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¿Y si no eres corrupto?


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Alberto Sotillos

Padre. Sociólogo. CEO Social Media en Mr.President Consulting Group. Asesor de Comunicación en Redes Sociales y Estrategia de Presencia en Red para organizaciones, particulares y empresas. Columnista.


Escrito el 28 de enero de 2013 a las 11:11 | Clasificado en Nacional

La política no puede estar bajo sospecha, debe estar bajo vigilancia. Se parece, pero es radicalmente distinto

El hombre del avión, escultura en el aeropuerto de Castellón (Fuente: Wikipedia)
El hombre del avión, escultura en el aeropuerto de Castellón (Fuente: Wikipedia)

Cuando te encuentras a un concejal de tu pueblo que jamás ha cometido una irregularidad le ves abatido, llevando sobre sus espaldas los insultos que les corresponden a otros y soportando la mirada de desconfianza de aquellos que incluso le votaron no hace tanto.

Existen. Estamos rodeados de gente honrada y muchos de ellos, además, son políticos. Están desesperados, y según pasan los días empiezan a no saber qué hacer.

Para colmo el concejal en cuestión vive atemorizado. No sólo tiene que limitarse a no ser corrupto, sino que tiembla al pensar que tal vez, cuando era autónomo, no rellenó una declaración de IVA en el plazo exacto y tuvo que entregarla un día después, o se le olvidó alguna vez un formulario de los infinitos que se deben presentar cuando constituyó una empresa. De ser así caerían sobre él todas las acusaciones, al nivel de quien tiene en Suiza 22 millones de euros que reparte en sobres en negro.

La extensión del ‘todos iguales’ hace que los corruptos se acaben escudando en los honrados, que quienes tienen los problemas que cualquier ciudadano tiene con la Administración pasen a vivir atemorizados simplemente por dedicarse a la política.

Si España quiere realmente dar un salto cualitativo y eliminar los usos delictivos que campan a sus anchas por las instituciones debe ser más precisa en la denuncia y más concreta en la condena. La política no puede estar bajo sospecha, debe estar bajo vigilancia. Se parece, pero es radicalmente distinto.

Es clave establecer canales claros de control de la labor política, absolutamente estrictos, pero definidos y estables. La arbitrariedad que se sufre ahora, con políticos a expensas de exclusivas periodísticas y de los intereses de unos frente a otros anula la capacidad de hacer política, anula al buen político, porque lo convierte en alguien asustado, incapaz de ejercer ningún liderazgo.

Este caos de responsabilidades, esta avalancha de corrupción, está logrando que el peso de la política desaparezca, siendo así otro golpe de mano de los movimientos financieros, más dados a tecnócratas que a líderes políticos.

El político debe saber dónde y ante quién explicar su labor, debe tener absolutamente claros todos los procesos de transparencia y de control. Sólo así, sabiendo que cumple todos los parámetros, podrá tener la fuerza para presentarse ante los ciudadanos y poder hablar de cambios, de leyes, de reformas… de Política con mayúsculas.

La sospecha constate que ahora mismo hacemos recaer sobre todos los políticos no ayuda a los ciudadanos. Sospechar significa mirar presuponiendo que el mal está hecho y que se trata de hacerlo público. Así no se puede gobernar, ni votar, ni militar en ningún partido. Así ganan los que no hacen política, los que viven felices en un mundo mafioso de sospechas donde el poder no es otro que el dinero o la posibilidad de doblegar a otro por una amenaza mediática.

Debería terminarse con esta inercia de hacer que cada político en España deba desmostar su inocencia y hablarse de los mecanismo necesarios para que se pueda presuponer y contrastar de manera habitual. Se debería devolver a la ciudadanía el poder de juzgar las actuaciones de sus representantes mediante mecanismos igualmente democráticos y no que queden en manos de movimientos mediáticos en las sombras.

Listas abiertas, cuentas públicas, procesos participativos y cuantas reformas políticas hagan falta para que, de nuevo, se pueda ser político para hacer política, quedando en manos de los ciudadanos, esos que les votaron. Parece lógico ¿verdad?

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