Ya hace algunos años que la comunicación emocional acapara la atención de los asesores de comunicación de partidos políticos en España. Ante los evidentes problemas de desafección política, parece ser que esta formula popularizada con el ¿te gusta conducir? de BMW se toma como la panacea de todos los males. Es cierto que las emociones son la vía más directa para acercar un político a su electorado, pero más allá de esta evidencia, no siempre sabemos qué emociones son las que se deben comunicar.

Una guía para focalizar acertadamente dónde destinar la comunicación debe apuntar primero a cuáles son las emociones más comunes e intensas vividas por el ser humano. Lo que puede parecer a simple vista una hazaña es en realidad un enigma intuitivo, pues los sentimientos elementales del hombre siempre se basan en tres: alegría/satisfacción, rabia y tristeza/lástima. Aquella campaña que sepa hacer aflorar todos estos tres estados de ánimo en su favor, tendrá la garantía de conectar con su elector, de hacerle partícipe de su proyecto y motivarle para su movilización.

Hoy mismo hay por lo menos dos caras visibles del PSOE y PSC que, por estar abiertamente cuestionados por la opinión pública, necesitan más que nunca encontrar esta conexión. Zapatero a nivel estatal y Hereu en Barcelona son hoy víctimas de una desvinculación emocional con la población a quien representan y sólo pueden encontrar su redención en una campaña emocional centrada en estos tres focos. Así, desde la perspectiva del partido sería, la satisfacción generada por la obra de gobierno, la rabia contra una oposición involucionista y la lástima hacia el líder que ha renunciado a su popularidad por el bien común. Empieza la cuenta atrás electoral: preparémonos para un ataque frontal a nuestros sentidos que buscará encender la llama de nuestros sentimientos más primarios.

Publicado por Guillem López

Consultor y analista de comunicación política. Coordina servicios de consultoría y formación en Cink y colabora en postgrados en las universidades UdG e IL3.

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