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Rebelión en La Moncloa


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Cristina Puebla

Periodista, en la actualidad en la web de elEconomista, antes en la Cadena Ser (Hora 25) y en política en Europa Press


Escrito el 10 de enero de 2014 a las 8:01 | Clasificado en Nacional

El año no ha empezado del todo bien para Mariano Rajoy. De hecho, ha empezado como terminó, con la rebelión de parte de sus barones que se niegan a aceptar las medidas del Gobierno. Ya en sus discursos de Navidad, algunos de los presidentes autonómicos manifestarion abiertamente las discrepancias con Madrid, como es el caso de José Antonio Monago o Ignacio González.

José Antonio Monago y Mariano Rajoy. (Flickr: La Moncloa)
José Antonio Monago y Mariano Rajoy. (Flickr: La Moncloa)

De Monago no nos sorprende demasiado, ya que en estos meses de Gobierno se ha erigido como el hijo díscolo de los ‘populares’. No es la primera vez que se rebela ante el Ejecutivo Central, lo hizo con el IVA cultural, con la paga extra de navidad y, ahora, con la nueva Ley del aborto. El presidente extremeño dijo en su discurso que nadie puede obligar a nadie a ser madre, algo que le costó las críticas de alguno de sus compañeros, como las del valenciano Alberto Fabra, que espetó algo así como que habrá que ver si los que hablan se atreven a hacerlo en el Comité Ejecutivo Nacional del PP, lanzando un dardo envenenado a su compañero de partido.

Pues bien, llegó el Comité y Monago habló. Y aunque el aborto no estaba en el orden del día, no se pudo eludir hablar de él. El presidente extremeño apeló a consensos y aseguró que lo que hace es ser consecuente con su política, ya que gobierna en minoría gracias a la abstención de IU. Pero además de Monago, los presidentes de Castilla y León, de Galicia, de Aragón y de Cantabria, Juan Vicente Herrera, Alberto Núñez-Feijoo, Luisa Fernanda Rudi y Ignacio Diego, respectivamente, se mostraron contrarios a la nueva ley, que, entre otras cosas, vuelve a la ley de supuestos de 1985, pero elimina el supuesto de malformación fetal.

Sin duda, la más contundente en este tema ha sido la Vicepresidenta del Congreso, Celia Villalobos, que ha pedido directamente a Mariano Rajoy la ‘libertad de voto‘. Villalobos ya se metió en un charco similar cuando se abstuvo en la votación de la Ley de aborto que promulgó el Ejecutivo socialista de José Luis Rodríguez Zapatero en 2009, cuando tenía que haber votado en contra. Por ello, no ha querido esconder su parecer ante las medidas adoptadas en esta nueva ley.

Ante semejante panorama, con un Monago incontrolable, una Villalobos rebelada y con las manifestaciones abiertamente en contra de la delegada de Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, la alcaldesa de Zamora, Rosa Valdeón, el alcalde de Valladolid, Javier León de la Riva (estos dos médicos) y el presidente del PP en Guipúzcoa, Borja Semper, entre otros, Rajoy no ha podido hacer más que pedir discreción en sus filas y ha instado a que el debate sobre este asunto sea de puertas para dentro, que no trascienda a la opinión pública, en un intento desesperado de no parecer desmembrado y tratar de vender una imagen de unidad, que ya es difícil de presumir.

Habrá que ver si en lo sucesivo lo consigue, ya que no es la primera vez que se intenta acallar a los que piensan diferente en la bancada ‘popular. El portavoz parlamentario, Alfonso Alonso, ya manifestó, cuando la cosa empezaba a ponerse fea, que en el Partido Popular no existe eso de ‘libertad de voto’, ya que los diputados populares se comprometieron con lo que va en el programa, al ir en las listas, o si no “pues que se le va a hacer”, sentenció sin ningún pudor el portavoz ante una posible sanción por no seguir la disciplina de voto.

En cualquier caso, el presidente del Ejecutivo ha respaldado la reforma de Gallardón, que ha calificado de “equilibrada”, pero ha dicho que hay que “enriquecerla entre todos”, y ha pedido al ministro que escuche propuestas. Quizá sea su manera de pedirle al titular de Justicia que atienda tanto a la calle como a sus propios compañeros, que claman a gritos un cambio, o quizá sólo sea una estrategia más para intentar quedar bien con todos y apartarse de cualquier patata caliente, sin tomar decisiones y sin dar la cara. Al fin y al cabo, eso es a lo que nos tiene acostumbrados Mariano Rajoy.

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