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Más realidad y menos utopía


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Cristina Puebla

Periodista, en la actualidad en la web de elEconomista, antes en la Cadena Ser (Hora 25) y en política en Europa Press


Escrito el 12 de abril de 2014 a las 19:25 | Clasificado en Andalucía

La ruptura temporal del pacto de Gobierno en Andalucía evidencia una situación de desentendimiento político a tres bandas y con decenas de familias en situación extrema.

Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía (Fuente: Junta de Andalucía)
Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía (Fuente: Junta de Andalucía)

El gobierno de Andalucía está en crisis. Su presidenta, Susana Díaz, ha retirado a IU las competencias en materia de Vivienda, que hasta ahora estaban adscritas a la Consejería de Fomento, dirigida por Elena Cortés. Lo ha hecho mediante un decreto y con nocturnidad, algo que ha sorprendido a sus socios en el gobierno, a pesar de que la tensión era máxima después de que Cortés ordenara el realojo de varias familias ante la negativa de la consejería de presidencia.

IU también ha mostrado su enfado y ha anunciado la suspensión momentánea del pacto de gobierno con el PSOE, tras exigir a la presidenta que rectifique y derogue el decreto. Díaz, que ya dio un golpe de autoridad, sigue anclada en su posición y ha reiterado que hay que respetar la legalidad, los tiempos y listas de espera, ya que a su juicio, “quien ocupa ilegalmente una vivienda no puede tener más derechos que quien cumple pacientemente con la ley”.

Las reuniones y misivas que han recorrido los despachos andaluces estos días no han servido de mucho. Y la falta de diálogo y consenso tampoco han ayudado solucionar un problema que parece que se está quedando en segundo plano, porque ahora hay dos: el desalojo, causa principal de estos movimientos, y la crisis de Ejecutivo.

Esta situación, que está llegando a su punto más tenso, lleva muchos días sobre la mesa de muchas personas. Por una parte está el Ayuntamiento de Sevilla, del PP, por otro la Junta de Andalucía, del PSOE, la consejería de Fomento, de IU, y por último Ibercaja, entidad a la que pertenece el edificio.

Y al otro lado, las familias 36 familias que llevaban años ocupando los inmuebles, viviendo en condiciones infrahumanas, sin luz ni agua y sufriendo el miedo continuo a ser desalojadas y a quedarse sin un techo.

La actuación de todas las familias, junto con los movimientos sociales y el apoyo de cientos de anónimos han hecho que la Corrala Utopía tenga mucho de real y poco de utópico, y vuelve a poner sobre la mesa un escenario en el que la solidaridad y el poder de la unión entre iguales son necesarios para cambiar las cosas. La dignidad entonces no se ve en grandes mansiones, ni en despachos, sino en el respeto, en la voluntad negociadora, en la persistencia, y sobre todo en la esperanza aquellas perdonas que no se rinden, aunque sientan que lo han perdido todo.

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