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Los jóvenes viejos


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 25 de noviembre de 2013 a las 12:05 | Clasificado en Nacional

Bajar la edad de los políticos -especialmente en un país políticamente envejecido como el nuestro- no tiene nada que ver con la regeneración de la política.

La actual dirección socialista con los presidentes autonómicos y ex presidentes del Gobierno. (Flickr: PSOE)
La actual dirección socialista con los presidentes autonómicos y ex presidentes del Gobierno. (Flickr: PSOE)

Este fin de semana el PSOE ha proclamado a Susana Díaz como secretaria general del PSOE-A, rozando el 99% de los votos a favor y reconociendo públicamente que de facto tiene todo el poder orgánico del PSOE a la vez que se envolvía el Congreso en loas al relevo generacional que suponía.

Según Elena Valenciano la elección de Susana demuestra que “la renovación se está volviendo a gestar en Andalucía”, según Griñán que “una organización que no se abre a nuevas generaciones no tiene futuro” y que Zapatero, citando a Kennedy en el fin de semana en el que se cumplían 50 años de su asesinato, que “el cambio es ley de vida y quien sólo vive en el pasado o el presente se perderá el futuro“.

Susana Díaz es más joven, pero nada más. Ha sido elegida de la misma forma que lo fueron sus antecesores, ha seguido el mismo recorrido que ellos para llegar a ese sitio y tiene tanto poder porque efectivamente usa las mismas estructuras orgánicas que usaron sus antecesores en el cargo.

El relevo generacional se ha presentado como la solución definitiva a todos los males de la política, para los problemas de los partidos políticos tradicionales y como llave del éxito para cualquier proceso electoral. Es fácil: basta con cambiar la edad de los representantes para lograrlo. Hasta los dos grandes partidos en España tienen la capacidad para cambar algunos liderazgos por otros de menor edad, sobre todo porque actualmente la media supera con facilidad los 50 años.

Así las cosas, nuestros oídos se van preparando ya para el nuevo mantra político, pero empieza a resultar tedioso para muchos escuchar hablar sobre el “relevo generacional”.

Van a llegar políticos con menos edad, sí, pero nada más. Los partidos parecerán más jóvenes, pero será sólo una cuestión de edad media, no de rejuvenicimiento orgánico porque el relevo generacional que se nos presenta actualmente se fija únicamente en la fecha de nacimiento y no en la transformación de las estructuras al tiempo moderno.

Es la mejor forma de cambiarlo todo para que nada cambie,  tal y como prometía Rubalcaba nada más ser elegido como secretario general del PSOE, porque efectivamente parecerá todo nuevo, pero seguirá siendo lo mismo.

Bajar la edad de los políticos -algo sencillo en un país políticamente envejecido como el nuestro- no tiene nada que ver con la regeneración de la política, ni siquiera con que sea más joven. Si se mantienen las estructuras internas inmóviles llegarán los mismos pero en versión pequeña, porque serán elegidos por los mismos mecanismos anticuados que requieren y exigen una forma de hacer política vieja… lo que les convierte en jóvenes viejos.

Si el relevo generacional van a ser los jóvenes que entraron desde pequeños en las filas jóvenes de los partidos, se dedicaron sólo al partido, cobraron desde siempre del partido y dependieron de la dinámica de siempre del partido para ir subiendo, por muy jóvenes que sean cuando lleguen a las cotas más altas de representación serán igual de viejos que los actuales, por mucha menos edad que tengan, y no acercarán a sus partidos a la sociedad, sino que seguirán alejándolos.

La sociedad actual espera unos partidos políticos preparados para la nueva democracia que se supone deberá llegar antes o después a nuestros país. Una democracia más transparente, más participativa y más dependiente del ciudadano por lo que buscará a partidos que se dirijan en esa dirección. Ahí está el relevo generacional real, el que moderniza las estructuras, el que rejuvenece al partido y no el que se limita a rejuvenecer a sus cargos.

Que un partido sea joven depende de sus estructuras orgánicas, no de que las juventudes lideren el partido. La juventud política está vinculada a la innovación y a asumir riesgos políticos que abran nuevos caminos, no a reciclar los liderazgos actuales para que parezcan nuevos. Y la idea del reciclaje no es mía, así lo define la dirección del PSOE: “Hay que tener en cuenta que hemos reciclado material del congreso de Sevilla (de 2012) y de la anterior Conferencia (del otoño de 2011)”. Pero no se especifica qué material reciclaron.

Tampoco es suficiente, por tanto, apelar constantemente al relevo generacional como sinónimo de progreso.

Puede que Susana Díaz sea en el futuro el verdadero relevo generacional -apunta maneras para ello su forma de hacer política- pero no lo es por lo hecho hasta ahora. Sí puede serlo en el futuro por lo que haga desde donde está actualmente. Puede serlo si efectivamente usa ese gran poder que tiene sobre el PSOE federal para impulsar cambios estructurales completos, si promueve con su inmensa federación las primarias abiertas puras (se puede fijar en las que Equo), si se mueve hacia la elección directa de las secretarías generales mediante voto directo entre la militancia, si abre las cuentas del partido a la fiscalización euro a euro, si confecciona candidaturas elaboradas mediante listas abiertas o si, en vez de quedarse en las palabras y en el ejemplo personal como hizo Griñán, además promueve un relevo en la dirección federal del partido para que efectivamente aparezca un PSOE más joven en el fondo y no sólo en las formas.

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