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Susana y el Rey


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Isabel Jarillo

Periodista. He centrado mi carrera en la prensa escrita, con una década de experiencia y casi ocho años dedicados a Diario Qué! (Vocento) en Málaga como redactora y jefa de Información. También he pasado por Sur.es, Diario Málaga, El Correo de Málaga y Diario de Cádiz.


Escrito el 4 de marzo de 2014 a las 8:21 | Clasificado en Andalucía

La presidenta de la Junta de Andalucía se reúne por segunda vez con el monarca, apenas cinco meses después de hacerlo como visita protocolaria tras su toma de posesión, una actitud que dista bastante de la de su predecesor, José Antonio Griñán.

El Rey con Susana Díaz, en la audiencia que celebraron en septiembre de 2013. (Casa Real)
El Rey con Susana Díaz, en la audiencia que celebraron en septiembre de 2013. (Casa Real)

Susana Díaz preside la Junta de Andalucía sin restar un ápice de atención a lo que ocurre en Madrid. Y es que, además de los movimientos de su partido, Díaz ha demostrado que es capaz de ponerse al día en los asuntos de la comunidad andaluza a la vez que logra un vertiginoso protagonismo a nivel nacional en pocos meses.

Desde luego, su popularidad va en constante aumento, a tenor de los datos que el propio PSOE se ha encargado de filtrar pues, al fin y al cabo, se trata de una buena noticia. Así, mientras que hace menos de un año era conocida por su trabajo como consejera de la Presidencia e Igualdad por poco más de la mitad de los andaluces, actualmente esta cifra se eleva hasta el 80%, algo que a su predecesor, José Antonio Griñán, le ha costado cuatro años al frente de la Junta y algún que otro disgusto.

La sevillana, de 39 años, basa parte de su mérito en la juventud y en el uso de un lenguaje más claro y directo que el de muchos de sus compañeros de partido, llegando a criticar a Zapatero por el estatuto catalán o mostrándose tajante en su negativa a la consulta soberanista. Así las cosas, no es de extrañar que ya se hable de ‘Susanato’ y que muchos vean en ella la dosis de vitalidad y optimismo, e incluso el balón de oxígeno que necesitaba el PSOE tanto dentro como fuera de la región.

Para lograrlo, lo primero que hizo Díaz fue desprenderse de los consejeros afines a Griñán con el fin de empezar a escribir con sus actos una nueva página en la historia del Gobierno andaluz, manchado por casos de enchufismo y corrupción o, en el mejor de los casos, por el pensamiento de que Andalucía ya necesita un cambio político, tras más de 35 años de socialismo.

Frente a todas estas adversidades, la primera mujer que adopta este cargo ha dado lecciones de dotes de mando e incluso de protocolo en los 180 días que lleva en la presidencia de la Junta. Ejemplo de ello son las dos reuniones que ha mantenido con el Rey: la primera tras su toma de posesión y la segunda, a instancias de ella, con el fin de presentar al Monarca sus planteamientos para impulsar la economía de la comunidad. Aunque poco más ha trascendido acerca de este nuevo encuentro, lo cierto es que la mera actitud ya dista mucho de la que mostró en varias ocasiones Griñán, quien llegó a plantar a Don Juan Carlos en la final de la copa Davis en Sevilla en 2011 y más recientemente declaró que no ponía “la mano en el fuego por el Rey ni por nadie”.

Pero Susana maneja mejor la diplomacia. Ella se conoce en el punto de mira y sabe cómo debe actuar al respecto. No en vano, hace apenas una semana y como acto previo al día de la Autonomía, el 28 de febrero, congregó a más de 8.000 personas en un mitin en Sevilla en el que también se dieron cita todos los ex presidentes de la administración andaluza: Escuredo, Borbolla, Cháves y Griñán. Sin duda, una forma muy gráfica de exponer cómo ha evolucionado la administración andaluza y de mirar de frente a un futuro muy prometedor sin dar la espalda al pasado.

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