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Sanción a los díscolos del PSC


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Escrito el 28 de enero de 2014 a las 19:03 | Clasificado en Nacional

¿Es democrática la disciplina de voto? Los grupos parlamentarios franceses o británicos dan libertad de voto a sus diputados.

La diputada socialista María del Carmen Sánchez indica el sentido de la votación de su grupo. (Flickr: PSOE)
La diputada socialista María del Carmen Sánchez indica el sentido de la votación de su grupo. (Flickr: PSOE)

La Constitución española hace un par de dictados, a priori indiscutibles, al respecto. El primero aparece en el artículo 67 que establece que “los miembros de las Cortes Generales no estarán ligados por mandato imperativo”. El segundo, en el artículo 79, dicta que “el voto de senadores y diputados es personal e intransferible”.

Sin embargo, en nuestro país –uno de los pocos de Europa- por encima de la Carta Magna están las directrices de partido cuyo incumplimiento implica sanciones económicas y, como acaba de suceder en el Partido de los Socialistas de Cataluña, castigos como la retirada de cualquier responsabilidad en el grupo parlamentario.

Así lo establecen reglamentos como la Normativa Reguladora de Cargos Públicos del PSOE que, en su artículo 4, instituye que “los miembros del Grupo Parlamentario (…) asumen y están obligados a acatar la Declaración de principios y resoluciones aprobados en el Congreso Federal del Partido” o “los acuerdos adoptados por los órganos de dirección”.

Y ese podría ser el caso concreto del PSC, cuyo grupo parlamentario decidía ayer suspender de todos sus cargos a Joan Ignasi Elena, portavoz en la comisión de cultura del Parlament, Marina Geli y Núria Ventura, los llamados “díscolos”. No tendrán responsabilidades en el partido ni sus atribuciones parlamentarias, más allá del salario y, por supuesto, la posibilidad de participar en las votaciones del Parlament, como condena por haber votado contra lo decidido por el Consell –máximo órgano entre Congresos- que en noviembre aprobó con el 84% de los votos no dar pasos a favor de la consulta soberanista.

“Lo que ellos decidan, bien decidido estará” se pronunciaba en el Congreso de los Diputados el secretario general del grupo parlamentario socialista. Eduardo Madina, que valoraba la cuestión desde fuera, apuntaba que “aunque el PSC se encuentra cómodo en la diversidad, sus miembros deben respetar la disciplina interna”. Argumento –o argumentario- que hace dos días se traducía en palabras de la “número 2″ del partido, Elena Valenciano, en un “en democracia se hace lo que decide la mayoría”.

El debate sobre el aborto: “Más allá del partido”

Entonces, ¿de qué hablaba la vicesecretaria general del PSOE cuando, en diciembre, en referencia a la contrarreforma del aborto pendiente de la tramitación parlamentaria enviaba una carta abierta a las diputadas del PP? En la misiva que publicó en su perfil de Facebook, Valenciano apelaba a su “condición de mujeres conscientes de la gravedad del problema” a las que proponía un diálogo “desde el respeto a la conciencia y a la posición política de cada una”.

Se cuidaba Valenciano de hacer referencia a la disciplina de voto aunque la conclusión de su carta a las féminas del grupo popular no dejaba lugar a dudas: “Esto va más allá de tal o cual partido político: se trata de la dignidad y la libertad de todas las mujeres”.

600 euros: el precio de la discrepancia

Pero más allá de la actualidad sobre el acatamiento de las normas internas que en este momento tienen a la izquierda en el punto de mira, la disciplina es característica –si no condición- de la derecha. Son pocos los que se atreven a discutir las directrices del partido en el PP. Y los que lo hacen pagan.

Es el caso de la diputada Celia Villalobos –a favor de la libertad de voto en el caso del aborto-, a quien su partido ya impuso una sanción económica por romper la disciplina parlamentaria al votar a favor del matrimonio homosexual en el año 2005. Las multas pueden llegar hasta los 600 euros en el caso del Partido Socialista.

Se da la circunstancia de que, en ese sentido y en comparación con otras democracias de Occidente, la española es una partitocracia singular. Relacionado probablemente con el sistema de listas abiertas que no se da en el nuestro, los partidos de países como Reino Unido o Francia dan libertad de voto a sus diputados. Uno de los casos más recientes es el de Estados Unidos, donde el presidente Barak Obama no sólo tuvo que pelear contra los republicanos, sino que tuvo que convencer a los miembros de su propio partido de las bondades de uno de sus proyectos estrella: la reforma sanitaria.

Fuente: Sanción a los díscolos del PSC

Autor: Cristina Sánchez

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