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Política, enfermo diagnosticado


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Asier Martiarena

Soy periodista y escribo en La Vanguardia y Yahoo! después de haberme encargado de la sección de política del diario Metro y de echar a andar en La Voz de Galicia.


Escrito el 13 de febrero de 2013 a las 10:57 | Clasificado en Nacional

La sordera afecta al conjunto de la clase política en cualquiera de sus variantes.

Ada Colau, Ada Colau, de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, durante su comparecencia en el Congreso de los Diptuados
Ada Colau, Ada Colau, de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas, durante su comparecencia en el Congreso de los Diptuados

Los privilegios de la casta política no le eximen de padecer enfermedades que afectan al más común de los mortales. Entre ellas se encuentra la sordera. Una dolencia más complicada de lo que parece, y que tiene muchas formas de manifestarse.

Una de ellas es la sordera total, también conocida como completa, que implica que la persona afectada no oye absolutamente nada. Un tipo de sordera que afecta por ejemplo al PP y al PSOE, que no escuchan las protestas ciudadanas por los recientes casos de corrupción política -desde los EREs de Andalucía hasta el caso Bárcenas- y acostumbran a cerrar sus cónclaves sin dimisiones ni autocríticas. 

En algunos casos la capacidad auditiva es mínima. Tanto que, aunque no es nula, las consecuencias son similares. Buena prueba es que, hasta ayer mismo, ninguno de los grandes partidos políticos del país han escuchado con atención la iniciativa legislativa popular de la Plataforma de Afectados por las Hipotecas que recoge 1.402.845 firmas por la dación en pago. Una cifra que triplica el mínimo exigido para este tipo de iniciativas.

Tras meses de protestas, y múltiples episodios de suicidios, ayer parecieron percibir el malestar ciudadano y ambos partidos aceptaron votar a favor de admitir a trámite la ILP. Sin embargo, la consecuencia final será la misma: el PP ha anunciado que hará valer su mayoría absoluta para que las medidas reclamadas no salgan adelante en próximas sesiones. Si ayer votó que sí fue para ahorrarse las críticas por su otro voto positivo para declarar los toros bien de interés cultural.  En el caso del PSOE, el voto positivo de ayer, pese a estar en contra, se debe a aparentar sintonía con la ciudadanía a sabiendas de que les sale gratis porque el PP, después, tumbará la iniciativa.

Volviendo al cuadro médico, también existe una sordera parcial que se manifiesta cuando la persona tiene una leve capacidad auditiva (hipoacusia) y puede usar un aparato auditivo para que ésta mejore aunque no siempre lo use.

Es el caso de Mariano Rajoy, quien parece no querer escuchar las críticas -tanto externas como internas- que está recibiendo su gestión al frente de un partido político en horas bajas y salpicado por la corrupción. Las unas -realizadas por Alfredo Pérez Rubalcaba tal vez no las ha oído por estar de espaldas a la oposición y viceversa, y las otras -de Alberto Núñez Feijóo- porque, al provenir de Galicia, podrían haberse perdido y disipado por los vientos atlánticos.

Aquí se puede pensar que aumentar los decibelios del mensaje puede ayudar a que éste llegue a oídos del destinatario. Como, por ejemplo, ocurrió con la decisión del exconsejero de Sanidad madrileño Juan José Güemes de dimitir del Consejo de Administración de Unilabs: 48 horas de presión popular le hicieron cambiar de opinión y abandonar su cargo en una empresa que se benefició de un proceso de privatización que él mismo comandó años antes.

La sordera de no admitir preguntas de la prensa

También existe la llamada sordera sensorineural, que se produce por lesión de las células sensitivas o de las terminaciones nerviosas del oído interno que deriva en que la pérdida auditiva es mayor en unas frecuencias que en otras. Así resulta que se puede escuchar un mensaje emitido desde dentro del lugar de trabajo –el apoyo cerrado a Rajoy de la Ejecutiva del PP- y no oír otros –como cuando Esperanza Aguirre pide aplicar medidas contra a Ana Mato-.

Lo mismo puede afectar tanto al oído derecho como al izquierdo. Rubalcaba sí capitanea la propuesta del partido de presentar cuatro reformas legales contra la corrupción, pero desoye a Tomás Gómez cuando reclama “cambios profundos y serios en el partido” y a petición de las bases.

Pero luego hay una sordera más preocupante. No está diagnosticada ni catalogada por la OMS, pero su contagio es voraz. Se trata de una sordera frontal que lleva a no aceptar preguntas en las ruedas de prensa, y a no contestar lo que se pregunta cuando se consigue interpelar al interesado.

Así, se hacen esperpénticas comparecencias vía vídeo, o directamente se eluden las preguntas saliendo por peteneras.

Revertir esa dolencia no es fácil, pero hay solución. Basta con que la prensa no acuda a esos llamamientos, y que no se difundan los mensajes unidireccionales. Mientras tanto, habrá que conformarse con ver lo que ocurre en otros países como el Reino Unido, donde los políticos aceptan preguntas (en plural) y los periodistas pueden repreguntar hasta obtener la respuesta a la pregunta.

Los votantes dicen...
  1. […] así, de imprevisto, fue como germinó la primera apuesta por desequilibrar el bipartidismo reinante en España. Hay que remontarse al 15 de noviembre de 2011, cinco días antes de celebrarse […]

  2. […] así, de imprevisto, fue como germinó la primera apuesta por desequilibrar elbipartidismo reinante en España. Hay que remontarse al 15 de noviembre de 2011, cinco días antes de […]

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