Adolfo Suárez descansa desde hace semanas junto a su esposa en la catedral de Ávila, como abulense ejemplar que fue en vida. Este ha sido el final del trayecto de una personalidad cuyas raíces castellanas, aún hoy, se hacen sentir entre sus conciudadanos.

De hecho, sus aspiraciones políticas empezaron cuando Fernando Herrero Tejedor, a la sazón gobernador civil de Ávila en 1955, le escogió como secretario personal. Desde entonces hasta el fallecimiento de Herrero, en 1975, éste siempre tuvo a Suárez como su principal hombre de confianza. Especialmente destacado fue su ascenso en paralelo dentro de los órganos políticos del Movimiento, llegando Suárez a ser jefe del gabinete técnico del vicesecretario general (con su mentor al frente).

Después de breves experiencias como procurador en las Cortes Franquistas por su provincia natal y como gobernador civil de Segovia, la trayectoria ascendente de Suárez empezó a desarrollarse en Madrid. No obstante, eran habituales sus escapadas al pueblo de Cebreros durante aquella época.

Ya siendo presidente, convocó las primeras elecciones democráticas en 1977. Él obtuvo su escaño por la capital, pero en la provincia de Ávila UCD obtuvo el 68% de los votos y, en toda Castilla y León, el 51%. La coalición que lideraba logró, nada menos que 25 de los 35 diputados que había en juego. Un éxito que no hubiera sido posible sin el indudable tirón que Suárez poseía entre los votantes de la aún preautonomía.

La situación volvió a repetirse en la siguiente convocatoria nacional, en 1979, pero ese triunfo fue su principio del fin como presidente. Se rehizo como figura nacional poco a poco, gracias a su nuevo partido (el CDS), pero puede afirmarse que los electores abulenses jamás le dieron la espalda: incluso en la primera cita electoral a la concurrió, en medio del tsunami socialista, su plataforma centrista ya consiguió un representante en el Congreso.

Es más, el CDS creció en importancia y llegó a ser un actor político fundamental dentro de la política castellana, puesto que ejercía de ‘bisagra’ entre lo que era entonces AP y el PSOE. En los ochenta era la tercera fuerza de la comunidad, lo que le permitió estar presente en muchos ayuntamientos y crear provechosas alianzas.

En los primeros comicios autonómicos, de 1983, el PSOE había logrado la hegemonía. No obstante, a raíz de unas acusaciones de corrupción, se vieron obligados a sustituir al presidente de la Junta, Demetrio Madrid. Posteriormente, las acusaciones no pudieron demostrarse y el expresidente fue absuelto.

En consecuencia, en la siguiente convocatoria electoral, de 1987, la diferencia entre el partido gobernante y la oposición conservadora fue mínima. La lista que encabezaba un jovencísimo José María Aznar ganó esas elecciones por apenas 5.000 votos, empatando en número de procuradores en las Cortes regionales con los socialistas. La gobernanza de la comunidad dependía, por completo, de la postura que adoptara el CDS. Y la formación de Suárez decidió apoyar, con sus 18 escaños autonómicos, al candidato de AP.

Este momento fue, sin duda, un punto de inflexión tanto para Suárez como para Aznar. El segundo se convirtió en líder nacional de la oposición a Felipe González, con una imagen de juventud y renovación similar (en ciertos aspectos) a la ofrecida por el expresidente socialista. Este, por el contrario, vio como en las siguientes citas electorales su estrella política volvía a apagarse, víctima de la pujanza del PP como alternativa a los socialistas.

Suárez ya era historia, pero seguramente él mismo se dio cuenta de lo mucho que habría podido cambiar su situación si no hubiera decidido apoyar a Aznar en 1987. No sólo se influye en la política desde el Gobierno, sino también siendo una minoría decisiva que es capaz de decidir entre los dos grandes. Desde entonces, y aún hasta hoy, los populares ha gobernado cómodamente en la Junta.

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Publicado por Pablo Vega

Periodista por la Universidad de Navarra. Master en Comunicación Politica y Corporativa por la misma universidad. He realizado practicas en medios como Diario de Noticias y Expansión. También formé parte del departamento de comunicación de la Fundación La Caixa. Centrado y apasionado en temas politicos, económicos y culturales

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