Arrow

La política del sentido común


1
Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 3 de junio de 2013 a las 11:29 | Clasificado en Nacional

¿Cómo es posible que los programas televisivos que dicen ser objetivos a la vez digan que así permitirán a sus espectadores formarse la mejor opinión? De ser cierto lo que dicen, los espectadores no podrían formarse una opinión, porque sabrían la verdad.

Entrevista de Ana Pastor con José Luis Rodríguez Zapatero
Entrevista de Ana Pastor con José Luis Rodríguez Zapatero

Cuando parecía que la ciudadanía estaba empezando a valorar de nuevo la existencia de ideologías, asumiendo que siempre han estado ahí y que conviene tener una para saber quiénes van a defender otra diferente que normalmente va en contra de la tuya, algunos se empeñan de nuevo en volver al nihilismo ideológico.

El periodismo ha vuelto a caer en sus fauces también y, tras una temporada en la que algunas cadenas habían promocionado programas que habían comprendido la necesidad de ir hacia un camino concreto tras comprender que es el que mejor puede ir a la mayoría, ahora se nos presenta de nuevo el valor de “la objetividad“, de la ausencia de opinión, de “la verdad”.

Un esfuerzo loable, pero la propia selección de temas, de participantes, de colores supone un sesgo. Sin negar los datos, que están ahí, decir que se busca la neutralidad no deja de ser para el periodismo lo que el “sentido común” es para algunos políticos.

Sobre todo porque en circusntancias tan complejas como las actuales no existe una única verdad, hay interpretaciones de las realidades -interpretaciones que además son cambiantes- y sentidos comunes tantos como ciudadanos. Esta revista es prueba de ello, prueba de que efectivamente hay varias formas de valorar cada hecho y que de todas la que se presenta aquí será la que más ha convencido al autor y por ello trata de justificarla de la forma más argumentada posible.

Política y prensa deben compartir un pilar fundamental: la transparencia. Y la mayor transparencia es decir al lector y al votante desde dónde se dice lo que se dice, para qué se dice lo que se dice y por qué se dice lo que se dice. Podríamos añadir que por qué se dice cuando se dice, por qué se dice dónde se dice… y se pueden imaginar todos los detalles. Esa es la única objetividad posible en periodismo y en política, la de la sinceridad de la transparencia.

Quienes niegan esta máxima, los que dicen que su programa electoral está basado en el sentido común, los tertulianos que dicen lo mismo o los periodistas que dicen ser objetivos, son los más falsos que uno podrá encontrar jamás. Ocultan tras una capa opaca los datos que el lector o votante realmente necesita para poder formarse libremente una opinión.

Y ahí llegamos a un punto clave de esta aportación que trato de hacerles: el ciudadano se va a formar una opinión. No una verdad, una opinión ¿Cómo es posible que los programas televisivos que dicen ser objetivos a la vez digan que así permitirán a sus espectadores formarse la mejor opinión? ¿Cómo es posible que los políticos que dicen basar sus ideas en el sentido común luego digan que los votantes tienen libertad de voto? De ser cierto lo que dicen, los espectadores no podrían formarse una opinión, porque sabrían la verdad y los votantes no podrían elegir, porque tendrían que votar al que es “empíricamente” el dueño del sentido común.

Sólo es posible responder a estas preguntas si asumimos que todo es una valoración, ni objetividad ni sentido común. Entendiendo esto, debemos rechazar a quienes no son transparentes, a quienes dicen que hay que hacer las cosas “bien” o ya directamente “como Dios manda“. No debería confiar un ciudadano en aquellos que le hablan de sentido común, porque esconden que es su sentido común, ni confiar en quienes quieran darle datos objetivos, cuando son en realidad datos que para ellos demuestran su teoría.

Y es que es lícito tener un sentido común propio, incluso compartido por un colectivo. De la misma forma es deseable que una mayoría coincida en reconocer un dato como cierto para así poder explicar la realidad que le rodea. Pero eso no implica convertirlo en verdades universales y mucho menos presentarlo como la única opción posible, camuflando que existe un interés en que esa realidad se imponga a cualquier otra. Nota aclaratoria: no todos los intereses son malos, los hay muy buenos. Existe el interés común, por ejemplo.

Es el momento de la transparencia y desde luego debería ser el mayor campo de batalla de la izquierda política y editorial. Explicar en detalle a qué realidad quieren llegar con la interpretación de la realidad que ofrecen hoy es clave, porque si están convencidos de que es la mejor, lo lógico es contarla con la mayor claridad posible.

Una transparencia que además deje en evidencia a medios y partidos que se empeñenen en ocultar sus intenciones con llamamientos a una única verdad y por lo tanto opaca. Frente al sentido común un sentimiento compartido, que mejor nos iría a todos.

Los votantes dicen...
  1. […] sábado, 3 de agosto, se cumple un año de la destitución de Ana Pastor al frente de ‘Los desayunos de TVE’. El entonces nuevo director de los servicios […]

Comparte tu punto de vista

XHTML: Puedes usar estas etiquetas: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>