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El voto huérfano en España


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Ángela Paloma Martín

Documentalista y Periodista. Máster en Comunicación Política por la Universidad de Navarra & The George Washington University. Asesora de comunicación en Ideograma y editora de C&E en español. Doctoranda en Análisis y Evaluación de Procesos Políticos y Sociales en la U. Carlos III de Madrid cuya tesis está enfocada al liderazgo femenino.


Escrito el 9 de noviembre de 2013 a las 13:05 | Clasificado en Nacional

La convicción de que los políticos no representan a los ciudadanos alcanza a un sector importante de la sociedad: el voto ha quedado huérfano, como los ciudadanos.

Urna electoral (Fuente: Wikimedia commons)
Urna electoral (Fuente: Wikimedia commons)

Así es. Y no es de otra manera por mucho que la incoherencia discursiva nos haga creer en otra realidad paralela. Otra más. “Huérfano“, según la Real Academia de la Lengua es la persona menor de edad a quién se la ha muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre. Es la persona a quien se le han muerto los hijos. Es la falta de algo, y especialmente de amparo. Así se siente buena parte de la sociedad española, desamparada, huérfana, sintiendo que aquellos a quienes votaron no son capaces de proteger sus derechos sin exigirles más deberes imposibles de cumplir por la falta de todo. Los bolsillos de los ciudadanos están vacíos de monedas y llenos de desgana.

El voto huérfano en España crece. Y empezó a notarse ya en las elecciones municipales y autonómicas de mayo de 2011 cuando el PSOE pierde todo su músculo territorial. Más de dos años más tarde, el termómetro social indica que pocos indecisos hay porque aunque no sepan a quiénes irían a votar, lo que sí saben es a quiénes no votarían más.

Así las cosas, buena parte de la sociedad española no se siente representada por quienes hoy gobiernan, empezando por sus municipios, pero no se sienten identificados ni conectan con una fuerza opositora cada vez más débil. Los últimos datos del CIS son reveladores, sobre todo a la hora de analizar el valor que la sociedad le pone a los líderes españoles, que ninguno aprueba, y a la hora de valorar sobre qué partido remonta.  Ojo a esta afirmación de Anabel Díez, “Un sentimiento de injusticia embarga al 88% respecto a los impuestos que paga, y un 66,4% estima que todo lo que paga no le aporta contrapartidas públicas”. El problema de hoy es el problema de siempre: el paro.

El liderazgo político es otra cuestión: ¿Tenemos en España líderes que movilicen, que motiven, que respeten y hagan respetar, que ilusionen y que hagan convencer? En la política española sigue existiendo un problema de liderazgo, pero también un problema de credibilidad en la política y en las instituciones. Y además, un problema de temas de agenda porque la agenda política sigue sin ir al ritmo de la agenda social.

Mientras la sociedad habla de líderes y de primarias necesarias, de ilusión, la política habla de reformas, de recortes y programas por hacer cuyas recetas sabemos que no son mágicas, aunque sí se es consciente de que puedan ayudar. La cuestión es… ¿cuándo?

La inaccesibilidad a la Administración pública, empezando, reitero, por la municipal y la autonómica, es cada vez más preocupante. Y ya ni hablar del silencio Administrativo con el que se les paga a los ciudadanos. Sería importante y de estudio ver la agenda o las citas que nuestros alcaldes o concejales han cumplido a tiempo. Y sería más importante aún estudiar los problemas que han resuelto evitando que se acumularan.

Hay ciudadanos de a pie que han podido saludar antes a un diputado del Congreso o a un senador que al propio concejal de su pueblo. Con esta actitud y con esta pasividad local lo único que se consigue es más desafección aún, más desgana y, cómo no, que la sensación de orfandad crezca en nuestro país. Solos y abandonados se sienten muchos ciudadanos a la hora de resolver las cuestiones relacionadas con la Administración y a la hora de acceder a ella. Pero para solucionar el problema hay que ir al origen del mismo, no evitarlo esperando a que, con el tiempo, venga Dios y lo resuelva.

¿Por qué en la calle se oye el grito de “no nos representan”? Fue una de las preguntas que se lanzaron el pasado 17 de octubre en Madrid en la presentación del libro que acabo de publicar. Y sencillamente ese grito se oye en la calle porque la gente, la sociedad española, no se siente representada por sus líderes. Y continúan gritando porque esos líderes parecen no escuchar a quienes dicen que no están representados por ellos. Oídos sordos frente a una ciudadanía necesitada.

El reto está aquí y comenzó aquí desde el mismo momento en el que nació el sentimiento de la desgana, la incomprensión, la desilusión y la incoherencia.  El reto está en acercarse a ellos, en identificarse con ellos, en conquistarlos a ellos: el voto huérfano.

Los votantes dicen...
  1. […] Publicado en Sesión De Control (12 de noviembre de 2013) […]

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