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Grietas en el feudo de Zapatero


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Pablo Vega

Periodista por la Universidad de Navarra. Master en Comunicación Politica y Corporativa por la misma universidad. He realizado practicas en medios como Diario de Noticias y Expansión. También formé parte del departamento de comunicación de la Fundación La Caixa. Centrado y apasionado en temas politicos, económicos y culturales


Escrito el 2 de septiembre de 2013 a las 11:20 | Clasificado en Castilla y León

El PSOE de Castilla y León es un claro reflejo de lo que le pasa al partido a nivel nacional: no capitaliza el desgaste del PP, es visto como una formación sin ideas novedosas y, además, está enfrascado en una batalla interna de incierto ganador.

A la derecha Óscar López y Julio Villarrubia (Fuente: Flickr PSOE)
A la derecha Óscar López y Julio Villarrubia (Fuente: Flickr PSOE)

Comienza el nuevo curso político en Castilla y León con una serie de incógnitas sobre el tablero de poder que, inevitablemente, se resolverán en los próximos meses. Inevitablemente porque el calendario apremia y ningún partido quiere dar síntomas palpables de desunión o de falta de liderazgo.

Ahora mismo, el socialismo castellanoleonés -apartado del poder regional desde 1987, tras la derrota a manos de Aznar- sigue siendo un mar de dudas. Su propio electorado tiene esta percepción, y no es tan solo por el obvio desgaste que conlleva permanecer en la oposición tanto tiempo, lo que resulta  frustrante para sus simpatizantes, sino porque no se conoce con claridad cuál es la línea a seguir dentro de la formación.

La extraña bicefalia que representan el secretario general de la organización, Julio Villarrubia, y el portavoz en las Cortes regionales, Óscar López, ha dado muestras de una falta de coordinación muy palpable.

Especialmente en el ya conocido caso de la infausta moción de censura en Ponferrada. La moción dejó sin alcaldía al PP, pero contó con el apoyo del exregidor Ismael Álvarez, condenado por acoso. Villarrubia, responsable último a nivel regional, ya habló en su día del “cúmulo de errores” que representó aquello, no sólo por la asociación con una persona acusada de maltrato -que acabó renunciado a su acta como concejal en base a lo pacto con el PSOE local-, sino también por la falta de autoridad que se demostró desde Ferraz, por no saber frenar el caso a tiempo.

La rectificación fue tardía y el daño ya estaba hecho. Además, el nuevo alcalde Samuel Folgueral consideró que era mejor abandonar el partido que renunciar a su cargo, arrastrando consigo a los otros siete ediles socialistas.

López, uno de los conocedores al detalle del pacto, fue el más perjudicado, ante su partido y ante la opinión pública, por estos hechos. Llegó a presentar su dimisión como secretario de Organización del PSOE frente a la Ejecutiva federal, pero ésta fue rechazada. Las explicaciones que dio López y su asunción de responsabilidades enfriaron el caso, pero supusieron un punto y aparte dentro de la gestión del socialismo castellanoleonés.

Hasta el momento había sido uno de los principales apoyos de Rubalcaba y había sido postulado desde Ferraz como alternativa al monopolio popular en Castilla y León. En 2011, el recién llegado solo era conocido por un 45% de su electorado potencial, mientras que el presidente Juan Vicente Herrera lo era casi unánimemente. Su derrota electoral fue especialmente dura, también lastrado por el varapalo que los socialistas se llevaron en toda España.

El veterano socialista palentino Julio Villarrubia tampoco ha tenido un año fácil, ni mucho menos, desde que asumió el poder orgánico de manos del propio López y con la bendición de la dirección federal. Su autoridad se ha visto limitada por su lucha de poder con el portavoz en las Cortes, pero también por las desavenencias internas que han existido en provincias como Soria, Zamora o León.

Actualmente, Villarrubia insiste en que no se ha planteado todavía si quiere ser el candidato socialista para 2015, restando importancia a quién lidera la formación e incidiendo en que lo fundamental debe hallarse en el proyecto político. En este caso, han sido muchos los pactos y acuerdos que se han alcanzado entre PP y PSOE a nivel regional en los últimos años, lo que ha limitado las críticas de la oposición a asuntos de índole nacional en los que Villarrubia y López sí que han acabado haciendo piña.

Juan Vicente Herrera, mientras tanto, deshoja la margarita sucesoria en el PP sin prisas, sabiendo que sus posibles rivales son un polvorín para ellos mismos y que la mejor alternativa sigue sin aparecer.

El propio Óscar López manifestó sus dudas acerca de si el intento de dejar paso por parte de Herrera no fuera a su vez una maniobra para perpetuarse en el sillón presidencial pero, teniendo en cuenta que su posición acerca de lo que hará en 2015 tampoco está clara, quizá podríamos llegar a la conclusión de que la ambigüedad es la protagonista de la política regional en los últimos meses. La partida sigue en juego.

Los votantes dicen...
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  2. […] El detonante, como en los casos de País Vasco y Navarra, han sido unos resultados electorales que dejan a los socialistas castellanos aún muy lejos del PP en la comunidad. El desgaste en la oposición ha reabierto una guerra que ya daba signos de tener lugar en cualquier momento. […]

  3. […] Para ello, su grupo parlamentario (de 29 procuradores en las Cortes) debe participar activamente en esta estrategia. Con propuestas, ideas y alternativas, algo que se ha echado en falta en un partido que ha centrado sus energías en las numerosas batallas internas que ha padecido. […]

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