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Política exterior en alquiler


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Asier Martiarena

Soy periodista y escribo en La Vanguardia y Yahoo! después de haberme encargado de la sección de política del diario Metro y de echar a andar en La Voz de Galicia.


Escrito el 25 de septiembre de 2013 a las 8:11 | Clasificado en Internacional, Nacional

Con la diplomacia en horas y bajas, la defensa hipotecada y el desarrollo recortado por la crisis, España fía su peso específico a ser invitado al Consejo de Seguridad de la ONU durante dos años

Imagen de la Asamblea General de la ONU. (Fuente: Wikipedia)
Imagen de la Asamblea General de la ONU. (Fuente: Wikipedia)

La diplomacia, la defensa y el desarrollo marcan la política exterior de un país. Tres focos sobre los que pivotan las relaciones internacionales y que España ha descuidado en los últimos años. Incluso décadas. Porque el peso específico de un país difícilmente varía de un año a otro.

Sin poder económico real, especialmente desde el estallido de la crisis, España lleva años dependiendo de las políticas económicas que marcan en Bruselas. La prueba es que los ministros de Economía y Hacienda acuden a más reuniones en la UE que el propio titular de Asuntos Exteriores.

A eso hay que sumar que España presenta pocos engranajes válidos para aportar ideas y proyectos en los foros internacionales. Las voces autorizadas escasean, y las pocas que hay se reducen al Rey Juan Carlos y al presidente de turno. Con sus errores y aciertos, Felipe González y José María Aznar lideraron una corriente que colocó a España en el mapa. Pero José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy optaron por un perfil más bajo. Mucho más bajo. Y con ello las relaciones diplomáticas españolas son, a día de hoy, casi intrascendentes.

En cuanto a la defensa, las inversiones que España ha realizado en material armamentístico le dejan ahora sin dinero con el que financiar operaciones en el exterior. La deuda de 3.500 millones que cada año, hasta 2025, hay que abonar para costear los nuevos buques, aviones y tanques hará que estos, nuevos y relucientes, queden fondeados en un puerto o aparcados en un garaje. Una gran paradoja.

Y en lo concerniente al desarrollo, España ha pasado de ser uno de los principales donantes del mundo, a liderar la lista de recortes en cooperación. Las ONG han sido unas de  las más críticas sobre este proceso y dicen que no solo se está dejando a 7 millones de personas sin ayuda, sino que España se está quedando sin voz internacional.

La única posibilidad de sacar la cabeza del ostracismo pasa por competir con Turquía –a modo de revancha de Madrid 2020- e intentar conseguir un asiento en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para el bienio 2015-2016. Para explicar mejor las bondades de la candidatura española, el Gobierno ha preparado un folleto que comenzará a distribuir tras la elección en octubre de los países que entrarán en 2014 en el Consejo de Seguridad.

En él, Rajoy defiende la “vocación multilateralista” de España, sus “esfuerzos para preservar la paz y garantizar la seguridad internacional”, su vocación de “lucha contra la pobreza” y los esfuerzos en materia de cooperación “incluso en el actual contexto de crisis”, así como la “promoción de los derechos humanos y la igualdad de género”.

Aún está por determinar el gasto de España para esta operación que, por muy bien que salga, tan solo servirá para alquilar durante dos años un altavoz para la política exterior del país. Pasados esos dos años, España volverá a quedarse muda si no se cimenta una política exterior de consenso que no depende de las siglas del inquilino en Moncloa, como han demostrado en los últimos tiempos los casos de Cuba y Gibraltar.

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