Felipe VI entraba en el Parlamento, sede de la soberanía popular, acompañado de la reina consorte y de sus hijas, y pronunció un discurso plano, más político que social, con pocas emociones, pero con alusiones a quienes “la crisis ha golpeado hasta verse heridos en su dignidad como personas”. Habló de trasparencia, de la carta Magna, de cambios, de renovaciones y de la importancia de la separación de poderes, haciendo hincapié en el poder judicial, del que dijo que había que preservar su independencia.

Junto a él, una sonriente reina consorte, que se mostraba feliz, cariñosa y más cercana que en otras ocasiones, muy pendiente de todo lo que la rodeaba y de sus hijas, Leonor y Sofía que permanecían expectantes a todo lo que sucedía a su alrededor.

En el hemiciclo la gran mayoría de las fuerzas políticas mostraban pleitesía a los nuevos reyes. Diputados, presidentes autonómicos, todos los miembros del Gobierno y la reina Sofía y su hija Elena, éstas visiblemente emocionadas, escuchaban muy atentas las palabras del nuevo rey. Pero en el hemiciclo también hubo algunas ausencias, la primera el propio rey Juan Carlos, visiblemente deteriorado, que sí salió al balcón en el palacio Real, tampoco acudió al Congreso la hija pequeña de los reyes, Cristina, ni lo hicieron los diputados de Izquierda Unida, Esquerra Republicana y Compromís, que de ésta manera reivindicaban un referéndum para elegir la forma del estado.

Una vez  terminado el acto más institucional, los nuevos reyes acudieron al Palacio Real, en un recorrido en Rolls Royce descapotado por el centro de Madrid, ante la mirada de quienes querían ver de cerca a sus majestades. La sonrisa eterna de Doña Letizia y las muestras de cariño constantes acompañaron el paseo a un rey que no cesó de saludar a lo largo del recorrido hasta llegar a la plaza de Oriente.

Después del saludo real en el balcón, y la última estación, las más de dos horas de besamanos, con alrededor de 2.000 personas, entre políticos y representantes de la sociedad civil. Rostros muy conocidos del mundo del cine, como Alejandro Amenabar, de la música, como Alejandro Sanz y varios toreros, además de políticos, escritores y periodistas. Doña Letizia iba comunicando a  sus hijas quienes eran aquellas personas tan importantes que les estrechaban la mano y que para ellas, aún ajenas a la realidad cotidiana, no dejan de ser rostros que pasan desapercibidos. Especialmente cariñosa se mostró la reina con Uxue Barkos, a la que besó y con la que mantuvo una pequeña conversación a la que se unió también el rey.

Y así, mano tras mano, terminó la ceremonia de proclamación, de la que se dice es la más austera de todas las europeas. Como notas negativas, la escasa afluencia de gente en las calles y las detenciones de tres personas por portar banderas republicanas en los aledaños del Congreso, haciendo uso de la libertad de expresión. También la escasa trasparencia del acto, del que no se conocen cifras ni exactas ni aproximadas, pero del que dicen que se ha hecho haciendo gala de la austeridad que el momento requiere.

Tendremos que tener fe y confiar en lo que dicen las instituciones, igual que el nuevo rey, Felipe VI, que en su discurso invocó a la fe ante cosas tan comprometidas como la unidad de España, porque en algo hay que apoyarse. Al fin y al cabo él es rey por la gracia de Dios.

 

Publicado por Cristina Puebla

Periodista, en la actualidad en la web de elEconomista, antes en la Cadena Ser (Hora 25) y en política en Europa Press

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