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Una nueva política


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Fran Carrillo

Speechwriter. Asesor y entrenador internacional de políticos y empresarios en discurso, oratoria y debate. Director de La Fábrica de Discursos, empresa dedicada a la asesoría y capacitación política y empresarial en oratoria influyente, discurso carismático y media training. Miembro del Talent Great Team. Profesor del Máster en Asesoramiento de Imagen y Consultoría Política (MAICOP) y de la Sociedad de Debate de la Universidad Carlos III de Madrid.


Escrito el 13 de noviembre de 2013 a las 11:29 | Clasificado en Nacional

Algo empieza a cambiar en la España bipolar, la España bipartidista, gracias, en parte, al movimiento que encabeza Albert Rivera.

Albert Rivera, impulsor de la plataforma Movimiento Ciudadano. (movciudadano.es)
Albert Rivera, impulsor de la plataforma Movimiento Ciudadano. (movciudadano.es)

La política necesita de un nuevo enfoque, nuevas lentes para otras mentes (más exigentes, más inconformistas y con más deseo de información transparente y participativa). Lentes más claras para ver mejor las nuevas necesidades y demandas ciudadanas. Más ágiles para responder mejor a los problemas que se plantean. Más llevaderas para soportar las críticas que se avecinen. Y que sean lentes que no pasen de moda, que se adecuen y adhieran a la piel de quienes las van a llevar y por la que van a observar constantemente a otros. Lentes presenciales y lentes digitales.

El pasado fin de semana la España política bipolar desayunaba, comía y cenaba con los discursos, gestos y declaraciones mediáticas de populares y socialistas, reunidos unos en Córdoba, otros en Madrid, unos en la interparlamentaria del “buen rollo”, otros en el Congreso de la enésima refundación (¿o se trataba de una refundición?).

La Conferencia Política del PSOE sirvió para escenificar precisamente la política fundida, de un Rubalcaba superado por discursos frescos a derecha e izquierda, una política cansada, de cortos vuelos y alejada de votantes y viandantes. Refundar una opción política pasa primero por reiniciar las bases programáticas que la llevaron hasta su ocaso. Si entra aire fresco en esa formación y se regenera un discurso caduco y pesado, el PSOE podrá dar por amortizado su laboratorio de ideas.

Pero si quieren “cambiar de rumbo”, si desean realmente trasladar a los ciudadanos un proyecto alternativo para “encontrarse con la gente”, no puede basarlo en mensajes de destrucción ni exclusión (repitiendo los tópicos y mantras de “hay que frenar a la derecha” o “hay que gobernar para que no se impongan los valores de la derecha”), ya que situarían en la periferia de sus aspiraciones a más de diez millones de ciudadanos.

Si quieren acercarse a la gente, un discurso excluyente no es la mejor de las opciones. No sólo hay que renovar el logo, sino también -es mi opinión- ciertos mensajes decadentes. Imagen y mensajes a veces se funden y, en otras, se confunden. Claridad en la exposición y determinación en el cambio.

Paralelamente en Córdoba se reunió en interparlamentaria la cúpula del PP (y sus bases, y sus cuadros y algunos que mandan, pero no figuran y otros que figuran, pero no mandan) para escenificar imágenes de unidad y mostrar sensaciones de recuperación. El discurso político se basa en registros de inducción, distracción, “sedAcción”. Inducir: a la unidad como método de homogeneizar comportamientos y mensajes, dar imagen de fortaleza y activar conciencias adormecidas. Para ello es clave un ‘soft-power’ en el que firmeza y diplomacia se den la mano. Distraer: de la realidad construyendo percepciones equivocadas que sitúen el argumentario de pega (que en realidad despega a gobernante y ciudadano) donde debería estar el que mejor se ajusta al contexto. El objetivo es solapar a modo de sándwich lo que se percibe por una realidad más poderosa repetida a modo de positivismo: “Estamos saliendo de la crisis”.

Pero la credibilidad necesita del refuerzo de hechos precedentes que la avalen y de ejemplos contantes que la confirmen. En el PP hay demasiadas hipotecas retóricas para que algunos mensajes suenen creíbles,  convincentes. Y “SedAcción”: articular una estrategia calculada de discurso envolvente, pausado, lento, pensado más para justificar que para llevar la iniciativa (Gúrtel, Bárcenas, crisis económica), pero que con el tiempo se convierte en aliado porque desgasta a quienes desde la orilla contraria solo saben atacar con ese tema. Y el ciudadano acaba exigiendo a la oposición que abarque otros asuntos, por lo que el contexto finalmente juega en beneficio de los estrategas de envolver con la inacción.

Unos días antes de los cónclaves de la España bipolar asistíamos a la confirmación (de plena conformidad) de Rosa Díez como líder de UPyD. Con lema conocido y potente, “La Unión hace la fuerza”, simbólico e icónico, ejemplificando esa deriva ciudadana que está hastiada de la política de siempre. Ahora el ciudadano ya no quiere firmar cheques en blanco, pero necesita confianza más allá de mensajes a corto plazo. Necesita liderazgo de largo alcance, políticas de acción y comunicación,  de relato y explicación, de narrativa y ejemplo.

La nueva política exige mentes abiertas y mandos abiertos. Nuevos enfoques y miradas transversales. Y eso lo representa ahora mejor que nadie la juventud descarada y la visión transversal de Albert Rivera. Ha hecho de Ciudadanos (y su movimiento) una ola con pretensión de convertirse en tsunami. Moverse es sinónimo de salud vital y política. Con el movimiento evitas que se oxiden ideas y comportamientos, muestras frescura permanente. Moverse es pensar, moverse es cambiar, es explorar la perspectiva de la mejora basada en la cercanía, la transparencia, el afecto y la confianza.

Albert Rivera apuesta por el cambio basado en principios. Y en principio, eso ya es un cambio. Apertura de ventanas para que el aire fresco regenere la contaminación que amenazaba con hacer explotar la habitación de convivencia en la que estábamos todos. El discurso es claro (todos lo entienden) es fresco (por edad y contenido), es rebelde (no se somete a lo que partidos tradicionales y medios afines defienden con petición de obediencia infinita), es integrador (súmate, sin importar de dónde vengas, seas de Barcelona o Almería, de Lugo o Cádiz, de Bilbao o Córdoba, lo importante es que tengas un sitio donde plasmar, al fin, tu descontento y tus ganas de cambio real y no ficticio), es positivo y concluyente (“España será lo que quieran los españoles”).

No olvidemos que el discurso político es el engranaje que une representantes y ciudadanos, el fin de toda estrategia comunicativa. Por eso en España, y en Cataluña especialmente, se está recibiendo muy bien ese registro de transparencia e ilusión, de apertura a la ciudadanía y cercanía. Bien mezclado, forman un cocktail siempre ganador y rentable.

La España del presente camina hacia una nueva política nacida de un movimiento crítico de cansancio y descontento. Es momento de ilusión, no de ilusionistas, es momento de movimientos que tengan seguidores, y no partidos que formen seguidismos. La nueva política requiere de un nuevo lenguaje que no sea gratuito y solo se especialice en moldear conciencias, sino en otro que acentúe el pensamiento, la acción y la reflexión crítica. Y que provoque la vigilancia permanente y la atención constante a las consecuencias que pueden provocar.

Los votantes dicen...
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