madina, Pedro Sánchez, José Antonio Pérez Tapias y Alberto Sotillos ha derivado en un interesante proceso por presentar al cuerpo electoral, los 200.000 militantes del PSOE, quién de ellos es menos aparato que el otro. Menos orgánico y menos Ferraz. Las filtraciones y las intoxicaciones, tanto en papel como en digital, caminan en la dirección de dibujar al contrario, fundamentalmente Madina y Sánchez, y viceversa, con más apoyo de viejas glorias, exministros y demás.

Algo inédito, puesto que en la cultura interna de la organización siempre ha sido lo contrario, en la asunción de que el militante vota lo que le diga el jefe o líder de turno que tiene que votar. Y las filtraciones de que tal o cual barón apoyaba a tal o cual candidato se esperaban como agua de mayo por los fans de los contendientes, o se calculaban en el tiempo para conseguir adhesiones planificadas en calendario.

Este paso, la eliminación del factor cúpula en la elección de los rostros de un partido, y la utilización de factores externos como la búsqueda del talento, la credibilidad y la habilidad expositiva (clave en el éxito de Podemos) es fundamental. Y sólo una apertura al criterio de la mayor gente posible permitirá no sólo facilitar un rostro nuevo, generacionalmente parejo, sino la configuración de clases ejecutivas que respondan al compromiso de miles de personas que han depositado su confianza.

[do action=”ladillo”]¿Apertura tardía?[/do]

Y, a la inversa, una vez que los ciudadanos con talento y motivación política vean que efectivamente es así, se replantearán su rechazo a formar parte de esas estructuras políticas que ahora consideran, quizá generalizando injustamente, que están viciadas por relaciones endogámicas exentas de autocrítica y desbordadas de favores pactados y pendientes. Dicho lo cual, los efectos de esta apertura tardarán muchos años en apreciarse, si no es que llegan tarde. Y, por otro lado, su éxito, de producirse, contagiará inevitable al otro partido afectado, el PP, cuya pérdida de credibilidad es igualmente abrumadora y que, cuando deba lidiar con semejante crisis, reclamará igualmente un proceso parecido.

De eso, de volar por los aires la cultura de aparato y establecer una rutina de primarias abiertas permanente, conectadas con la ciudadanía, discurre el trazado discursivo de esta vía de salvación socialista. El tiempo dirá si realmente eso es lo que quieren los militantes ahora en julio o los simpatizantes también en noviembre. Y al igual que ocurrió con Adolfo Suarez, un tipo del régimen franquista que acabó con el régimen franquista (al tiempo que acababan con él mismo), tiene cierta lógica que el encargado de hacerlo sea precisamente alguien que ha vivido de esa cultura, que es consciente de sus vicios y de sus extralimitaciones.

Las incógnitas son, no obstante, muy diversas. El que acabe llevando las riendas de los socialistas ¿cumplirá con esta demolición o al final todo será más de lo mismo? y, sobre todo, ¿esta vía llega ya tarde para salvar las siglas del PSOE de su destino gemelo al del PASOK griego? ¿Los militantes simplemente van a elegir en plena travesía a un nuevo capitán para el Titanic?

Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.

Un comentario sobre “¿Muere el aparato?

  • el 27/06/2014 a las 21:40
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    Este debate me recuerda al organizado durante el congreso en que fue elegido Zapatero, y el resultado fue mas de lo mismo, al fin y al cabo son personas del “aparato”. Esto se arrastra desde que el laxo Felipe González y su camarilla renunciaron a la ideología del partido, en beneficio propio, los ciudadanos les importan nada.

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