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¿Influyen los intelectuales?


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Daniel Tercero

Nacido en Barcelona en 1977. Soy periodista, actualmente redactor de La Voz de Barcelona. Licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona. Mi blog sobre actualidad es 365 en LVdB


Escrito el 20 de mayo de 2013 a las 8:53 | Clasificado en Nacional

Una cuestión tan antigua como la escritura. En las últimas semanas, Marías y Echevarría no han hecho más que elevar el asunto a la esfera pública desde sus tribunas. El crítico intelectual va desapareciendo en España porque partidos y medios de comunicación quieren (y pagan) a fieles escuderos que no se salgan del guion marcado.

Ignacio Echevarría y Javier Marías
Ignacio Echevarría y Javier Marías

Andan Javier Marías e Ignacio Echevarría liados con el compromiso, o la ausencia de él, que los intelectuales tienen con las causas para cambiar (se entiende que para mejorar) el mundo que nos rodea. El crítico intelectual nunca llegó a la masa de la ciudadanía directamente y siempre fue una persona influyente en ámbitos estrechos cuyo poder tenían capacidad de decisión. Así fue siempre y así sigue siendo.

Al intelectual se le lee y escucha por su capacidad de razonar y llegar a conclusiones sobre aspectos que el común de sus congéneres no está capacitado, generalmente, por disponer de menor información. En el ámbito político, el crítico es por definición aquel que expone el desarrollo sobre un tema concreto y firma una solución (a ser posible, viable). En jerga de la calle, se moja. Y al ser escuchado, influye.

Ahora bien, en España, la polarización de la sociedad en los últimos años, agravada, desde luego, por la crisis económica, ha convertido al crítico intelectual en insignificante (con escasas excepciones), en tanto en cuanto, es leído y escuchado por la parroquia que abre los oídos al sermón de turno para ratificar sus creencias, pero no por el que opina o tiene apriorismos distintos a aquél.

Ante el blindaje de los políticos

En estas están Marías y Echevarría. ¿Por qué ha pasado esto? ¿Por qué hemos llegado a este punto? Entre otras razones porque ‘los versos libres’ están desapareciendo. Incluso en los periódicos. ¿Puede un columnista firmar una opinión a favor del aborto en ‘Abc’? ¿Lo puede hacer alguien en ‘La Vanguardia’ o ‘El Periódico’, si se dedica a criticar las subvenciones a los medios de comunicación que cada año reparte la Generalitat de Cataluña?

Si la principal característica del intelectual es la de influir en el transcurso futuro, por su capacidad de síntesis y razonamiento, no tiene ningún sentido que este se afilie a una idea política, cierre filas con un partido político o, simplemente, cargue todo su ‘odio’ contra unas siglas. ¡La influencia del intelectual desaparece cuando no es capaz de cambiar de opinión… y de voto! Lean, lean, al fanfarrón de Tom Wolfe.

También hay otra opción, algo peregrina, por cierto, según señala Marías: que los políticos, “como ante tantas otras cosas”, se hayan tapado “los oídos”, se hayan “blindado”. Es decir, que “el problema es que en su soberbia, y en el extraño poder que democráticamente se les ha entregado para que lo ejerzan con autoritarismo e impunidad, ya no se inmutan por ningún griterío ni aceptan ningún consejo de nadie”. ¿Qué fue antes, el desdén del político o la claudicación del crítico?

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