Dicen que nada es eterno, aunque la medida del tiempo es relativa y muchas veces no depende del reloj ni del calendario. El líder del PSOE, Alfredo Pérez Rubalcaba, ha anunciado que se va, que deja la política definitivamente, que renunciará a su escaño en el Congreso de los Diputados y que se desvinculará de la política activa. Su marcha se debe a la debacle de un PSOE incapaz de remontar ni en resultados ni en encuestas, un PSOE que comenzó a liderar con perfil bajo y que ha dejado de la misma manera.

Rubalcaba vuelve a la universidad, volverá a impartir clases de química en la Complutense de Madrid; retomará por tanto su vida docente rodeado de alumnos con hambre de aprender y de saber todo, y lo hará siendo consciente de lo que deja atrás: media vida dedicado a la política, algo de lo que está muy orgulloso, ya que como él mismo apuntó “el mayor honor que puede tener un político es ser diputado”.

A Rubalcaba se le echará de menos en el Hemiciclo, al fin y al cabo ha sido su oficina los últimos 21 años. Ha acudido a él como vicepresidente, como ministro, como diputado y como líder de la oposición y portavoz. Y aunque a estas alturas nadie duda de su valía como hombre de política, sí que es significativo el hecho de que ser político parece más una profesión que una labor pública al servicio del ciudadano.

Rubalcaba no es el único político en cuyo palmarés aparecen reflejadas varias legislaturas formando parte de un Gobierno, o como diputado. El también socialista Alfonso Guerra tiene un escaño en el Parlamento desde 1977. Además es habitual que una gran cantidad de ministros repitan cargos en las distintas legislaturas en que sus partidos ostentan el poder, llámense Montoro, Cañete, o Pastor. También son muy sonados los casi vitalicios presidentes autonómicos y regidores que en muchas ocasiones terminan en el Senado, cámara en la que se encuentran generalmente los políticos más longevos. Pero sin duda el caso más llamativo fue el de Manuel Fraga, que enlazó cargos políticos durante casi 50 años, desde la dictadura hasta prácticamente sus últimos días de vida.

Y en esta vieja-nueva vida que va a reanudar, puede ser que Rubalcaba se siente en su mesa el primer día de clase, abra su viejo libro de química orgánica por la primera página y empece a esgrimir fórmulas y números que casi nadie entenderíamos. En lugar de sanidad hablara del fosfato potásico y a la misma hora en que rebatiría la reforma educativa puede que comente las reacciones de cicloadicción de los heterociclos.

Quizá en un primer momento se sienta como perdido, desubicado; a su izquierda no estarán ni Soraya, ni Eduardo ni Elena, quizá mire el reloj calculando el tiempo que dura una sesión de control y se imagine lo que estaría haciendo en ese momento, o puede que sencillamente el profesor Alfredo cruce el umbral de la puerta y continúe la lección donde la dejó 20 años antes, cuando cambió las aulas por un escaño en el Congreso de los Diputados.

Publicado por Cristina Puebla

Periodista, en la actualidad en la web de elEconomista, antes en la Cadena Ser (Hora 25) y en política en Europa Press

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