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Una política diferente


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 3 de diciembre de 2012 a las 11:51 | Clasificado en Nacional

Si algo nos enseña la sociología en la historia es que los cambios profundos dependen de la voluntad. Jamás la intransigencia logró cambios que no fueran violentos.

Agentes de la Policía Nacional evitan el acceso al Congreso de manifestantes (fuente: A. Sotillos).
Agentes de la Policía Nacional evitan el acceso al Congreso de manifestantes (fuente: A. Sotillos).

Sí, también se podría decir nueva política -que es lo que se viene reclamando desde hace bastante tiempo- pero no me gustaría ser yo quien diera la connotación positiva a la definición cuando deben ser los ciudadanos los que la valoren de manera individual.

Lo innegable es que desde las calles se pide una forma diferente a la actual de hacer política. Esa otra forma de hacer política que se pide, cuando se analiza en detalle, resulta que es lo que se conoce como política y con lo que convivimos ahora -en demasiados casos- es simplemente mala política y nada más, por no llamarlo directamente por su nombre.

Una política representavia, pegada a la realidad social, transparente y dinámica que se pide a gritos desde aquel 15M en el centro de Madrid, desde el kilómetro cero hasta los puntos más alejados.

Gritar contra los que defienden tus posiciones

Ahora bien, hay posiciones enquistadas en esa “revolución” que la están frenando por un purismo exagerado y la apropiación por parte de pequeños grupos de grandes voluntades, coartando así la posibilidad de expansión de las mismas. Con sólo ver el rechazo irracional que determinados ciudadanos muestran hacia el PSOE -los más puros incluso hacia IU- como conjuntos a los que asocian el “mal”, obviando que la propia configuración de esos partidos, queda demostrado que en demasiadas ocasiones terminan gritando contra los que en realidad defienden sus mismas propuestas.

Por el contrario, eso es de lo poco malo que no pasa en los partidos políticos. Los militantes están entrenados a escuchar al otro para buscar alianzas y difílmente caen en el maniqueismo de buenos y malos, conscientes de que no siempre se podrá contar con las mismas personas para llegar a los objetivos, pero siempre habrá las suficientes personas como para lograrlo.

Esa capacidad, que algunos malos políticos han trastocado para convertirla en la habilidad para pactar con quien sea para obtener los más oscuros intereses es, en su fase más sincera -y habitual-, una esencia imprescindible para el acuerdo, para sumar fuerzas y para conseguir los mayores cambios. Sin esa capacidad, la izquierda jamás habría logrado ni uno sólo de sus logros.

Las mayores críticas… del PSOE

La importancia de señalar el error que supone (a medio y largo palzo) que haya movimientos de “regeneración” tan enconados viene de un ejemplo reciente, del que he sido testigo en primera persona. Cuando varios militantes del PSOE decidimos disculparnos por lo que considerábamos que han sido grandes errores que nos han distanciado de nuestras ideas y de la sociedad y así mostrar un compromiso de honestidad y sinceriadad para el trabajo que se haga a partir de este momento no hubiéramos esperado que las mayores críticas llegaran precisamente de parte de esos movimientos sociales que venían reclamando a los miembros del PSOE el giro que precisamente empezamos a dar con ese vídeo.

Que esas personas con las que hemos compartido tardes en la acampada de Sol, con las que hemos estado codo con codo frente al Congreso denunciando su blindaje tras las filas de vallas y policías montados en caballos, con quienes compartimos espacios de radio, tertulias sobre la estafa que es en realidad esta crisis y con quienes hemos puesto en valor en las calles la importancia de la gestión pública y eficiente, nos digan que estamos tutelados por “dirigentes en la sombra” y que somos una herramienta de “los de siempre” es no sólo un insulto sino un terrible error.

Los militantes del PSOE que estuvieron/estuvimos en Sol ya llevábamos un tiempo tratanto de cambiar las cosas desde dentro. No en vano afiliarse a un partido ya es una buena señal de un interés por mejorar la realidad social. Negar este esfuerzo y llegar a tratarlo vejatoriamente, como muchos hacen estos días es restar fuerzas. Decir de militantes de un partido que hacen lo que han comprendido que deben hacer tras hablar con miles de ciudadanos que son “esbirros del capitalismo que sustentan con sus acciones las estafas bancarias para seguir viviendo del cuento dentro del PSOE” es tan desnortado como perjudicial. Sí, lo he llegado a leer.

Colectivos aislados, colectivos sin futuro

Dejando a un lado este caso concreto -y tan simbólico- en el fondo es necesario poner en valor la necesidad de la suma de las voluntades de cambio frente a los egos que tratan de que sea su sello el que marce una revolución social y política, algo impensable cuando se necesita de la participación de una mayoría de la ciudadanía.

Sólo así, apoyando cada esfuerzo y cada paso se ha logrado en la historia hacer de la desviación la norma y sólo así se logra ahora que los enormes esfuerzos de la PAH tengan eco en el Congreso, que los partidos tengan que abrir sus estructuras o morir, que el 15M siga vivo, que las asambleas de barrio estén siendo capaces de superar a los ayuntamientos o que las mareas de educación, sanidad, dependencia o servicios sociales estén llenado las calles y evitando privatizaciones en forma de regalos a amigos. ¿Imaginamos cada uno de estos colectivos aislado, sin el apoyo del resto? No se llenaría ni una calle.

Si algo nos enseña la sociología en la historia es que los cambios profundos, revolucionarios como el que se necesita ahora, dependen de la voluntad y reconocimiento de cada acción en ese sentido y que jamás la intransigencia logró cambios que no fueran violentos. No esperemos ver la perfección, empecemos a valorar que ya no se vaya en el sentido incorrecto. Que ya es mucho.

Los votantes dicen...
  1. ElPasmo dice:

    Las siglas del PSOE dan vergüenza. Seguís con el mismo cabeza de lista que amparó los desmanes por los que ahora os disculpáis. El PSOE debería morir de vergüenza y aquellos que queréis de verdad una regeneración democrátia deberíais emprender esa misión con un proyecto nuevo. Seguir en el PSOE es perpetuar la estructura de poder ya asentada.

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