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La crisis de la Corona


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Escrito el 3 de octubre de 2013 a las 19:34 | Clasificado en Nacional

La irritabilidad y los lapsus que padece últimamente tienen en vilo a la clase política. En el Congreso ha dejado de ser tabú hablar de la abdicación. El relevo es un escenario que se contempla sin dramatismo. Si el Rey está o no mayor se ha convertido en tema de conversación en círculos políticos.

Juan Carlos I, rey de España. (Wikipedia)
Juan Carlos I, rey de España. (Wikipedia)

“Al Rey le están empezando a fallar las facultades; tendría que hacer como la reina de Holanda, abdicar”. Así de tajante se mostraba un conocido diputado popular el mismo día que Guillermo y Máxima de Holanda visitaron el Congreso en viaje relámpago de presentación oficial.

Ese día, el miércoles de la pasada semana, había sesión de control y la llegada de la joven pareja real fue el desencadenante de comentarios que no se ven publicados en los medios, más empeñados en convencer de la imprescindible labor que realiza que de debatir sobre su continuidad. La confusión del Rey en la apertura del año judicial, en la que se equivocó al dar la palabra al Fiscal General del Estado, cuando le correspondía al presidente del Supremo, acababa de producirse dos días antes.

“Además, se tomó mal lo de confundirse, no hay más que ver con que cara de mosqueo mira a Gallardón cuando le corrige. Lo peor es lo malhumorado que está últimamente”, apuntaba otra señoría del PP que considera que la irritabilidad del monarca no beneficia ni a la Corona ni al país. Cospedal declaró ayer mismo que hay que tratar con “prudencia, sensatez y discreción todo lo que atañe a la Corona”, lo que deja entrever un escenario alternativo.

En los corrillos políticos, la jubilación del Rey ha dejado de ser tabú. Cuando Pere Navarro pidió hace siete meses, en pleno debate sobre el Estado de la Nación y contraprogramando a Rubalcabala abdicación de Juan Carlos en el príncipe Felipe para que liderase la segunda transición, se le tildó de oportunista, pero ahora esa posibilidad ya no se considera tan descabellada. Después de la actuación estelar del príncipe en la presentación de la candidatura olímpica, el temor a que el heredero no diese la talla se ha evaporado.

Hasta Letizia, que había intensificado sus quejas por lo pesado de su papel -a lo que en la Casa Real le recordaban que era la única que había elegido libremente desempeñar ese ‘trabajo’-, ha retomado sus obligaciones con nuevos bríos. Dejarse ver juntos y en buena sintonía en la noche madrileña es una de las actividades encaminadas a trasladar la imagen de pareja perfecta que con tanta profesionalidad están practicando.

Y mientras los príncipes se preparan, un clima proclive al cambio y la modernización en la institución se va extendiendo por mucho que el propio Rey y Spottorno, jefe de la Casa Real, no quieran ni oír hablar del asunto. “Es verdad que ahora la gente vive muchos años y que con 75 no se es un anciano, pero el Rey ha envejecido bastante en poco tiempo. Está más abotargado, menos ágil mentalmente y como a la defensiva, más gruñón”, apunta un diputado del PSOE cercano a la Ejecutiva.

Uno de los desvelos de Zarzuela cada vez que el Rey asiste a un acto público es que no evidencie su enfado cuando algo le contraría. Su asistente, uno de los que más rapapolvos ha recibido ante las cámaras, por no hacerse cargo de las muletas o acercarle la silla lo suficiente, sabe cuanto se le está agriando el carácter al monarca. Porque aunque se traten de justificar sus cabreos por los dolores de cadera que sufre, la realidad es que, aparte de que existen potentes calmantes y terapias paliativas, los mosqueos vienen de lejos, de aquel sonoro ¿por qué no te callas? a Hugo Chávez.

“No diría que está senil. Está mayor y con los tics típicos de la edad avanzada. Se palpa cierta tensión en los actos que preside. Resulta inevitable estar pendiente de él por si se equivoca, o se tropieza”, comenta un socialista que valora la contribución del Rey a la estabilidad política de España, pero que comprende que el declive de sus facultades aconseja ir organizando el relevo.

FuenteCrisis de la Corona: la cadera del Rey no es el único problema

Autora: Pilar Portero

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