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Participación parlamentaria


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Carlos Guadián

Diplomado en gestión y administración pública y licenciado en Ciencias Políticas. Editor desde 2003 de K-Government. Coordino oGov, plataforma dedicada al Open Government. Actualmente parte del equipo de Autoritas Consulting.


Escrito el 20 de febrero de 2013 a las 8:17 | Clasificado en Actualidad

Estos días se han vivido momentos de máxima atención sobre la aceptación a trámite de la ILP (Iniciativa Legislativa Popular) para legislar la dación en pago en el Congreso. La posibilidad de que una iniciativa avalada por casi un millón y medio de ciudadanos pudiera ser parada y no ser admitida a trámite ha movilizado a la opinión pública, medios de comunicación y partidos políticos.

La PAH esperando a puertas del Parlamento
La PAH esperando a puertas del Parlamento

La situación indicaba que la ILP sobre la dación en pago no se discutiría en la Cámara baja. Pero un cambio a última hora del Partido Popular ha posibilitado que se admitiera a trámite. La situación generada en las redes sociales, según muchos, ha sido en parte la causa de ese cambio de voto del PP, aunque desde la formación política han declarado que ha sido a consecuencia de un proceso de reflexión y de coherencia.

La ciudadanía tiene una impresión muy pobre de los procesos de participación de los ciudadanos en la actividad parlamentaria. Impresión agravada por situaciones como la intervención de Draghi en el Congreso de los Diputados a puerta cerrada.

La situación en algunos parlamentos está avanzando para poder proporcionar mejores elementos de participación. Por ejemplo, el Parlamento andaluz aprobó la creación del llamado “escaño 110” para permitir que los impulsores de una ILP puedan defenderla en sede parlamentaria. Es una novedad importante. Sobre todo porque mejora el apartado que tenían como “parlamento abierto”, que no va mucho más allá de poner a disposición de la ciudadanía un formulario de contacto. Sección que es bastante habitual y que podemos encontrar en otros parlamentos como en el de Aragón.

Una iniciativa interesante es la que recientemente ha puesto en marcha el Parlamento de Cantabria. Su parlamento abierto permite a la ciudadanía poder debatir en torno a una propuesta parlamentaria y que los diferentes grupos puedan incorporar estos debates a sus propias propuestas y al debate parlamentario. Aunque todo hay que decirlo, se permite el debate sobre las propuestas realizadas desde el parlamento, pero no sobre propuestas desde la ciudadanía.

Otra ejemplo es el que nació en Euskadi con el anterior gobierno socialista. Irekia es un proyecto orientado a la apertura y transparencia del gobierno. Uno de sus pilares es la participación ciudadana en la que las propuestas de los ciudadanos y del propio gobierno se somenten a la opinión y debate de la ciudadanía. Como todo proyecto, no se libra de tener críticas. Pero pese a opiniones que lo han considerado un proyecto de autopromoción para el anterior gobierno, es una iniciativa que ya ha empezado a tener réplicas en otros gobiernos para facilitar los procesos de apertura, transparencia y participación.

Preguntas de interés

En esta línea son varios los parlamentos que tienen sus secciones de participación. Pero son aperturas tímidas y sin admitir una participación directa y real de la ciudadanía. Por ejemplo, la acción realizada conjuntamente por el Parlamento Europeo y el de La Rioja al estilo “tengo una pregunta para usted” pretendía acercar ambas instituciones a los más jóvenes. Permitía la presencia directa de los jóvenes en el parlamento para realizar preguntas que fueran de su interés.

El papel de intermediación que realizan los parlamentos puede verse afectado por nuevas dinámicas democráticas. Y es que tanto si se abren como si no, son los propios ciudadanos los que están abriendolos con su fiscalización constante, tal y como nos cuenta Antoni Gutiérrez Rubí.

En la apertura de los parlamentos no sólo se trata de poner luz y taquígrafos a lo que allí sucede. También debe ser una apertura en la que la participación ciudadana sea efectiva, sencilla y directa. Quizá las normas que regulan este tipo de “participación”, como las ILP, deban ser reformadas para que no exista la posibilidad de que una propuesta impulsada por casi un 1.500.000 de ciudadanos sea rechazada para su discusión. Y es que quizá ha llegado el momento de que la agenda parlamentaria no la marquen los partidos políticos y que la empiecen a definir los ciudadanos con sus propuestas.

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