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¿Feliz aniversario?


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Cristina Puebla

Periodista, en la actualidad en la web de elEconomista, antes en la Cadena Ser (Hora 25) y en política en Europa Press


Escrito el 25 de noviembre de 2013 a las 13:22 | Clasificado en Nacional

Estamos en el ecuador de la legislatura, dos años llenos de luces y sombras en los que el Gobierno no ha parado de adoptar medidas impopulares. Desde que Mariano Rajoy tomó las riendas del país, muchas han sido las decisiones que ha tenido que tomar, algunas, bajo sus palabras, por obligación de Europa.

El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, preside en La Moncloa la reunión del Consejo de Ministros. (Flickr: La Moncloa)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, preside en La Moncloa la reunión del Consejo de Ministros. (Flickr: La Moncloa)

En este punto medio de gobierno se puede ver el vaso medio lleno o medio vacío. El presidente del Gobierno es de los que lo ve medio lleno: ya que ha declarado que las cuentas del estado van mejor, que las exportaciones están aumentando, y que la prima de riesgo ha bajado considerablemente. Se muestra optimista ante el futuro y asegura que este año 2013 cerrará con mejores datos de paro que los anteriores.

Lo cierto es que desde que el PP está en el Gobierno ha aprobado casi todas las leyes de manera unilateral, ejerciendo su mayoría absoluta y sin el apoyo del resto de las fuerzas políticas. En estos dos años, los ‘populares’ han aprobado una reforma laboral, que entre otras cosas, introduce el cambio en los convenios colectivos, en los que se favorece a la empresa y que trae como consecuencia la bajada de los salarios, también despidos más baratos y una disminución de derechos para los trabajadores. En otro apartado queda la supresión de la paga extra a los trabajadores públicos en 2012 y la congelación una vez más del salario para este colectivo.

Además el gobierno subió el IVA en todos sus gravámenes, incluido el IVA cultural, del que Rajoy ha manifestado que no tiene intención de tocar. En sanidad, la ministra Ana Mato, cada vez menos visible, ha aprobado una reforma en la que excluye de la atención a los inmigrantes irregulares e introduce el copado sanitario y farmacéutico. En educación, la polémica LOMCE, que encarece las matrículas y reduce las becas, por no hablar de las polémicas que se han generado en torno a los fondos que recibe el ministerio de José Ignacio Wert, al que han afeado su comportamiento en Europa. Las pensiones, el IPC, la reforma energética, la ley de dependencia, o la del aborto, son medidas que tampoco han pasado desapercibidas para los ciudadanos y que han generado mucha tensión en las calles.

Pero si hay algo que ha marcado en buena parte estos dos años de legislatura ha sido el escándalo de la financiación irregular del PP, encabezada por su extesorero Luis Bárcenas, que le ha estallado en las manos al partido del gobierno y que no ha sabido gestionar, a merced de las declaraciones, las comparecencias y las actuaciones que se han sucedido en Génova 13. Todo el partido ha cerrado filas en torno a Rajoy y ha defendido la honorabilidad del partido, señalando con el dedo a Bárcenas como único culpable, al que ahora llaman ladrón, delincuente y mentiroso. Toda esta polémica le ha afectado mucho al partido del gobierno, y le ha restado credibilidad entre los ciudadanos y los propios votantes.

Al otro lado se sitúa el partido socialista, al que el 20N dejo muy tocado y casi hundido. El PSOE empezó ausente y tímido la legislatura en la oposición, sólo defendiéndose del argumento de la herencia recibida, tan pronunciado por el PP, y sin ejercer una oposición fuerte, como si asumiera que era parte del problema y estuviera deslegitimado por sus propios votantes. Perdió 59 escaños y se quedó en su peor registro desde que se instauró la democracia, con 110 diputados. El escándalo Bárcenas despertó a los socialistas, que comenzaron una campaña más activa en cuanto a oposición se refiere, rompiendo así con los acuerdos que habían pactado con el PP.

Más centrados en su Conferencia política, ahora parece que han sentado las bases de su nuevo proyecto político y ejercen de esa manera una oposición más activa. Otro asunto el problema que les acarrea las elecciones primarias, que eclipsan casi todas las comparecencias de los socialistas: en Ferraz se quejan de que sus mensajes no llegan a la ciudadanía, porque la atención solo está puesta en quien será el que se presente a secretario general del partido.

Y esto es algo que se ha fomentado desde fuera, pero también desde dentro del partido. Tomás Gómez no dudó en convocar una “conferencia paralela” a la Conferencia política en la que pretendía convencer a sus colegas de la necesidad de fijar una fecha próxima a febrero de 2014, y despejar así las dudas sobre quién será el candidato. El alcalde de Toledo, Emiliano García- Page, otro de los dirigentes que ha mostrado su deseo de celebrar ya las primarias, ha manifestado que no cree que Rubalcaba se presente. El expresidente Felipe González ha dicho que Rubalcaba debe saber si es parte del problema o de la solución. En todas las casas cuecen habas.

La buena noticia es que todavía quedan dos años para que veamos el vaso medio lleno, para ver un Gobierno que tome medidas más sociales, encaminadas a crear empleo y más solidarias. Y también dos años para tener una oposición fuerte, que proponga alternativas para el cambio y que se haga notar. Dos años en los que los ciudadanos deberán tomar nota y ser críticos para decidir qué es lo que quieren de cara a las próximas elecciones.

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