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La ingobernable Babel legislativa


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Alfredo Gazpio

Consultor de Asuntos Públicos en Llorente & Cuenca, especialista en el ámbito parlamentario. (Muy) ocupado en labores de comunicación, lobby y gestión de la influencia para gobiernos, empresas y otras organizaciones. Nuevo miembro del Comité de Asesores y Consultores de ACOP


Escrito el 7 de abril de 2013 a las 12:42 | Clasificado en Nacional

Los Estados tienen graves problemas internos por la sobredimensión de la legislación en su formulación y ejecución, lo que muchas veces hace inútiles los esfuerzos perseguidos.

La vicepresidenta Sáenz de Santamaría, tras un Consejo de Ministros (Fuente: La Moncloa)
La vicepresidenta Sáenz de Santamaría, tras un Consejo de Ministros (Fuente: La Moncloa)

Cuenta el Antiguo Testamento que, con la construcción de la famosa torre, los hombres quisieron alcanzar el Cielo y Yahveh, contrario a tan elevadas pretensiones, decidió confundir la lengua de sus habitantes para arruinar el proyecto.

El italiano Luciano Vandelli acude a esta parábola bíblica para definir el estado de confusión que hoy sacude el sistema político italiano. El viejo profesor hace las veces de psicólogo con un divertido repaso a los desequilibrios del sistema. Las comparaciones son odiosas y, a veces, escuecen. Su obra representa un ejercicio de autocrítica altamente recomendable para los poderes públicos en nuestro país.

En el conflicto legislativo, como en cualquier otra disciplina, resulta imprescindible la búsqueda de la excelencia, entendida como la aplicación de los preceptos de la técnica. Si esto no ocurre y el regulador olvida premisas tan sencillas como esta, se originan múltiples trastornos en la actividad de las instituciones políticas. Es decir, “una alteración leve de la salud” democrática.

El recorrido de Vandelli por el ecosistema legislativo es minucioso y rico en matices, con un abanico de reflexiones, original y rigurosamente tipificado, que persigue atribuir una etiqueta a cada proyecto legislativo en función de sus ineficiencias o taras de base. Todas, sin excepción, encuentran su réplica en nuestro Parlamento y, con ciertas dosis de humor, escudriñamos a continuación un estudio comparado en base al Ordenamiento español.

