En manos de Sánchez

Si es consumidor habitual de periódicos o webs con contenido político habrá percibido la omnipresencia del fenómeno Podemos, estas líneas inclusive. Los últimos en llegar han sido poetas y gente de la cultura, artistas que antes hacían lo de la ceja, como Miguel Bosé. El fenómeno crece y prácticamente ya ha llegado a todas partes. Y tras esta expansión social, llega el Centro de Investigaciones Sociológicas y lo constata. Lógico.

Pero pese a que todas las miradas se fijan en el madrileño de la coleta, la clave de la gobernabilidad de España tras el año 2015, el año de Podemos, o que pudimos, se encuentra en la despechada sede socialista de Ferraz, de cuyo partido y centralidad, trabajada desde el exmarxismo socialdemócrata de Felipe, partirán la gran mayoría de los votos sobre los que descansará el fenómeno cuando se haga carne.

Otro madrileño, Pedro Sánchez, cuya erupción política fue un imprevisto total y cuya irrupción como secretario general no estaba en la cabeza de nadie, tendrá la llave de lo que pase en la Moncloa a partir de las próximas elecciones generales. Porque analizando los escenarios posibles o previsibles, el inquilino de la casa socialista aparece como cómplice necesario para cualquier fórmula de ejercicio del poder, que es, al fin y al cabo, de lo que se trata todo esto.

No obstante, cualquier proyección de lo que pueda ocurrir saltará por los aires, o no, según lo que ocurra en las elecciones municipales y autonómicas. Hecha la salvedad, y si el actual líder del PSOE aguanta vivo tras la posible debacle local en marzo, en las elecciones generales es improbable que el PP revalide la mayoría absoluta, pero no es descartable que gane de nuevo las elecciones. Sin embargo, salvo que la fuerza nacionalista de PNV y CiU sea suficiente, el partido del gobierno se despediría del poder y Rajoy pasaría a ser el segundo presidente de la historia de una legislatura. Sólo Calvo Sotelo le superaría en brevedad.

[do action=”ladillo”]La gran coalición[/do]

En este escenario habría dos hipótesis consecuentes: que el PSOE supere a Podemos o que Podemos supere al PSOE. Estos son, a día de hoy, los dos panoramas más probables y en ambos la clave es Sánchez ¿Qué hacer? Una primera opción podría ser el abrazo de la gran coalición, una maniobra política que según los rumores recurrentes estarían impulsando las grandes empresas del Ibex-35 y la Casa Real.

Un Gobierno de PP y PSOE a la alemana que permita otros cuatro años (u ocho si hace falta) de estabilidad institucional, dejar atrás los recortes, la crisis, el paro, y que esto facilite el ocaso del ‘suflé Iglesias’, fruto de, parafraseando al portadista de El País, un arrebato de ira ciudadana. Y como todo el mundo sabe, no se pueden tomar decisiones responsables encolerizado.

Así que pasada la ira, siguiendo esta tesis, los ciudadanos recuperarían la cordura, y podremos volver a la normalidad de un bipartidismo imperfecto PP – PSOE, con sus defectillos y tal, ya pasado el cataclismo, en 2019 o en 2023…

Desde el PSOE, los críticos con Sánchez le creen capaz de esta maniobra, que es anatema dentro del partido por considerarse la antesala de su desaparición definitiva, en la estela del PASOK griego.

Por tanto, si el PSOE supera en votos a su inmediato perseguidor recibirá el encargo de formar Gobierno, y sólo podrá llamar a la puerta de Iglesias. Su teléfono ya sabemos por Salvados que lo tiene ¿Impedirían gobernar al PSOE facilitando otra legislatura popular? ¿Qué ofrecería Sánchez para gobernar? ¿Qué exigiría Iglesias para darle su apoyo? ¿Entraría en el Gobierno? ¿Sería un apoyo puntual de investidura? ¿Gobernaría el PSOE en minoría con la pistola de Podemos apuntando en la sien, como Monago hace en Extremadura con IU?

[do action=”ladillo”]Solos en Palacio[/do]

A la inversa la situación para Sánchez se complica, ya que quedar como tercera fuerza supondría, con cierta seguridad, un desplome electoral sin precedentes en el Partido Socialista, lo cual provocaría una réplica del terremoto que acabó con Rubalcaba de igual o mayor potencia y consecuencia. Ahí está Susana Díaz al acecho, si se da el caso, o provocando que se dé. Si es tercera fuerza por detrás del PP sería sinónimo de sangría de votos incompatibles con la vida.

No obstante, de aguantar esta sacudida, en las manos de Pedro Sánchez y de su habilidad para negociar estaría la posibilidad de configurar un gobierno de izquierdas. Una opción sería dejar a Iglesias y sus advenedizos solos al mando del timón, por lo que los socialistas podrían abstenerse o dar apoyo puntual. Ir de la mano del PP en su voto en contra podría ser contraproducente, sería visto como un guiño de gran coalición.

En un pacto más estable, sólo con la vicepresidencia y varios ministerios en manos del PSOE se podría edulcorar el shock de postmodernidad que supondría que un chaval con coleta y que jamás hemos visto con chaqueta sea nombrado presidente de la quinta economía de Europa y decimotercera del mundo. La foto en la escalinata del edificio del Consejo de Ministros tendría a unos con traje y a otros arremangados. Todo un poema de casta y castos. Y todo está en manos de Sánchez…

Joaquín Ortega

Periodista. Participé en el arranque de varios medios digitales informativos y estuve en el mundo de la comunicación y la política, pasando por dos ministerios. También colaboro en la revista GQ.

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