En cualquier otra circunstancia, revelaciones como que el Gobierno pidió ayuda a la CIA para frenar un contrato de Técnicas Reunidas en Libia o que EEUU forzó a empresas españolas a que desinvirtiesen en Irán, por poner dos de contenido económico, levantarían un revuelo político y mediático que obligaría al Gobierno a aclarar lo sucedido. Como son noticias que proceden de Wikileaks, se ha impuesto la efectiva estrategia del silencio sobre éstas y otras revelaciones que se diría que sólo interesan a El País.

Guarda silencio el Gobierno -con respuestas como la del Ministerio de Industria, que dice que no comenta los cables de Wikileaks-, lo guarda el PP por si salen papeles sobre Aznar, y ningunean las noticias los demás medios de comunicación, ora con la elegancia de un eco casi imperceptible, ora sin mención alguna, fingiendo que lo que daría para abrir a cinco columnas no es relevante, ya se sabía o no son más que cotilleos. Muy en la tradición reciente de la prensa española, en la que vemos a Javier Moreno lamentar que nadie le siga con el Cablegate y a Pedro J. quejarse de lo mismo respecto al caso Faisán o el pelotazo de César Alierta.

Se da la paradoja de que Wikileaks y Asange, cotilleos incluidos, han llenado muchas más páginas y minutos de debates que el contenido de los cables. El ruido perfecto para no entrar en el fondo de la cuestión ni dar explicaciones.

Publicado por Javier Alfonso

Periodista especializado en información económica y bloguero. En la actualidad, delegado de elEconomista en la Comunidad Valenciana.

Únete a la conversación

4 comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.