  1. Legislación ciclotímica o las reformas ‘stop and go’. Se refiere a aquellas iniciativas que, ultimátum mediante, avanzan un paso y retroceden dos. En nuestra historia más reciente, cabría aludir a la controvertida Ley Sinde, un proyecto concebido al calor del socialismo que, sin embargo, no encontró el beneplácito de todas sus familias y fue adoptado por el Gobierno de Mariano Rajoy. ¿Qué ocurrirá con su heredera, la Ley Lasalle?
  1. Legislación autista. Señala al legislador conscientemente “sordo”, que no escucha y toma decisiones sin conocer la realidad del sector, enfrentándose sin remilgo a los afectados por esta regulación. El ministro de Educación presentó algunos de estos síntomas con la LOMCE, proyecto en tramitación cuyo primer borrador concitó el rechazo de sindicatos, padres, alumnos y profesores.
  1. Legislación egoísta. Al hablar de leyes ‘ad personam’, que se escriben a medida, el imaginario colectivo rescata la controvertida ‘enmienda Florentino‘, que modificaba la Ley de Sociedades Anónimas con efectos millonarios para dos constructoras: Sacyr y ACS. Cualquier parecido con la casualidad parece pura coincidencia.
  1. Legislación esquizofrénica. El profesor recurre a la película de Rouben Mamoulian -‘Dr. Jekyll and Mr. Hyde’- para definir esas reformas que esconden una doble cara, que cada uno interpreta como quiere y que, por absurdo que parezca, facilitan la adopción de consensos. José Manuel Soria y Cristóbal Montoro protagonizaron un curioso ejercicio de conciliación ante reforma fiscal del sector energético, con posiciones antagónicas que, para el delirio del sector, derivaron en un delicado consenso.
  1. Legislación obsesiva: Responde a la fijación del Gobierno por regular un sector de manera permanente. En España, el sector eléctrico ha sido tradicionalmente víctima de la obstinación de los distintos Gobiernos. Y, para muestra, un botón: en los últimos 15 años se han aprobado 391 disposiciones, lo que equivale a un cambio legal cada dos semanas (en concreto, cada trece días), o una media de dos modificaciones por mes.
  1. Legislación placebo: “Las sugestiones son importantes para la psique y, según parece, se pueden obtener resultados significativos sin adoptar realmente remedios, sino simplemente anunciando terapias que, en realidad, nunca serán aplicadas”. Este diagnóstico clínico de Vandelli recuerda a los programas electorales, esa fábrica de grandes ideas escritas en papel mojado.
  1. Legislación anoréxica: Alude a aquellas medidas famélicas que necesitan de financiación para llevarse a cabo. Es decir, reformas sin alimento. La famosa Ley de dependencia del Gobierno socialista fue duramente criticada precisamente porque el legislador no supo conceder al proyecto los recursos necesarios para su desarrollo.
  1. Legislación présbita. Resulta cómica la definición de Vandelli para estos preceptos que, en su opinión, son en realidad “Reglas para los nietos”. A través del escalonamiento de las reformas en el tiempo, el legislador consigue con estas normas, por una parte, la aprobación inmediata de soluciones más rupturistas y, por otro, la remisión de su aplicación en el tiempo. Ocurrió con la Ley de Residuos y Suelos Contaminados, un proyecto dirigido a cambiar las bases del reciclaje en nuestro país y, sin embargo, pendiente de su concreción a través de un eventual reglamento. Los medios anuncian la medida como si fuera inmediata y su ejecución, ineludible.
  1. Legislación neurótica. Dice Vendelli que “La Gaceta oficial –BOE o BOCG, en nuestro caso- ha devenido impaciente y transmite cierto aire de neurosis”. A las inevitables tensiones económico-financieras se superponen tensiones normativo-institucionales, como en la tramitación de la ley de presupuestos, un “texto estructuralmente ilegible, cada vez más desbordante, exorbitante y descomunal”, al que se presentan más de 3.600 enmiendas que son, en su mayoría, rechazadas.
  1. Legislación verborreica: No deja de ser curioso el afán de algunos políticos por cambiar algunas leyes que ni siquiera han entrado en vigor. Algo de esto ocurrió en el primer trimestre de 2012 con la regulación del sistema financiero, a través de dos reales decretos que modificaron por completo las condiciones del mercado.
  1. Legislación disléxica. Casi al final de este prodigioso recorrido, el autor hila todavía más fino y se refugia en un caso concreto, vinculado con la nomenclatura de las leyes -“De tax”- que coquetean con extranjerismos para referirse a la materia en cuestión. La técnica legislativa es especialmente clara al respecto y rara vez se tropieza con títulos que hagan referencia al latín o rinda un repentino homenaje al idioma cultivado por William Shakespeare.
  1. Legislación disgregada. Víctima de la ambición todopoderosa del gobernante empeñado en cambiar de golpe. Entre los meandros de la laberíntica ley de presupuestos y los decretos “ómnibus”, las posibilidades de incluir cualquier medida ‘ad hoc’ no son pocas. Vía libre a los preceptos intrusos. Los decretos legislativos están llamados a ordenar los desmanes del regulador.
  1. Legislación en estado confuso: En España el ejemplo más cercano lo representa el controvertido “euro por receta” que ha enfrentado al Gobierno con la Generalitat y la Comunidad de Madrid, y que ha necesitado de la siempre firme “responsabilidad conciliadora” del Tribunal Constitucional.

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