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Think tanks irrelevantes


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Escrito el 26 de febrero de 2014 a las 18:20 | Clasificado en Nacional

FAES, CIDOB y Fundación Alternativas son tres de los laboratorios de ideas españoles mejor posicionados en el ránking mundial. Sin embargo, quedan muy lejos de la influencia de los estadounidenses, británicos, alemanes o suecos.

Rajoy y Aznar, en el Campus FAES de 2013. (fundacionfaes.org)
Rajoy y Aznar, en el Campus FAES de 2013. (fundacionfaes.org)

Las leyes no tienen por qué gestarse únicamente y exclusivamente en el Gobierno, el Parlamento o las sedes de los partidos en el poder. En todo el mundo hay think tanks, organismos dedicados por lo general al estudio de la realidad social que están dotados de arsenales de ideas frente a problemas políticos de todo tipo. De ellos siempre pueden echar mano los legisladores. Sin embargo, en España, esto no es costumbre, una circunstancia que no impide a los think tank más conocidos de nuestro país el reivindicarse por estar, supuestamente, entre “la élite” mundial.

Tras la reciente publicación del 2013 Global Go To Think Tank Index Report, informe de la Universidad de Pennsylvania (Estados Unidos) que clasifica instituciones de todo el mundo dedicadas a investigar o asesorar sobre cuestiones políticas, los think tanks españoles con mayores ínfulas han sacado pecho. Lo ha hecho especialmente la Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) que preside José María Aznar. “FAES figura un año más como el primer centro de pensamiento español en el ránking de los mejores think tanks de todo el mundo”, ha celebrado la institución del expresidente popular. Por su parte, el Centro de Información y Documentación Internacionales de Barcelona (CIDOB), cuyo presidente de honor es el exministro socialista Javier Solana, veía en dicha lista cómo se consolidaba “su posición en la élite de los think tanks“, mientras que la Fundación Alternativas, que preside el progresista Pere Portabella, se consideraba “premiada” por estar entre los “mejores think tanks del mundo”.

No obstante, una simple mirada a las diferentes clasificaciones contenidas en el documento de la Universidad de Pennsylvania invita a pensar que no hay mucho que celebrar. Cierto es que FAES aparece en el ránking mundial como primera organización de España, pero en la 60ª posición. Se queda la caldera de ideas de Aznar muy lejos del podio, que ocupan la estadounidense Brooking Institution, primera, la británica Chatham House, segunda, y el también norteamericano Carnegie Endowment for International Peace, tercero.

Al CIDOB no lo va mucho peor que a FAES a nivel mundial, pues figura en el 64º puesto. La Fundación Alternativas, que ni siquiera consta entre los considerados 150 mejores think tanks del mundo, en realidad sólo aparece en lugares modestos de otras clasificaciones específicas del informe. Ocupa, por ejemplo, la penúltima posición entre lo que en la Universidad de Pennsylvania llaman los Top Think Tanks de Europa Occidental, donde el CIDOB es 16º y FAES, paradójicamente, figura en la 58ª posición, también por detrás delReal Instituto Elcano (38º) que preside Emilio Lamo de Espinosa.

El problema de la clase política

Instituciones de otros grandes países de Europa, como Reino Unido o Alemania, o más pequeños pero con más tradición en lo que los expertos llaman el “mercado de las ideas”, como Suecia o Bélgica, copan desde hace años las primeras posiciones del Global Go To Think Tank Index Report. No acusan los lastres de sus pares en España, donde circunstancias políticas, económicas y sociales impiden el florecimiento de un sector al que se supone capaz de ofrecer información, ideas y soluciones frente a problemas de toda índole.

Así lo entiende Javier Arregui, profesor de Ciencia Política en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. “El primer problema que tienen los think tanks en España es la clase política española”, dice este politólogo a ZoomNews. “Porque los políticos, sistemáticamente, creen que lo saben todo y no valoran lo que un experto puede ofrecer”, algo que está en las antípodas del caso del Reino Unido, donde el Gobierno trabaja con think tanks “para anticipar, por ejemplo, problemas de seguridad en Internet de aquí a veinte años. Esto en España es inviable”, añade Arregui.

La reflexión de Arregui parte de constataciones como que en “el Parlamento español sólo hay expertos jurídicos, algún economista y ya está”, aunque en el país “hay gente buena para hacer un libro blanco antes de cada ley”. Además, hay un problema de dinero, pues financieramente, los think tanks españoles sólo “emergen y crecen al amparo de algún tipo de institución pública o privada”, lo que acaba repercutiendo en una falta de total independencia. Así lo expresaba en 2011 en un informe de la Universidad Autónoma de Barcelona el propio Arregui junto al también politólogo Pablo Barberá, investigador en la Universidad de Nueva York. En ese documento, titulado Naturaleza e influencia de los think tanks en el proceso político en España, ambos hacían referencia a la fragilidad de la sociedad civil española como uno de los factores que explican el modesto peso específico que tienen estas instituciones.

“El que la sociedad civil española sea débil es un factor absolutamente determinante. Estamos ante un puzzle, porque si este país no se venden periódicos, esto hace que la gente esté peor informada, con lo que la sociedad civil está menos articulada y carece de capacidad de hacer de contra-poder”, asegura Arregui. A su entender, esto es lo que facilita que “luego los políticos ni siquiera se planteen diferentes alternativas a la hora de elaborar una política” y que “justifiquen sus decisiones casi siempre de manera sui géneris“.

A favor de los políticos españoles podría apuntarse que los ránkings como el Global Go To Think Tank Index Report de la Universidad de Pennsylvania no son fiables al cien por cien. Sus autores reconocen que es imposible “purgar la clasificación de sesgos”, ya que en la elaboración de la clasificación intervienen “prejuicios ideológicos, disciplinares, regionales” de los responsables de la lista. En base a esas limitaciones, Enrique Mendizábal, consultor internacional parathink tanks, opina que clasificaciones como la de esa universidad suelen ser “engañosas e inútiles”. Porque, entre otras cosas, “están basadas en la percepción” de quienes elaboran los ránkings en lugar de resultar de “un análisis concienzudo”, según este experto, también responsable de On Think Tanks, un blog dedicado a las instituciones de investigación política.

En este sentido, Arregui también es concluyente al aludir al estudio de la universidad norteamericana: “Yo no me guiaría totalmente por este tipo de ránkings. Se necesita una metodología muy compleja para medir el criterio más importante que indica la influencia de los think tanks, a saber, el impacto que tienen en la elaboración de políticas públicas. Para hacerlo hay que valorar muchas variables, que dudo mucho que este ránking pondere. Esto no es posible ni siquiera en Estados Unidos”.

Fuente: La discreta relevancia de los ‘think tanks’ españoles

Autor: Salvador Martínez

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