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¿Rectificar es de políticos?


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 11 de marzo de 2013 a las 8:29 | Clasificado en Nacional

El PSOE ha intentado enmendar el error de su moción de censura en Ponferrada, pero tarde y sólo ante el clamor ciudadano.

Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE (fuente: Fotopedia.com).
Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del PSOE (fuente: Fotopedia.com).

Siempre será mejor una rectitifación que persistir en un error porque no hay mayor error que el de hacerlo indefinido. Pero la política es “otra cosa” y hay error hasta en la rectificación si ésta es el resultado de un reconocimiento público de que no es por ser sabio sino por obligación.

Tampoco tiene sentido permanecer en el error tratando de explicarlo cuando no hay explicación posible o se pide que ofrezca esa explicación quien no es capaz de hacerlo.

La moción de Ponferrada

Esto supone que en política, o se es extremadamente capaz de explicar lo inexplicable -algo que está en manos de muy pocos-, o los errores simplemente hay que asumirlos como tales y saber que de ellos se puede salir mejor de lo que se ha entrado. Se puede incluso salir mejor de un error asumiéndolo que poniendo de portavoz del mismo a una de esas contadas personas que son capaces de explicarlos.

Algunos lo llaman gestión de crisis, otros sensibilidad política. Gestión de crisis es optimizar las posibilidades que da un error para convertirlo en acierto o al menos convertirlo en un valor positivo, ya sea como compromiso de aprendizaje del mismo -como ejemplo en la capacidad de reacción de los afectados-, o como muestra de honestidad al hacerlo propio. En política el error debe tener una reacción humana, no estandarizada, por lo que es más lógico hablar de sensibilidad que de un ‘plan de acción’.

Para que esa reacción sea lo más humana posible, los partidos tienen necesariamente que haber estado allí donde surge la voz que les alerta del mismo. Desde el ático de un rascacielos es difícil entender los gritos que se producen cuando tiras una piedra hasta abajo si nunca has mirado ese mismo rascacielos desde la planta cero. Para saber el daño que estás haciendo a los que pasean por la calle (si nunca has bajado) serán necesarios tantos gritos y tan altos -como para que te puedan llegar con claridad a la azotea-, que para cuando te des cuenta será demasiado tarde.

Un claro ejemplo de esto lo tenemos con el PSOE en Ponferrada y la cantidad de gritos que han necesitado escuchar en Ferraz para enterarse de lo que estaba sucediendo. Rectificar cuando la gente ya está afónica de tanto avisarte es tarde, muy tarde. Aunque también es cierto que en este caso se ha carecido tanto de sensibilidad como de la mínima gestión de crisis. Si no has sido capaz de evitar el error ni de comprenderlo, al menos atente a una respuesta que -aunque estandarizada- pueda salvar tu imagen y no cometas el error de ofrecer una explicación increíble (no sabía nada) que en vez de dignificarte te hunde y atenta contra tu propia capacidad.

Este parece ser, en todo caso, un problema endémico del PSOE en estos tiempos. Lo mismo le está pasando a nivel interno, con una militancia que ya ni siquiera está afónica, está simplemente devolviendo su carnet desesperada por no ser escuchada. Los datos oficiales de bajas parecen sencillamente imposibles de conseguir en lo que no deja de ser otro nuevo error de falta de transparencia.

Explicar no, responder

PP y PSOE nadan últimamente en una realidad que les parece superar, que son incapaces de explicar. Con las diferencias obvias de cada caso, hay algo más que un error de comunicación, algo que tiene que ver con que sencillamente hay cosas que en política son inexplicables.

Esa es la tercera pata de la capacidad de rectificación. Determinadas acciones no deben ser explicadas, deben ser respondidas. Por ejemplo, la corrupción no se explica, se responde a ella eliminándola. Eso es algo que el PP o no ha logrado ver a estas alturas o que no está dispuesto a hacer, lo que contribuye  a aumentar las sospechas y va mermando, día a día, la credibilidad y honestidad del partido.

Por último no se puede olvidar que la suma de las partes crean un conjunto propio. Es decir, cuando existen muchas rectificaciones, cuando los errores son constantes, estamos ante un problema mayor, ante la necesidad de una rectificación del todo y no de las partes.

Si se produce un desbordamiento de ‘errores’ deja de tener sentido responderlos individualmente: es necesario analizar la estructura de la propia organización porque es ella misma la que genera los problemas. Si no se arregla la fuga del barco será inútil achicar agua con cubos.

Eso lleva de vuelta a la sensibilidad como necesidad y cierra el círculo de lo que la política debe ser. Sólo un partido que está en la sociedad a la que pretende representar (y eso incluye también a los militantes del propio partido) tiene la sensibilidad necesaria -gracias a conversar con ella- como para anticiparse al error. Sólo entonces la rectificación del mismo parecerá sincera y no forzada por las circunstancias.

Los grandes partidos en España están directamente desvinculados de aquellos a quienes representan, al menos sus estructuras. No ven porque no miran en la misma dirección, no escuchan porque están hablando y no sienten si hace frío porque tienen cerradas las ventanas. Para llamarles la atención, los ciudadanos necesitan gritar tanto que acaban por desesperarse, por dejar de esperar respuesta, por abandonar a su suerte a esos representantes (ver CIS).

El PP parece soportar mejor esta situación, pero el PSOE se hunde irremediablemente cada segundo que no reacciona.

Así que rectificar es de políticcos, sí, pero cuando entienden sinceramente el motivo de la rectificación. Y esa sinceridad no la pueden transmitir ellos, la tiene que sentir la sociedad que les vota. Un poder inmenso de la ciudadanía que queda absolutamente patente en las últimas encuestas.

O se vuelve a una política sincera, coherente y honesta, donde se haga lo que se promete y uno es lo que dice ser, o el que se quede fuera desaparecerá en su búnker.

Los votantes dicen...
  1. ¡Y así, queridos niños y niñas es como se llega al séptimo helicoide del imfierno del Dante!

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