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El nuevo traje del emperador


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 11 de noviembre de 2013 a las 8:02 | Clasificado en Nacional

El PSOE termina su Conferencia Política sin haber resuelto el verdadero problema que le ha dejado sin miles de sus antiguos votantes y militantes.

Rubalcaba,Elena Valenciano y María González. Flickr María gonzález Veracruz
Rubalcaba,Elena Valenciano y María González. Flickr María gonzález Veracruz

El PSOE está mejor hoy que el jueves pasado porque parece más PSOE. Las propuestas ideológicas realizadas en la Conferencia Política han reorientado la brújula del socialismo, como ha dicho Tomás Gómez, hacia unos titulares en prensa que están más en sintonía con sus siglas que las que venía ofreciendo hasta ahora.

Una Reforma Fiscal para dejar exentos de pago de IRPF a los que ingresen menos de 16.000€, la apuesta por la creación del derecho ciudadano al agua y la energía, la imposición de que deban dimitir los cargos que sean procesados, que no se pueda dar una circunstancia de duplicidad de sueldos, revisión de los acuerdos con la Santa Sede, transparencia y participación y alguna propuesta más definen un PSOE más vinculado al lugar donde dicen estar ideológicamente sus votantes (Pg 14), a pesar de que haya excepciones que pidan giros en dirección contraria, como hace Miguel Sebastián.

Apoyado en estas propuestas, Rubalcaba no ha dudado en declarar que “el PSOE ha vuelto” -reconociendo que no estaba hasta hace un par de días- pero olvidando la letra pequeña de esta Conferencia Política que pone en duda que todas estas propuestas terminen por ser parte del programa electoral del PSOE y que además han profundizado poco en los cambios orgánicos, aprobando sólo unas primarias abiertas que ya estaban aprobadas en el Congreso de Sevilla.

En las primeras páginas del documento marco de la Conferencia se leía lo siguiente:

La Conferencia no elabora resoluciones. Las resoluciones las aprueba el Congreso del PSOE. La Conferencia aborda temas de actualidad y aporta reflexión y orientaciones a la política socialista. Establece grandes propuestas y razonamientos y define una agenda ideológica para los próximos años. Pero sus textos no son mandatos imperativos para la acción política del Partido. La Conferencia tampoco elabora el programa electoral. El programa electoral lo aprobará el Comité Federal.

Es decir, las resoluciones de esta Conferencia ni son vinvulantes para el futuro programa electoral ni tienen capacidad para modificar las estructuras del partido, pues todo quedará en manos del Comité Federal, exactamente como ya estaba antes de la Conferencia. Tampoco se han aprobado mecanismos de control para que esas propuestas ideológicas, que suponen ese giro a la izquierda, se materialicen y se pueda hacer vigilancia de su cumplimiento.

Es decir, no se ha resuelto el verdadero problema del PSOE que es su total falta de credibilidad entre la ciudadanía en general y sus exvotantes en particular porque ante la propuesta de revisar los acuerdos con la Santa Sede -algo que el partido ha prometido en numerosas ocasiones pero que nunca lo pone en práctica cuando gobierna- el votante se preguntará ‘¿Van a cumplir esta vez?’ ‘¿Tengo alguna forma de controlar que cumplan la promesa una vez les vote?’ o ‘¿Tiene el PSOE mecanismos de control para asegurarme que si les voto tendrán que cumplir lo prometido?’

La respuesta negativa a las dos últimas preguntas deja al PSOE exactamente donde estaba, sin el voto que había perdido. Una situación que empeora al comprobar que los líderes que están formulando estas nuevas promesas son los mismos que ya estaban durante todo el proceso de hundimiento de la credibilidad del partido.

La Conferencia ha sido por tanto un escaparate público de buenas intenciones y de un PSOE liberado para aprobar propuestas sin el miedo a tener un compromiso vinculante para tener que cumplirlas, lo que supone haber diseñado un nuevo y costoso traje al emperador para que siga igual de desnudo.

Al no atajar el principal problema del PSOE, que es la falta de credibilidad que tiene la ciudadanía hacia el partido, estas propuestas quedan como buenas intenciones y como el reconocimiento público de que el PSOE no estaba a la izquierda. Difícilmente podrá traducirse en una recuperación electoral cuando no ha cambiado nada que haga ver a la ciudadanía que ahora sí se van a cumplir dichas promesas cuando hasta ahora -con las mismas estructuras- no sólo no se han cumplido sino que a veces se ha hecho incluso lo contrario.

El PSOE ha gastado así un cartucho con menos efectividad de la que debería y de la que la militancia había decidio darle. En el Congreso de Sevilla la militancia aprobó celebrar una Conferencia de Organización para debatir todas las reformas orgánicas que entendían necesarias entre las que se incluían las listas abiertas, los procesos revocatorios, los referéndums vinculantes, la elección de los secretarios generales por voto directo, el modelo de primarias y un extenso etcétera que en este caso sí iba a generar los mecanismos de control para que pudiera ser de nuevo creíble el partido. Esta Conferencia se eliminó, violando el mandato del Congreso, y su contenido se integró en la recién celebrada Conferencia Política, pero absolutamente diluida.

Efectivamente el PSOE ha logrado este fin de semana portadas y directos televisivos donde ha podido mostrar propuestas netamente de izquierdas, pero no ha generado ninguna dinámica interna para que ese giro se materialice.

La excepción son las primarias abiertas que, aunque ya estaban aprobadas, ahora tienen ya establecido el número de avales necesarios para presentarse (5% de la militancia) -se sigue sin saber el número de militantes actualizado- pero que no tienen calendario ni formato, puesto que sigue sin definirse con claridad, por ejemplo, si habrá debates entre candidatos.

Por tanto es indudablemente una mejora de imagen en el corto plazo, pero que puede tener nefastas consecuencias si no se acompaña de la reforma orgánica que necesita el PSOE (como todos los partidos políticos tradicionales en España) porque el votante podrá comprobar en breve si efectivamente ha sido un maquillaje de lujo o si de verdad era el inicio de un cambio.

En cualquier caso hay que negarle la mayor a Rubalcaba pues el PSOE no ha vuelto. Como mucho sigue pudiendo llegar a volver, porque todavía no ha tocado ni reformado aquello que le sumió en la actual situación: haber dejado de ser una herramienta fiable para la ciudadanía para ver representada su voluntad en el Parlamento.

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