Después de digerir la noticia de la abdicación del Rey se abren varias incógnitas con resultados inciertos. El pasado lunes el presidente del gobierno, Mariano Rajoy, anunció, en una escueta comparecencia en La Moncloa, que el Rey dejaba el trono, que abdicaba en favor de su hijo, el príncipe Felipe, que pasará a ser Felipe VI desde su coronación.

Sin embargo, no sabemos cuál o cuáles han sido los motivos que han llevado al monarca a tomar esa decisión. No sabemos si responden a temas estrictamente de la Corona, personales o políticos. Lo cierto es que desde el pasado lunes son muchos los rumores que apuntan a factores de distinta índole: hay quien dice que el cansancio físico, en los últimos tiempos bastante notable, ha sido una de las principales causas, o el propio debilitamiento de la Corona, tras los escándalos personales y familiares, entre ellos el caso Noos, por el que está implicado el yerno del rey, Iñaki Urdangarín.

En este punto se abre una de las grandes diferencias. Cuando un Gobierno cesa sus funciones, adelanta las elecciones o modifica su consejo de Gobierno, es lógico que los motivos y razones trasciendan a la opinión pública, que sus ciudadanos y votantes sepan la realidad de los hechos y puedan formarse una opinión al respecto. La escasa trasparencia de la monarquía hace que la sociedad actual se esté alejando de esta institución, de la que últimamente sólo trascienden escándalos relacionados con la vida privada de sus miembros. Quizá es por ello, por lo que, entre otras razones, miles de personas salieron a la calle el pasado lunes para pedir que se les consulte cuál es la forma de Estado que prefieren y quién debe estar al frente de él.

Pero no sólo se ha reabierto el debate sobre monarquía o república, hay otros aspectos que están en el punto de mira. Después de la abdicación, el Rey Juan Carlos I seguirá siendo Rey. Su sueldo será el que decida su hijo, su residencia seguirá siendo el palacio de la Zarzuela y se está estudiando su condición jurídica, que casi con toda seguridad será de la aforado, con lo que obtendrá beneficios en materia de Justicia, como otras 10.000 personas en nuestro país, un número que por cierto es bastante más amplio que en el resto de Europa.

El Gobierno lleva tiempo trabajando en ello, como ha asegurado Soraya Sáenz de Santamaría, que ha matizado que aunque vaya a haber un periodo mínimo de tiempo en el que Don Juan Carlos no obtenga esta condición de aforamiento, la Constitución le otorga la inviolabilidad por lo que no podría ser juzgado por los años en los que ostentó la jefatura del Estado.

Así están las cosas. El siguiente paso será la votación de la ley de abdicación, algo que se hará el próximo miércoles en el Congreso y en voz alta, a petición de IU  y el grupo Mixto,  que quieren ver quién vota a favor y sobre todo en contra, especialmente en la bancada socialista. Desde el PSOE, el eurodiputado, Ramón Jaúregui, ha manifestado su deseo de que el voto sea unánime, algo que también ha apuntado la portavoz parlamentaria, Soraya Rodríguez, que ha calificado al partido socialista de tener “alma republicana en un cuerpo constitucional”. Tras esto, comenzará el reinado de Felipe VI.

Publicado por Cristina Puebla

Periodista, en la actualidad en la web de elEconomista, antes en la Cadena Ser (Hora 25) y en política en Europa Press

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1 comentario

  1. Cuando Zapatero adelantó elecciones en 2011 los motivos eran claros, pero lo que dijo fue que era para garantizar la estabilidad politica y economica. No dista mucho del comunicado del rey.
    Se le da mucho bombo a los escándalos, y con razón, pero también se le da muy poca relevancia a las ayudas a empresas españolas a conseguir contratos multimillonarios: ej el AVE a la Meca, 6.700 millones de euros.

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